
El cine ha dejado a lo largo de su historia tándes director-actor para el recuerdo, desde Alfred Hitchcock y Cary Grant o James Stewart, John Ford y John Wayne, Martin Scorsese y Robert De Niro o Leonardo DiCaprio, Nora Ephron y Meg Ryan o más recientemente Yorgos Lanthimos y Emma Stone. En los últimos años ha cogido fuerza uno tan inesperado como es el del cineasta mexicano Michel Franco y la actriz estadounidense Jessica Chastain, ganadora del Oscar en 2022 por Los ojos de Tammy Faye. Un tándem que comenzó con Memory hace tres años, regresa ahora con el estreno en cines de Dreams y quién sabe si podría alargarse de aquí en adelante.
“Volvería a escribir un papel a medida para Jessica. Lo difícil es que cada nuevo guion debe sorprenderla y no repetir lo que ya hicimos”, explica a Infobae Michel Franco desde la Casa de México como parte de su visita a España con motivo del estreno de Dreams. “Más allá de ser una estrella de Hollywood, Jessica se considera una actriz a la que le gusta el teatro y el cine. Admira el trabajo de Isabelle Huppert y sabe que películas como las que Huppert hizo con Michael Haneke o Claude Chabrol responden más a una visión personal que a la industria”, confiesa el director, quien admite también la importancia de la actriz en el proyecto. “Jessica facilita mucho el proceso, es muy consciente de su papel y lo asume con intención. Sin ella, la película habría sido menos potente. Su presencia la hace más hipnótica y eleva la calidad del proyecto”.
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Dreams narra el romance entre una empresaria de éxito (Chastain) y un bailarín mexicano (Isaac Hernández) que intenta abrirse camino en Estados Unidos como profesor de ballet, pero sin documentación alguna. Creyendo contar con la protección de su amante, este cruza la frontera entre México y Estados Unidos, pero conforme conoce avanzan los encuentros furtivos y conoce al entorno de ella, se va dando cuenta de que el sueño americano está mucho más lejos de lo que él pensaba.

“Intento que cada película sea diferente y honesta a la vez”
Un poco como su personaje, Franco ha intentado abrirse camino por su cuenta en una industria dominada por la imposición de los grandes estudios. “Hacer películas así es complicado. Hablar de ciertos temas de manera frontal solo es posible cuando eres productor y guionista. Si no, es imposible. Nunca he trabajado con estudios. Mis películas son el resultado de lo que quiero hacer, nunca hay consenso”, asegura el director.
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Después de brillar en México con títulos tan rompedores como Después de Lucía o Las hijas de abril -esta última con la presencia de la española Emma Suárez-, Franco obtuvo su gran carta de presentación internacional de la mano de Nuev orden un thriller ambientado en una boda de la alta sociedad mexicana en la que estalla una revolución de clases y que sacudió por completo festivales como San Sebastián o Venecia, donde se llevó el Gran Premio del Jurado. “Gracias a Nuevo orden, Jessica Chastain quiso trabajar conmigo. Fue una película que quise hacer durante muchos años, supuso un reto enorme en todos los sentidos, tanto por la producción como por la ambición de la historia”.

Cine en los márgenes
Franco se inscribe dentro de una gran tradición del cine mexicano de resistencia al sistema y subversión, manteniéndose independiente a diferencia de otros compatiotas que sí trabajan dentro del sistema americano como Alejandro González Iñárritu, Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro. Algo indispensable para poder tener la libertad creativa y dirigir la mirada contra todo y contra todos, como sucede en el caso de esta película con el ICE y la política migratoria de Trump. “Cuando la gente leía el guion, pensaban que exageraba, que ICE no operaba así. Yo les decía que en el fondo sí, que el espíritu es señalar al migrante como fuente de los problemas y no confiar en él, aunque se utilice como mano de obra para mantener el país en funcionamiento. Esa doble moral siempre ha existido”.
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Franco menciona Amat Escalante (Heli, Narcos: México) como otro ejemplo de cineasta mexicano que transgrede, lo más importante desde su punto de vista: “El cine que no se atreve y no transgrede termina envejeciendo mal porque no dice la verdad. Lo más difícil es decir la verdad. El cine puede tener esa fuerza, pero requiere mucho dinero y el filtro de muchas personas. Por eso muchos proyectos con potencial no llegan a concretarse”. Aun con todo, el director admite que no hay mayor enemigo que uno mismo a la hora de realizar una película que se atreva a cuestionar todo. “La censura siempre ha existido, pero la peor es la autocensura. Desde Después de Lucía, me decían que debía cambiar los finales porque no se podían filmar así, pero cuando alguien me pide eso, me confirma que ese es el camino correcto”.
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