
“Ahora después tengo que irme a entrenar, pero tengo tiempo”, responde Higinio Rivero tras descolgar el teléfono para atender a Infobae. Hace tan solo unas semanas que ha regresado a casa tras los Juegos Paralímpicos de Invierno, pero su vida no para. Y su filosofía no cambia. Ni siquiera lo hizo tras el accidente escalando que le provocó una lesión medular. Entonces solo pensaba: “Tengo que vivir y aprovechar todo lo que tengo”. Y lo ha hecho. Es el único deportista español en competir en las dos citas paralímpicas (verano e invierno). Y lo hace, además, en tres deportes distintos, aunque no descarta un cuarto de cara a Los Angeles y los Juegos de Invierno 2030, sus dos grandes objetivos de cara a futuro.
En 2013, Higinio se encontraba escalando en Ramales de la Victoria, que está situado en Cantabria, cuando se cayó desde una altura de quince metros. “Se me escapó la cuerda”, recuerda el deportista. Se le estalló una de las vértebras, lo que desencadenó una lesión medular. “Aparte de que me rompí un montón de huesos también”, asegura y añade: “La caída me dejó bastante hierro en el cuerpo”. Un accidente que le dejó tres meses ingresado en el hospital sin apenas moverse y siete meses de rehabilitación diaria. Tras ello, y como todavía seguía “bastante fastidiado”, porque todavía no podía ni sentarse más de media hora seguida sin sentir dolor, buscó la forma de continuar la rehabilitación.
Comenzó con un poco de gimnasia en casa, aunque el piragüismo no tardó en entrar en su vida. “Ya lo había probado alguna vez y me gustaba”. Ese comienzo en el deporte le sirvió también para suplir de cierta forma la rehabilitación. Entonces ya sabía que volver a andar era muy complicado; los médicos no le dieron ninguna esperanza, aunque eso no le detuvo. “Fue un cambio duro. Creo que por mi forma de ser me lo tomé de una manera en la que pensaba que tenía que vivir y aprovechar todo lo que tengo”, afirma. Y añade: “En el mismo hospital, yo estaba mirando ya qué se podía hacer en sillas de ruedas. Veía vídeos de un estadounidense que se tiraba por rampas de BMX y hacía backflips”. Antes del accidente ya tenía esa filosofía de aprovechar el momento y la vida y eso no cambió después.

A partir de ese momento empezó a dedicarle muchas horas a la piragua y a tomárselo más en serio. Fue ese empeño e intensidad los que le abrieron las puertas para participar en los campeonatos de maratón, de donde salió campeón tan solo tres años después del accidente. “Fue bastante bien, aunque es verdad que no hay tanto nivel como en la disciplina olímpica”, afirma.
Tras ver su potencial, decidió probar en la disciplina que sí tiene un hueco en la cita olímpica con la idea en mente de intentar ir a unos Juegos. “Fueron dos años bastante frustrantes”, reconoce. Al principio estuvo a caballo entre las dos modalidades de piragüismo. “Empezaba a ir peor en el maratón. De hecho, salí del podio. Y todavía me quedaba mucho para el sprint”. Durante el segundo año, incluso se replanteaba si era el cambio correcto. “Al final seguimos con la apuesta porque estos cambios y procesos llevan su tiempo. Aposté muy fuerte por él y, a partir del tercer año, ya empezaba a verme mejor”. Pero fue en el cuarto cuando empezó a despuntar internacionalmente en el sprint.
Higinio consiguió clasificarse y viajó a Tokio para participar por primera vez en unos Juegos Paralímpicos, que se celebraron con un año de retraso por la pandemia del coronavirus. “Me vino bien ese año porque me dio más tiempo para prepararme”. Sin embargo, la competición no salió tan bien como esperaba. “El viento y las condiciones no me hicieron un favor”, explica. A pesar de ello, consiguió un sexto puesto que le otorgaba el diploma paralímpico. Dos semanas después de la cita paralímpica participó en el Mundial y quedó subcampeón. Un resultado que evidencia la preparación que llevaba para Japón.
