
En la comarca de la Selva, entre paradisiacas playas y una costa protagonizada por los imponentes acantilados, emerge uno de los pueblos más singulares de la costa de Girona. Esta localidad, con una arraigada tradición marinera, se ha convertido en uno de los destinos más visitados de la provincia, sobre todo durante el verano, cuando sus calas se tiñen de un color azul intenso, dando lugar a una estampa de postal. Estamos hablando de Lloret de Mar, un pueblo que alberga una oferta turística única que va desde su rico patrimonio histórico y cultural, hasta su riqueza natural, alzándose como uno de los mayores tesoros de la costa Brava.
Históricamente, Lloret de Mar ha sido un pequeño pueblo de pescadores. Sin embargo, a partir de la década de 1950, la localidad comenzó a transformarse radicalmente con la llegada del turismo de masas. La combinación de sus playas de arena dorada, aguas cristalinas y un clima mediterráneo favorable convirtieron a Lloret de Mar en un imán para turistas de toda Europa, especialmente británicos, alemanes y franceses. Este crecimiento acelerado del turismo trajo consigo una expansión urbana considerable, con la construcción de numerosos hoteles, apartamentos e infraestructuras para atender a los visitantes.
Una costa llena de secretos

Sin lugar a dudas, el principal atractivo del pueblo es su litoral, donde numerosas playas y calas se suceden dando lugar a rincones de ensueño. Entre las más destacadas se encuentran la playa de Lloret, la playa de Fenals, la playa de Santa Cristina o la cala morisca. A esto se le suma un perfil acantilado donde las paredes verticales ascienden hasta los 100 metros de altura. Estas formaciones se hunden en el Mediterráneo dando lugar a un impresionante fondo marino ideal para el buceo o el esnórquel.
Igualmente, un paseo por su casco histórico descubre una villa donde destaca la arquitectura típica marinera. Uno de sus puntos más destacados es el paseo del Mar, donde se pueden contemplar edificios decimonónicos y modernistas, así como la iglesia de Sant Romà. Este templo data del año 1522 y destaca por su arquitectura, la cual mezcla elementos góticos y románicos. Igualmente, la ermita de Santa Cristina destaca por su ubicación junto a la playa y por proyectar la transición entre el barroco y el neoclásico, y tampoco hay que olvidarse del monumento a la Mujer Marinera de Ernest Maragall.
Por otro lado, junto a la oferta cultural y paisajística, Lloret de Mar destaca también por el turismo deportivo, aprovechando sus instalaciones y la oferta de actividades al aire libre, como el senderismo, el ciclismo y los deportes acuáticos. Asimismo, se está promoviendo el turismo de salud y bienestar, con la construcción de nuevos complejos hoteleros que ofrecen tratamientos de spa y programas de bienestar. Por no hablar del ocio nocturno, donde numerosos establecimientos brindan una amplia gama de oportunidades.
Unos jardines únicos en España

Sin embargo, uno de sus espacios más singulares son los jardines de Santa Clotilde, una de las joyas paisajísticas más impresionantes de España. Fueron diseñados a principios del siglo XX, reflejando la exquisitez y el romanticismo del Renacimiento italiano. El nombre de los jardines honra a Clotilde Rocamora, esposa del Marqués de Roviralta, quien encargó al arquitecto y paisajista Nicolau Maria Rubió i Tudurí l, simbolizando el amor y la devoción que inspiraron su creación.
A lo largo de los años, el diseño original se ha mantenido prácticamente intacto, preservando su integridad y encanto histórico. De este modo, a día de hoy se puede disfrutar de un lugar idílico incrustado sobre un acantilado que se extiende por más de 26.000 hectáreas, ofreciendo una de las mejores vistas del mediterráneo.
El diseño se caracteriza por su simetría y armonía, integrando elementos arquitectónicos como terrazas, escaleras y fuentes con una vegetación cuidadosamente seleccionada. Uno de los rasgos más distintivos es la utilización de cipreses y laureles para crear caminos y laberintos verdes que invitan a la contemplación y al paseo. Las estatuas de mármol, muchas de ellas representando figuras mitológicas, añaden un toque de elegancia clásica y contribuyen a la atmósfera de serenidad.
Cómo llegar
Desde Barcelona, el viaje es de alrededor de 1 hora y 10 minutos por la carretera C-32. Por su parte, desde Girona el trayecto tiene una duración estimada de 40 minutos por las vías A-2 y C-63.
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