La reflexión de Fernando Hierro sobre los límites de las conversaciones: “Hay temas que no se pueden sacar porque generan conflicto; ni política, ni religión...”

El exjugador del Real Madrid y de la Selección lamenta la pérdida de naturalidad en las reuniones de amigos o familiares y advierte de un retroceso

Fernando Hierro. (REUTERS/Carl Recine)
Fernando Hierro. (REUTERS/Carl Recine)
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Cinco Ligas, tres Copas de Europa, cuatro Mundiales y 89 partidos con la selección. El currículum de Fernando Hierro da para presumir durante horas. Pero cuando le preguntan por lo que de verdad cuenta, el exfutbolista no empieza por los títulos. Empieza por su casa.

Es el pequeño de cinco hermanos. Su padre, Antonio, trabajaba duramente en el campo. Su madre, Remedios, limpiaba en los colegios del pueblo. “Ninguno de los dos tuvo una vida fácil”, contó en una entrevista con Woman Essentia. Y en aquella casa todo el mundo arrimaba el hombro: “Conforme cumplíamos los 13 o 14 años, cada uno de nosotros empezaba a trabajar para aportar algo a la casa”. Él, como el más joven, cree que tuvo una infancia más tranquila: “Fui un privilegiado”.

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De ahí, dijo, salen los valores que lleva consigo: “Respeto, esfuerzo, trabajo, protección a la familia, unión”.

La Novena. (REUTERS/John Sibley)
La Novena. (REUTERS/John Sibley)

Lo que quiere que aprendan sus hijos

Esa herencia es la que intenta pasar a Álvaro y a Claudia. “He tratado de inculcarles que no hagan daño gratuitamente a nadie, que la vida está para disfrutarla y que es mejor hacer el bien que el mal”, explicó.

Los describe distintos. Álvaro, muy abierto, se ha hecho empresario junto con un amigo y “ha logrado ser su propio jefe, que es lo que quería”. Claudia, que estudia Diseño de Interiorismo, se le parece más: “Es igual a mí en todo, especialmente en lo que a personalidad se refiere, tímida, reservada… Gesticula como yo".

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(Reuters)
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El chico que “no iba a salir estudiante”

Hierro no fue un alumno brillante y lo cuenta sin adornos. Los profesores veían a sus padres a diario y siempre decían lo mismo: que no se concentraba porque su cabeza solo pensaba en fútbol. “Y los profesores tenían razón”, admitió entonces. Su asignatura favorita era Geografía: los ríos, los afluentes, los sistemas montañosos.

El fútbol tampoco le abrió la puerta a la primera. Llegó al Málaga con 17 años y no le renovaron, porque la directiva “creyó que el fútbol no era lo mío”. A los 19 volvió a su pueblo, trabajó como mecánico de coches y siguió jugando. Su hermano Manolo, que ya estaba en el Valladolid, insistió a su entrenador, Vicente Cantatore, para que le hiciera una prueba.

Hierro le agradece siempre haberle dado “la confianza necesaria” y “el último empujón”. A las pocas semanas entrenaba con el primer equipo. Pasó de un campo de tierra a uno de hierba natural, y en 1989, con 21 años, estaba en el Santiago Bernabéu: “Salía al campo, guardaba la timidez y lo daba todo”.

Por eso, cuando le piden consejo para los jóvenes que sueñan con ser futbolistas, insiste en que no dejen los estudios: “El fútbol es muy difícil, a lo mejor de diez mil niños solo llega uno”. El consejo, añade, vale también para sus padres.

Foto de archivo de Fernando Hierro. EFE/Isaac Esquivel
Foto de archivo de Fernando Hierro. EFE/Isaac Esquivel

Discreto con la fama, con las redes y con la ayuda a los demás

Sobre la popularidad tiene una teoría por edades. “Al principio, cuando eres muy joven, te gusta. A partir de los 25 o 26 entras en una fase en la que lo odias y no lo entiendes. Después de los 30 te relajas, lo asimilas y comprendes que todo eso es normal”.

Esa discreción se extiende a su faceta solidaria. Le gusta ayudar, pero prefiere que no se sepa: “Si hago algo por alguien, lo hago por convencimiento y de corazón. La única condición que pongo es que no se entere nadie”.

Quizá por eso no ha entrado en las redes sociales. Tampoco es una cruzada contra la tecnología, y dice entender a quien las usa. Él, simplemente, no las necesita: “No tengo redes sociales. No me llaman la atención. Mi familia y mis amigos saben dónde estoy y lo que hago, no me hace falta contarlo al mundo”. Prefiere, según él, mirar a la cara a la gente. “Da la sensación de que la sociedad se oculta detrás de una plataforma, detrás de un teléfono, detrás de una cámara…”

Fernando Hierro y Fani Stipkovic en un imagen de Instagram. (instagram.com/fanistipkovic)
Fernando Hierro y Fani Stipkovic en un imagen de Instagram. (instagram.com/fanistipkovic)

Los temas que ya no se pueden sacar

De ahí viene también su preocupación por cómo se habla, o cómo no se habla, en las reuniones de amigos y familia. “Te reúnes con amigos o familia y hay temas de conversación que no se pueden sacar, porque al final generan conflicto: ni política, ni religión, ni igualdad… Vivimos en tiempos modernos, pero en ese sentido, vamos para atrás. La libertad de expresión es relativa".

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