El esquí de fondo y el biatlón
En París, volvió a vivir la experiencia paralímpica y quedó noveno. “Ahí sí que dije: ‘Pues el sexto puesto sí que está muy bien’”, recuerda. Después de la competición llegó el momento de parar. “Después de París, ya notaba que la cabeza empezaba a cansarse y ahí entraron en juego los deportes de invierno”. Fue buscando algo que le despejase un poco la mente y la cabeza tras intensos años enfrascado en el piragüismo. Hasta ese momento, tan solo había esquiado en “la típica excursión del colegio de tres días”, pero no tenía grandes conocimientos. “Lo probé y me encantó”, confiesa. Además, descubrió que no tenía que renunciar al piragüismo, sino que podía compaginar los dos deportes.

Su primer día en esquí de fondo fue en Baqueira, con frío, pero lo justo, sin viento y con mucho sol. “Fue perfecto y pensé: ‘Esto me encanta’”. Una vez comprobado que era un deporte al que quería dedicar tiempo, empezó a hacerse con todo el material necesario para practicarlo. Candanchú se convirtió en su zona de aprendizaje, aunque no estaba adaptado y tras varios días de ventisca pensó que aquello “no era como el primer día”. Para entonces el esquí de fondo ya había calado en él y se dio cuenta de que podía seguir creciendo en ese deporte y dar el salto a la competición. Aunque no fue el único deporte que entró en su vida.
En Candanchú descubrió también que había mucha metida en el mundo del biatlón y decidió probar. “Me enganchó muy rápido porque era algo que siempre había visto por la tele y me parecía muy curioso. Y esa sensación de decir: ‘Cómo pueden llegar ahí a tope y que no les tiemble el pulso para disparar. Ser capaz de calmarte y estar sereno’. Eso también me sirve en mi día a día y en el piragüismo; me ayuda a saber relajarme”. Fue con esos dos deportes de invierno como le surgió la posibilidad de acudir de nuevo a la cita paralímpica y convertirse en el primer español que acude a unos Juegos de verano e invierno.
Objetivo: Los Angeles y los Juegos de Invierno 2030
Ahora, tras la competición paralímpica celebrada entre Milán y Cortina d’Ampezzo, ya tiene marcado su próximo objetivo: Los Angeles 2028 y los Juegos de Invierno de 2030. Higinio quiere volver a hacer doblete. En unos, subido a la piragua y, en los otros, de la mano del esquí de fondo y el biatlón, aunque, reconoce, más centrado en este segundo durante los de invierno. Pero lo primero es conseguir clasificar, dado que asegura que vienen generaciones pisando muy fuerte.
El deporte, que antes del accidente solo era para él un hobby, se ha convertido en su vida. “Es mi día a día. Vivo para ello. Es mi trabajo; lo bueno es que trabajo en lo que me gusta y hasta donde pueda seguiré ahí dando guerra”. Además, reconoce que no descarta ampliar la lista de tres a cuatro deportes. “Yo he hecho muchos deportes. He competido a nivel nacional en triatlón y natación, aunque sí querría hacer más ciclismo a nivel nacional porque no he competido nunca”, confiesa. El tiempo es su principal inconveniente y el hecho de tener que empezar de cero en un nuevo deporte. “Estar atrás en un deporte es duro”. Sin embargo, deja en el aire la posibilidad de subirse a la bici.
La escalada fue otra de las opciones que barajó para acudir a la cita olímpica. “Sería poético, como cerrar el círculo”, asegura. Es un deporte que conoce bien y que ha seguido practicando tras el accidente, aunque es un deporte que depende de la discapacidad y no está seguro de que pueda competir. Lo que tiene claro es que Los Angeles y los Juegos de Invierno 2030 son su objetivo y va a luchar por estar allí.
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