El viejo Mourinho está de vuelta: el portugués anula a los azulgranas y vuelve a acabar de rodillas en el césped celebrando la victoria

El técnico portugués encontró la tecla para anular al equipo de Hansi Flick

El entrenador del Real Madrid (Europa Press)
El entrenador del Real Madrid (Europa Press)
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Solo Mourinho sabe cómo anular de esa manera a los azulgranas. Esa desesperación sobre el terreno de juego no es fácil de conseguir y el técnico portugués es experto en ello. Ya lo hizo hace trece años y este domingo, con todo en contra y los pronósticos apuntando a los azulgranas, volvió a repetir la gesta. Cambió la estrategia y tiró de libreto para apagar a un FC Barcelona que llegaba casi exento de derrotas, a excepción del duelo ante el PSG en Champions. No hubo fisuras ni dudas, solo un equipo sólido que acabó con el eterno rival, gracias a dos tantos de Mbappé. Mourinho, de nuevo, celebró la victoria como antaño: de rodillas sobre el césped.

Pocos imaginaban un desenlace así cuando comenzó la semana del Clásico. El Barça llegaba con la confianza por las nubes y con unas expectativas que apuntaban a una victoria contundente. El Real Madrid, por el contrario, afrontaba la visita al Camp Nou bajo sospecha y con una baja tan importante como la de Courtois. Pero el fútbol volvió a demostrar que los pronósticos no ganan partidos. Sobre el césped, Mourinho encontró la manera de desarmar al conjunto azulgrana y terminó celebrando de rodillas, una imagen que recordó al técnico que tantas veces convirtió este tipo de noches en una declaración de intenciones.

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La clave estuvo en la preparación del encuentro. Mourinho entendió que necesitaba algo más que resistencia para competir contra el Barça y decidió asumir riesgos desde la alineación. La presencia conjunta de Bernardo Silva y Arda Güler en el centro del campo fue una de las grandes sorpresas de la noche. En lugar de reforzar la medular con un planteamiento basado principalmente en el físico, el portugués apostó por dos futbolistas capaces de aportar imaginación, criterio y calidad con el balón.

El delantero francés del Real Madrid Kylian Mbappé celebra su segundo gol (EFE / Alberto Estévez)
El delantero francés del Real Madrid Kylian Mbappé celebra su segundo gol (EFE / Alberto Estévez)

La decisión resultó determinante. Bernardo y Güler dieron sentido a una propuesta que buscaba algo más que aguantar las acometidas del rival. Mourinho quería que su equipo tuviera recursos para responder y encontró en el talento de sus centrocampistas una vía para complicar los planes de Flick. La apuesta contrastaba con lo que parecía exigir un partido de estas características, pero terminó funcionando. El técnico blanco volvió a demostrar que su lectura de los encuentros puede marcar diferencias cuando el margen de error es mínimo.

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El Madrid ofreció una actuación que puede situarse entre las más completas de los últimos tres años. La solidez colectiva fue una de sus principales virtudes: el equipo se mantuvo ordenado, presionó con agresividad y supo competir sin renunciar a sus posibilidades ofensivas. No fue únicamente una cuestión de esfuerzo o disciplina. También hubo calidad para transformar la recuperación del balón en situaciones de peligro, especialmente cuando Bernardo Silva, Arda Güler, Bellingham y Diomande pudieron intervenir en el juego.

Frente a ellos, el Barça se encontró con un adversario muy distinto al que esperaba. La confianza azulgrana, alimentada durante los días anteriores, chocó con un planteamiento que redujo sus opciones y le impidió desarrollar el partido en los términos previstos. Mourinho había preparado una trampa táctica y los de Flick no encontraron la respuesta necesaria para salir de ella. El Madrid no se limitó a resistir la presión del escenario: consiguió discutirle el encuentro a un equipo al que muchos consideraban claramente favorito.

José Mourinho comparece en rueda de prensa ante los medios de comunicación frente a un panel oficial de la Liga de Campeones. El entrenador viste una chaqueta deportiva verde con el escudo del Real Madrid y sus iniciales, mientras responde preguntas sentado ante los micrófonos.

Lamine Yamal vs Cucurella

Uno de los duelos individuales más significativos fue el de Lamine Yamal con Cucurella. El defensor se convirtió en la sombra del joven atacante y firmó una actuación que reforzó el trabajo colectivo del conjunto blanco. El Barça tampoco encontró en su principal talento ofensivo la solución que necesitaba para cambiar el rumbo del partido. La actuación de Cucurella fue otro ejemplo de cómo el encuentro se decidió en buena medida en los emparejamientos y en la capacidad de cada equipo para ejecutar su plan. Los cambios terminaron de confirmar el acierto de Mourinho. Camavinga apareció en el tramo decisivo y protagonizó una genialidad que permitió al Madrid rematar el trabajo. La intervención del francés puso el broche a una noche en la que el entrenador portugués acertó tanto con la elección inicial de sus futbolistas como con los movimientos desde el banquillo.

El triunfo deja a Mourinho en una posición reforzada. Su equipo dio un paso adelante y, sobre todo, ofreció una respuesta contundente a las dudas que lo habían acompañado antes del Clásico. El Barça esperaba imponer su superioridad y se encontró con un rival capaz de competirle de principio a fin, apoyado en la organización, la intensidad y el talento. La imagen final resumió el significado de la noche. Mourinho, de rodillas sobre el césped, volvió a celebrar como en otras etapas de su carrera. No fue solo la alegría por una victoria: fue la estampa de un entrenador que recuperó protagonismo en uno de los escenarios más exigentes. El viejo Mou ha regresado, y el Camp Nou fue testigo de ello.

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