‘Chopin’, el genio universal de la música expulsado de España por tener una enfermedad contagiosa: “Lo enviaron a un monasterio abandonado”

Una película reivindica la faceta más humana del compositor polaco y retrata la lucha contra la tuberculosis que marcó sus últimos años de vida

Tráiler de 'Chopin', la película sobre la vida de uno de los grandes genios de la música universal.
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La figura de Frédéric Chopin es una de las más importantes en la historia de la música. Virtuoso pianista y compositor de más de 230 obras, transformó el arte al que dedicó su vida fusionando el folclore de su Polonia natal con la máxima sofisticación del París del siglo XIX en el que vivió. Esto es lo que siempre cuentan en las escuelas. O, al menos, lo que le contaron a Michal Kwiecinski cuando era niño, y la razón por la que, muchos años más tarde, ha decidido hacer una película sobre él.

“Ha sido una especie de rebelión para contradecir todo lo que estudié y todo lo que leí durante mi educación”, dice el director de Chopin, biopic estrenado en España este fin de semana y que muestra la vida del músico (interpretado por Eryk Kulm) desde sus mejores años en París hasta su fallecimiento, a los 39 años. “En mis investigaciones, vi, sobre todo en las cartas del propio Chopin, que era un personaje totalmente diferente al que nos enseñaban”.

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Así, en Chopin nos encontramos con un protagonista que, lejos de cualquier solemnidad, se muestra más humano que nunca entre todos aquellos que lo consideran un genio. Alguien que anda deprisa, que está lleno de vida, que tiene un gran sentido del humor y tiene la necesidad de mostrarlo; alguien, también, con sus miserias. “Quería mostrar que este personaje no era como el mito que se nos enseñaba: un señor triste y melancólico”. En la película, incluso la propia música clásica cede el protagonismo a su creador, un Chopin que atraviesa el éxtasis y el tormento y que se enfrenta a lo único que no se rinde ante su talento: la muerte.

Imágenes de 'Chopin', la película de Michal Kwiecinski.
Imágenes de 'Chopin', la película de Michal Kwiecinski. (Akson Studio)

El “tormento” de Mallorca que inspiró varias de sus composiciones

“La muerte y la enfermedad son los antagonistas de Chopin en esta película”, explica Michal Kwiecinski. Cuando el director comenzó a planificar la historia, vio que el músico no tenía grandes enemigos ni otras figuras de su entorno que sirvieran de contrapeso en la historia. “En cada cinta tiene que haberlo”, afirma, y finalmente logró encontrarlo en la tuberculosis que sufrió el artista y que finalmente, a través de una rara complicación, acabó con su vida. “Quería mostrar cómo Chopin luchaba contra este mal y cómo la patología estuvo siempre en su vida”.

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La tuberculosis condicionó tanto la vida de Chopin que, en uno de los pasajes de la película, le vemos incluso a punto de mudarse a España en busca de un buen tiempo que le permita recobrar la salud. “Este episodio es muy importante. En aquella época, el sol era el único remedio contra esta enfermedad, pero se encontró al llegar a Mallorca con un tiempo catastrófico que no se ha vuelto a repetir en la isla: llovía sin parar”, cuenta el cineasta. Esta situación le provocó un gran malestar durante su estancia, si bien Kwiecinski advierte de que ello sirvió para que creara algunas de sus obras más hermosas, entre ellas el preludio conocido como Gota de lluvia.

“Me parece que es un ejemplo de ese tormento que se transforma en algo muy positivo para el mundo y para el autor”, cuenta el director, que no obvia en su película cómo las autoridades españolas ahuyentaron a Chopin por tener una enfermedad contagiosa. “En Francia no era así, se consideraba una enfermedad genética. Por eso, en Mallorca lo enviaron a un monasterio abandonado”. Ese monasterio estaba a unos cinco kilómetros del asentamiento humano más cercano.

Imágenes de 'Chopin'
Imágenes de 'Chopin'. (Fot Jaroslaw Sosinski / Akson Studio)

El actor protagonista se lesionó las manos practicando

Uno de los aspectos en los que más destaca Chopin es en la ambientación. La recreación de la capital francesa ha sido una de las grandes apuestas de Kwiecinski. Este contó con un presupuesto de unos 17 millones de euros, cifra que no cree que se repita en Europa en el futuro. “Creo que Chopin ha sido una de las últimas películas producidas sin inteligencia artificial, con exteriores, vestuario y todo lo que se ve y que pudimos permitirnos gracias a ese presupuesto”.

También destaca la interpretación de Eryk Kulm, quien se entrega no solo a la maestría musical de Chopin, sino también a todas las emociones que atraviesan a este sensible personaje. “Durante el periodo de preparación, Eryk estuvo solo en una casa de los Alpes y se puso como loco a practicar. Tocaba ocho horas diarias y acabó teniendo problemas en las manos”, cuenta el director. “Se solucionó el problema. Le mandamos medicinas y pomadas y pudo curarse; y aprendió que no puede hacer las cosas a lo loco. Cuando se enteró de que no podía practicar tantas horas, le entró más estrés porque se dio cuenta de que tenía muy poco tiempo para terminar de prepararse”.

Con un reparto completado por nombres como el de Lambert Wilson o Joséphine de La Baume, Chopin acaba por convertirse en un nocturno cinematográfico en el que la música parece la única escapatoria posible ante la muerte. A través de cada una de sus notas, podemos acercarnos a una figura mitológica de la música clásica de un modo parecido al de Amadeus o Amor Inmortal, donde los sentimientos y vivencias de estos genios pasan a convertirse en la llave de entrada a todo su legado.

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