
La Costa da Morte ocupa el segmento noroeste del litoral gallego, expandiéndose a lo largo de docenas de kilómetros, dentro de los límites de la provincia de A Coruña. Esta costa deja a su paso playas desiertas, ensenadas y acantilados. Los cabos como el de Fisterra, Touriñán y Vilán penetran en océano bravo y de aguas agitadas. Son innumerables los espectaculares paisajes que ofrece este enclave, pero tal vez, uno de los lugares más especiales sea uno que supo resurgir de sus cenizas, en este caso, del chapapote.
La Playa de Carnota es uno de esos arenales que conserva una naturaleza salvaje con una -casi- inalterable belleza. Un aspecto que en 2002, en plena crisis del Prestige, se atisbaba muy lejano. El petrolero, cargado con 77.000 toneladas de fuelóleo, tuvo un accidente frente a la Costa da Morte. El vertido causó una de las catástrofes medioambientales más devastadoras de España. El chapapote cubrió las dunas características de esta playa, que tuvo que decir adiós a su hábitat natural.
Gracias a la marea de voluntarios que trabajó duro para limpiar todo el fuel, Carnota puede presumir ahora de tener un estado de conservación ejemplar. La playa más extensa de Galicia (y una de las más especiales) enamora con su arena blanca fina y esas aguas cristalinas turquesas de las que es imposible apartar la mirada.
Un conjunto único de dunas y marismas

Con forma de media luna, esta playa, de aproximadamente siete kilómetros de largo, es un conjunto único de dunas y marismas. En Carnota el visitante puede vivir una experiencia única como la de sentirse en un arenal infinito. Encima de él, imponente, se alza la cima del Monte Pindo, el Olimpo sagrado de los celtas que crece hasta alcanzar los 627 metros de altitud. A sus pies, hay otro espectáculo único, el de la cascada del río Xallas, que se precipita al mar desde 40 metros de altura.
Una playa de gran valor ecológico
Esta playa es increíble no sólo por su belleza singular, sino también por ser el hogar de muchas especies en movimientos migratorias y otras que hacen de esta su casa a lo largo de todo el año. En el corazón de Carnota ocurre algo inédito, el río Vadebois elige este lugar como su desembocadura ofreciendo un maravilloso espectáculo conocido como A Boca do Río. A sus interminables dunas, moldeadas por los vientos del noroeste habituales, le sigue un amplio pinar.
Esta playa tiene alma salvaje, sus aguas son bravas, con lo que hay que tener especial cuidado a la hora de bañarse. Aunque, con la marea baja el mar se calma y el chapuzón es más seguro. Además, se forman piscinas naturales idóneas para los más pequeños de la casa.
Cómo llegar a la playa de Carnota
Para llegar a esta playa hay que coger la AC-550, una larga vía que conecta a Santa Comba de Carnota con otras localidades. Una vez se pasa el pueblo y tras recorrer unos cuantos minutos, se verá la ruta de Igrexa donde habrá que desviarse hacia la derecha y tomar el camino hacia el arenal.
Últimas Noticias
Tom Grond, el nómada holandés que lleva 14 años sin casa: así es su vida de viajero permanente
El influencer de viajes dejó atrás su vida convencional para convertirse en nómada digital y financiar sus desplazamientos a través de su blog

Santo Stefano di Sessanio: el pueblo italiano que convirtió sus antiguas casas en habitaciones de hotel para conservar su identidad
La historia de un pueblo al borde de la despoblación que se transformó en un hotel urbano

El pueblo de Gran Canaria perfecto para escapar del sol y la playa: montañas, volcanes y almendros
El entorno conserva asentamientos trogloditas, graneros fortificados y necrópolis antiguas

La ciudad europea ideal para una escapada en otoño: jardines dorados, festivales culturales y un casco histórico de cuento
Con la llegada de octubre, esta región austriaca despliega su encanto, entre paisajes alpinos, arquitectura barroca y una agenda repleta de conciertos, exposiciones y propuestas para descubrir la ciudad de Mozart

El faro romano que lleva iluminando casi 20 siglos las costas de Galicia: es Patrimonio Mundial de la Unesco, mide 55 metros y todavía sigue en funcionamiento
La construcción, levantada hace casi 2.000 años, conserva parte de su estructura romana y se puede visitar en A Coruña



