
Todo lo que se tira vuelve. En A Coruña, concretamente en el municipio de Laxe, durante décadas sus habitantes convirtieron un pequeño rincón de la costa en un auténtico vertedero. Así, poco a poco este espacio fue absorbiendo toda la basura y desechos que se vertían al mar, hasta que un día, la playa se convirtió en un paraíso tanto para vecinos como para extraños. Y es que la naturaleza es sabia e hizo de un basurero, uno de los lugares más singulares y bonitos de Galicia.
Así es como nació la que hoy se conoce como la playa de los cristales, un arenal en el que millones de pequeñas piedras inundan cada rincón. Se enclava en el Cabo de Laxe, en la ensenada de Baleeira, y antes era conocida como Areal dos botiños. A pesar de su impresionante imagen, está prohibido el baño en esta área debido a las fuertes corrientes que se desarrollan en esta zona, a lo que también se le suma la imposibilidad de llevarse alguno de los cristales que conforman la playa, lo que trae el mar ahí se queda.
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De vertedero a paraíso

Cómo se ha mencionado anteriormente, la playa de los cristales no ha sido siempre un lugar idílico. Durante décadas, sirvió como vertedero para la población local. Los habitantes de Laxe arrojaban sus desechos domésticos, incluyendo grandes cantidades de vidrio, al borde del mar. Con el tiempo, las olas y la abrasión natural del agua fueron puliendo estos fragmentos de vidrio, transformándolos en pequeños cantos rodados de colores que hoy cubren la playa. En la actualidad, la degradación ambiental ha cesado y la playa se ha convertido en un espacio protegido y apreciado por su peculiar belleza.
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Así, uno de los aspectos más fascinantes de esta playa es la impresionante variedad de colores y formas que presentan los diminutos cristales brillantes, esparcidos como joyas sobre la superficie rocosa. Los verdes, azules, ámbares y blancos predominan, generando un efecto visual que difiere notablemente de cualquier otra playa en la región. Los fragmentos de vidrio no poseen bordes afilados gracias al constante pulido del mar, lo cual asegura que caminar descalzo sobre ellos no represente riesgo alguno, convirtiendo la experiencia en algo entrañable.
Por su parte, el acceso a la playa es bastante sencillo. Esta se ubica justo debajo del cementerio de la localidad y desde el centro de la misma parte una carretera bien señalizada que conduce a los visitantes directamente al lugar. Al llegar, se puede apreciar un pequeño mirador desde el cual contemplar la singularidad del fenómeno. La combinación de los fragmentos de vidrio multicolores con el entorno natural de la costa gallega ofrece un paisaje único que fácilmente cautiva.
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Una joya medioambiental

La playa de los cristales es también un vivo ejemplo de la resiliencia del medio ambiente y de cómo la naturaleza puede transformar la huella negativa del ser humano en algo extraordinariamente bello. Este caso se analiza a menudo en estudios sobre la remediación natural de vertederos y la regeneración de espacios contaminados.
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Por ello, es crucial mantener un respeto inquebrantable por este lugar. A pesar de la tentación de llevarse algún trozo de vidrio como souvenir, los visitantes son instados a no recolectar ninguno para preservar este tesoro natural. La extracción del vidrio supondría una degradación del área y una pérdida para próximos turistas.
Cómo llegar
Desde A Coruña, el viaje hasta la playa es de alrededor de 1 hora por las carreteras AG-55 y AC-419. Por su parte, desde Santiago de Compostela el trayecto tiene una duración estimada de 1 hora y 15 minutos por las vías AC-406 y AC-404.
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