Entrevista a Jaime Lorente, que debuta como director con ‘El mal hijo’: “Ser padre me ha abierto una puerta de sensibilidad que antes no tenía”

El intérprete firma su primera película detrás de la cámara, una historia sobre la herencia paterna en un entorno marginal que compitió en la sección Nuevos Realizadores en San Sebastián

‘Infobae’ entrevista a Jaime Lorente, actor de ‘La casa de papel’ y ‘Élite’ y, ahora director que estrena su ópera prima, ‘El mal hijo’.
Guardar

Como actor, Jaime Lorente tuvo unos inicios meteóricos en la pequeña pantalla. Con 25 años debutó en la que se convertiría en una de las series españolas más aclamadas a nivel internacional de los últimos tiempos, La casa de papel, y su rostro sería asociado al personaje de Denver.

Además, justo antes de comenzar el fenómeno de La casa de papel, también ficharía para otra serie de éxito masivo y de la que saldría todo una nueva cantera de jóvenes actores como fue Élite, en la que permaneció dos temporadas interpretando a Nano.

PUBLICIDAD

Ahora, después de una sólida carrera como intérprete, debuta en la dirección con El mal hijo, que se presentó en la pasada edición del Festival de San Sebastián en la sección Nuevos Realizadores. La película cuenta la historia de Rubén, un niño marcado por la desprotección de sus progenitores y la adicción de su padre a las drogas, que es criado por su abuela (interpretada por Susi Sánchez). En medio de un ambiente marginal, el pequeño saldrá adelante y se convertirá en un joven que quiere escapar de su pasado, pero su presente se encuentra marcado por la precariedad laboral y por las deudas pendientes con su familia.

Enamorarse de la cámara

-Pregunta: ¿Cuándo surgió tu interés por dirigir?

-Respuesta: Pues surge de cuando me empecé a acercar al audiovisual, porque yo me formé en el teatro, estudié en la Escuela de Arte Dramático de Murcia. Y lo primero que hice fue una serie diaria, El secreto de Puente Viejo, y ahí descubrí la cámara, porque hasta ese momento no me había puesto delante de ninguna. Y me enamoré. Y yo creo que, desde entonces, sentí el impulso de dirigir. Me parece una forma tan bella de contar algo, porque enlaza con todas las artes; es un trabajo enorme.

PUBLICIDAD

Jaime Lorente (Infobae)
Jaime Lorente (Infobae)

-P: ¿Cómo fue tu acercamiento a las herramientas del lenguaje cinematográfico?

-R: Me encanta la técnica, he estudiado mucho sobre ella y también me he hecho muchas preguntas. La dramaturgia de la cámara me ha interesado siempre y he hecho mucho por conocerla. Y, con el tema de la escritura, preferí no firmar el guión. Hay una tendencia un poco intrusiva a que los directores quieran a toda costa querer firmar los guiones y que a mí no me gusta, porque en ocasiones no escriben, sino que van tomando decisiones que sí determinan la historia. Y es lo que yo he hecho con Salvador Molina. Hemos tenido una comunicación brutal. Los grandes hitos que hacían que la historia fuese para un lado o para otro han sido una cosa de consenso absoluto, de hablar mucho y de permitirme tomar grandes decisiones, porque yo sabía lo que quería contar, pero él ha sido el que ha hecho el grueso del trabajo.

-P: ¿Preferías dejar el guion en alguien que dominara ese terreno?

-R: Me parecía lo más lógico. Además, yo el proceso de la propia escritura, es una cosa que no disfruto. Disfruto mucho de la creación, de la toma de decisiones, de la investigación, del proceso, pero eso de sentarme a escribir escenas y diálogos no es lo mío, siendo sincero.

-P: Pero tú sí que has escrito cosas.

-R: Sí, y hay épocas en las que lo he disfrutado mucho, pero no en este momento de mi vida. Además, creo que hay gente que lo puede hacer mucho mejor que yo. Quería contar con un guionista profesional e ir de la mano con él. Es mejor diferenciar las facetas.

Temas que aborda ‘El mal hijo’

-P: ¿Qué querías contar en El mal hijo?

-R: Yo tenía muchas ganas de hablar de la adicción, que fuese uno de los motores de la película, pero sin contar la historia de un hombre adicto, sino de los esquemas familiares que se generan para sostener un poco a una persona que sufre esta enfermedad y qué consecuencias tiene en este caso, en su hijo.

Tenía muchas ganas de contar la figura la abuela, de esas mujeres grandes cuidadoras que hemos tenido, que han sostenido familias a pesar de tener unos recursos mínimos y esa relación con el nieto, de cómo a través de la mirada de amor de su abuela, él puede quitarse la mochila de la herencia violenta que ha tenido toda su vida por culpa de una familia bastante ‘disfuncional’, que no se enfrenta a su realidad y ha escapado de ella. Y tenía muchas ganas de contar esa ‘esquinita’ de luz que puede haber en esa habitación de oscuridad.

Jaime Lorente en el set de rodaje de 'El mal hijo'
Jaime Lorente en el set de rodaje de 'El mal hijo'

-P: La herencia es uno de los temas centrales de la película.

-R: Yo creo que no se hereda el problema, se heredan las consecuencias del problema, que se terminan convirtiendo en otro problema, porque lo haces tuyo y termina siendo peor. Pero sí, es cierto que, para mí, es uno de los top 10 de la película, uno de los leitmotivs: ¿hasta qué punto somos responsables de lo que han hecho con nosotros? ¿Hasta qué punto somos dueños de aquello que hemos heredado y somos capaces de ponerle un límite?

