
Si por algo destaca la Costa Brava es por la infinidad de calas íntimas y ocultas entre acantilados y rodeadas de vegetación que se extienden a lo largo de sus 214 kilómetros de litoral. Una zona que se prolonga desde el municipio de Blanes, en la provincia de Girona, hasta la localidad de Portbou, en la frontera con Francia. Estas pequeñas playas son accesibles tanto por mar como a través de caminos de ronda que siguen la línea de la costa.
Esta zona puede presumir de tener unas de las vistas marítimas más increíbles de toda la zona mediterránea. Es esta espectacularidad paisajística lo que la convierte en uno de los mejores destinos para los amantes de las playas con encanto. Por ello, no es de extrañar que cada año tantas personas la elijan como el lugar idóneo para sus vacaciones de verano. Acorde a datos turísticos de la prensa de Costa Brava, en 2022 este enclave recibió a 7.357.483 visitantes, lo que supuso un aumento del 8,8% respecto a 2019.
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El fuerte y característico viento de Tramontana moldea el paisaje de la costa gerundense, esculpe la roca, los arbustos crecen entre los tajos verticales de estas piedras y los pinos se contornean para lograr enclavar sus raíces en estas paredes verticales. Echando la vista abajo, el paisaje que se nos frece siempre es el mismo, un mar cristalino que muere en calas de todos los colores y formas posibles: de grava, de arena fina o cercanas a pueblos pesqueros.
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Una de las calas más paradisíacas de la Costa Brava

A seis kilómetros al norte de Tossa de Mar, junto a la cala Giverola, se encuentra la que probablemente sea una de las calas más paradisíacas de la zona, conocida por su gran encanto y por ser un punto perfecto de fondeo para muchos yates y embarcaciones de recreo. Hablamos de Cala Futadera.
Esta pequeña playa se halla bajo la atenta mirada de un imponente acantilado envuelto de naturaleza. Este arenal, completamente virgen, une Tossa de Mar con Sant Fellu de Guíxols. Tiene una longitud de 90 metros por unos 10 de ancho y está formado por arena gruesa y guijarros. Que uno de sus apodos sea “la cala de los 300 escalones” nos da una pista sobre su acceso que, tal y como se puede intuir, no es sencillo. Para llegar a él se debe descender a través de una escalera. Una vez abajo también presenta un cierto desnivel en la entrada al agua.
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La vista desde lo alto de la cala es impresionante. El contraste entre el azul turquesa del agua con el verde de los pinos que acarician el mar y el color rosáceo pálido de las rocas forman una armonía perfecta y un paisaje digno de postal.
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Cómo llegar a Cala Futadera
Desde el centro de Tossa de Mar son aproximadamente seis kilómetros circulando por la carretera GI-682 en dirección a Sant Feliu Guíxols. Una vez pasado el desvío a Cala Giverola, se puede dejar el coche para encontrar el acceso a la pequeña playa.
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