
Los castillos y fortalezas distribuidas por toda la península son un ejemplo vivo de la historia de España. Estas construcciones permiten disfrutar de uno de los mayores legados que se pueden encontrar en nuestro país, que gracias a su buen estado de conservación se han convertido en todo un reclamo turístico. Tal es su importancia, que incluso han traspasado fronteras, pues durante la Edad Media, la Corona de Aragón contaba con territorios tanto en Francia como en numerosas islas de Italia.
Tanto es así, que una de estas ínsulas italianas alberga un castillo que lleva a Aragón a lo más alto, de hecho, es una de las fortalezas más impresionantes del mundo. Se trata del castello Aragonese, una imponente fortaleza situada en la bella isla de Isquia que domina todo el paisaje y se erige como un símbolo de su agitada historia, marcada por invasiones, conquistas y un destacado legado cultural. Ubicado sobre un islote volcánico conectado a Isquia por un puente de piedra, el castillo ha sido testigo de siglos de transformaciones que reflejan la evolución política y social de la región.
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Un origen remoto
El origen del castello Aragonese se remonta a tiempos remotos, aunque la estructura que se puede apreciar hoy en día corresponde al siglo XV, durante el mandato de Alfonso V de Aragón. Así, su historia refleja siglos de guerras, conquistas y transformaciones que han dejado una huella profunda en la isla y su entorno. Actualmente, es una de las principales atracciones turísticas de Isquia, pero no siempre fue tal como lo conocemos. Para entender su evolución, es necesario retroceder hasta el año 1442, cuando Alfonso V de Aragón, conocido como “el Magnánimo”, conquistó Nápoles, integrando el Reino de Nápoles en la Corona de Aragón.

Este hecho marcó un punto de inflexión en la historia del castillo. Alfonso, reconociendo la importancia estratégica del islote donde se ubicaba, decidió transformarlo en una fortaleza inexpugnable. Ordenó la excavación de un túnel de 400 metros de longitud, facilitando el acceso de los peatones a su interior, una obra innovadora para la época, ya que hasta entonces solo se podía llegar a la fortaleza mediante una empinada escalera. El túnel fue esencial para mejorar la defensa y comunicación del castillo.
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Sin embargo, los orígenes del castello Aragonese se remontan a mucho antes de la llegada de los aragoneses. En el siglo V a. C., durante el mandato de Hierón I de Siracusa, la fortaleza fue inicialmente levantado como una fortificación militar. En esa época, Isquia, que estaba en el centro de la guerra entre los cumanos y los tirrenos, necesitaba un bastión defensivo. El castillo, conocido entonces como Castrum Gironi, fue construido sobre un islote de origen volcánico, formado hace más de 300.000 años por una erupción.
Esta posición estratégica, a solo unos metros de la costa de Isquia, permitió a sus ocupantes controlar los accesos marítimos y defender la isla de invasores. Pero, la historia del castillo es una sucesión de ocupaciones y transformaciones. Después de los griegos, los romanos también dejaron su huella en la isla y en el castillo. En el 231 a. C., fundaron la ciudad de Aenaria a los pies de la construcción, una ciudad que se convirtió en un centro comercial y defensivo clave para la región.
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Una ciudad en su interior

A lo largo de su dilatada historia, el castillo ha servido no solo como fortificación militar, sino también como refugio de la población local durante invasiones. En diferentes épocas, fue ocupado por los habitantes de la isla, especialmente en momentos de conflicto. En el interior del castillo, se construyeron iglesias, monasterios y residencias, lo que convirtió a la fortaleza en un microcosmos autosuficiente. Durante la Edad Media, un convento de monjas clarisas ocupaba parte del castillo, y las jóvenes aristócratas que eran enviadas allí permanecían alejadas de la vida exterior, lo que ha dado lugar a numerosas leyendas sobre el lugar.
A pesar de su importancia estratégica, con el paso del tiempo y la evolución de las técnicas militares, el castillo perdió parte de su relevancia como bastión defensivo. Sin embargo, su valor histórico y arquitectónico ha perdurado. De hecho, en el año 1910 la familia Mattera compró la fortificación por 40.000 libras, y a día de hoy la tercera generación es la se encarga de su mantenimiento y restauración.
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Durante la visita, el viajero pude disfrutar de un imponente bastión medieval que cuenta con una marcada arquitectura militar. Además, en el recorrido, de casi dos kilómetros de longitud, se puede apreciar la importancia que tuvo durante la Edad Media gracias a sus amplios muros y numerosos puntos de interés. De todos ellos destacan:
- La iglesia de la Inmaculada Concepción, del siglo XVIII
- El convento de Santa María della Consolazione, del siglo XVI
- El cementerio de monjas
- La prisión borbónica
- Iglesia de San Pietro en Pantaniello
Igualmente, desde muchos otros puntos como la terraza de Olivos o el Belvederde del convento se pueden apreciar unas impresionantes vistas de la ciudad y el mar que rodea a todo el islote.
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Horario y precios

El castello Aragonese permanece abierto al público todos los días, desde las 9:00 de la mañana hasta el atardecer, según se informa en su página web oficial. En cuanto al precio, la misma web presenta las siguientes tarifas:
- Entrada general: 12 €.
- Niños de 0 a 9 años: entrada gratuita.
- Niños y jóvenes de 10 a 18 años: 6 €.
- Estudiantes de 19 a 26 años: 10 €.
- Grupos de más de 20 personas: 10 € por persona.
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