En este caso, en la película, yo quería mostrar dos vertientes claras. Una herencia violenta recogida por parte del padre, que no ha tenido herramientas para enfrentar una vida más sana, y la herencia de la abuela, que aporta una mirada de sensibilidad, de vulnerabilidad y de honestidad que acabará recogiendo el personaje de Rubén, consiguiendo romper con ese estigma maldito.

-P: El hecho de que tú seas padre, ¿te ha llevado a reflexionar sobre el tema de la paternidad?

-R: Sí, muchísimo. Lo llevo pensando últimamente y creo que, al final, una de las principales misiones de ser padre es que tus hijos comprendan su grandeza. Pero su grandeza no desde un punto de vista egoísta y que piensen “soy la leche”, sino que reconozcan su valor, sus talentos, de lo que son capaces, que tengan un nivel de empatía con la gente que le rodea. Y es un trabajo dificilísimo. A mí, desde luego, el hecho de ser padre me ha abierto una puerta de sensibilidad que antes no tenía; me hace ver todo con otra mirada. De cuidado, de juicio conmigo mismo. Esta frase la he repetido un montón, pero es que es cierto: ser padre o madre es la única carrera por la que te dan el título antes de estudiarla. Entonces, tú vas aprendiendo conforme vas para adelante y es muy complicado. Muy complicado.

-P: En la película sitúas a los personajes en un ambiente de pobreza, quería que me hablaras del tratamiento de los espacios marginales.

-R: El contexto social en la película era importantísimo. El poder adquisitivo de los personajes era importante. La historia del padre hubiera sido diferente si hubiera tenido capacidad económica para que ingresara en un centro de desintoxicación, que es inalcanzable para el 90% de la población, porque son carísimos. Creo que hay una responsabilidad social de la cual no nos estamos haciendo cargo con la gente necesitada. No es lo mismo un adicto que vive en la Gran Vía, con recursos, que otro que no tiene nada y que termina robando o muerto.

Entonces, para, para mí la tensión paisajística era ‘súperimportante’. De hecho, concebí la película como un western rural, porque el paisaje oprime a los personajes, no pueden salir de ahí. Si no tienes recursos, no es que no tengas sueños, es que ni te los planteas. La forma de pensar, de enfrentarte a tu realidad, tiene que ver con el privilegio o la falta de él, con si tienes dinero o no. Entonces, estos personajes están ahí, sin mucha más esperanza que la de solucionarse por dentro, porque no hay mucho más que hacer.

Una apuesta cruda y alejada de fórmulas

-P: Estamos en un momento en el que prima la ‘sobreexplicación’ en las historias. Sin embargo, tú apuestas en la película por todo lo contrario, alejándote de las fórmulas convencionales.

-R: Para mí era muy importante. De hecho, quería enfrentarme a la película desde lo mínimo en todos los sentidos. Qué es lo mínimo que tiene que pasar para que se explique la historia. Yo no quería poner el foco en algo en concreto, he tratado de poner al espectador en el lugar que a mí me gustaría que me pusieran, porque no me gusta que me ‘sobreexpliquen’ las cosas. Prefiero que termine una película con cosas sin entender que con cosas sobreentendidas. Me parece más interesante.

Jaime Lorente (Infobae)
Jaime Lorente (Infobae)

-P: ¿Qué tipo de referentes tenías a la hora de hacer la película?

-R: Audiovisuales, ninguno. ¿Sabes qué pasa? Me ocurre también trabajando como actor, me da un poco de miedo, cuando me enfrento a un proyecto, buscar referencias. Al contrario, dejo de verlo todo. Creo que las películas corresponden a universos muy cerrados y me parece que puede ser tramposo para uno mismo que algo te resuene con lo que estás haciendo y cogerlo. Que no está mal, pero a mí no me gusta. Necesito tener mi propio espacio mental e imaginar.

-P: Tú que eres actor, has apostado por intérpretes desconocidos en la película.

-R: A lo mejor me estoy cavando mi propia tumba, pero no creo que sean importantes las grandes caras y los grandes nombres para los proyectos. Creo que hemos esclavizado la profesión en ese sentido. Parece que siempre necesitemos una cabeza de cartel y me parece un concepto equivocado para llevar a la gente al cine. Quizás sí que creo que ocurre con los directores, que sí que arrastran al público. Pero yo creo que a nivel de actores y actrices, no pasa, de verdad. Y merece la pena dar oportunidades y, cuando uno conquista un lugar privilegiado, mirar atrás y darse cuenta de: “Ostras, ojalá hubiesen tenido conmigo una mirada un tanto más permisiva, me hubiesen ayudado antes”, yo qué sé. No lo digo en mi caso, que he tenido mucha suerte. Pero creo que es importante.

-P: Y hablando de los inicios. ¿Qué queda de ese Jaime Lorente que empezaba como actor?

-R: Pues fíjate, ¿sabes qué me ha pasado? Que dirigiendo he recuperado una sensación muy bonita, que fue la sensación de ilusión máxima de cuando entré a la Escuela de Arte Dramático. Que no me ha pasado actuando, ¿eh? Y me fascina actuar. Se lo debo todo a la actuación, pero la energía, la ilusión que yo he sentido dirigiendo, ha sido muy parecida a la que sentía arrancando, que todos sabemos que cuando uno arranca que se quiere comer el mundo. Así que, sin duda, quiero seguir haciéndolo.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD