
David Uclés es hoy uno de los nombres más visibles del panorama literario español tras el éxito de La península de las casas vacías, su reciente Premio Nadal y, también, una exposición mediática acrecentada por sus publicaciones en redes sociales o sus intervenciones públicas, como el sonado discurso sobre el precio de la vivienda frente a Isabel Día Ayuso.
Sin embargo, el reconocimiento de este escritor nacido en Úbeda hace 36 años es, en realidad, algo muy reciente: detrás, queda una larga travesía, tan silenciosa como a veces precaria, donde la escritura casi era un sinónimo de rechazo, y donde la música y los trabajos temporales fueron el único sustento de una fe casi temeraria en la literatura.
“Nunca había tenido más de 500 euros en el banco”
Tras estudiar Traducción e Interpretación, Uclés vivió y trabajó en distintos países europeos. Enseñó idiomas en países como Alemania, Francia y Suiza, y pasó largas temporadas en Galicia, Euskadi y Cataluña. Por aquel entonces, su sustento no venía de los libros, sino de estos y otros trabajos. En más de una entrevista, por ejemplo, el novelista ha explicado cómo se ganaba la vida como músico callejero tocando instrumentos como el acordeón.
Esa vida bohemia se prolongaría después en otros lugares. Galicia, Portugal, distintas ciudades españolas, si bien por aquel entonces el principal motivo por el que no se hacía con un trabajo estable era lo mucho que le exigía la escritura del gran proyecto de su vida: La península de las casas vacías. “Cuando empecé con la promoción era tan ingenuo que no sabía que por los actos se cobraba… Yo, que daba clases particulares por 15 euros la hora y que nunca había tenido más de 500 euros en el banco”, confesaba él mismo en una entrevista con El País.

Quince años
El origen de La península de las casas vacías se remonta a 2009 y nace de un impulso íntimo: las historias de su abuelo sobre la Guerra Civil. Uclés comenzó a escucharlas y anotarlas siendo muy joven, apenas cumplida la mayoría de edad. Aquellas notas manuscritas y grabaciones domésticas acabarían convirtiéndose, tras la muerte de su abuelo en 2015, en un proyecto mucho más ambicioso: no unas memorias familiares, sino una novela que contara toda la guerra.
Durante quince años (La península de las casas vacías se publicó en 2024), Uclés recorrió más de 20.000 kilómetros por España siguiendo las huellas del conflicto. Vivió en distintas regiones para conocerlas desde dentro y se sumergió de manera casi exclusiva en lecturas sobre la Guerra Civil. Viajes en solitario o en furgoneta con una amiga, noches improvisadas, becas de investigación y periodos de aislamiento absoluto, como el año que pasó en los Alpes terminando el manuscrito, con las paredes cubiertas de mapas, cronologías, listas de nombres, canciones populares y precios de la época.
Por desgracia, ese esfuerzo tardaría mucho en ser recompensado. El manuscrito de su novela fue rechazado por todas las editoriales. “Todas”, subraya él mismo en más de una ocasión, señalando cómo incluso agentes y editores lo humillaban, asegurándole que su idea no era nada buena. Los argumentos se repetían: la Guerra Civil estaba agotada como tema y el realismo mágico se consideraba pasado de moda. “Yo les decía que no era otra novela más sobre la guerra, que intentaba hablar de todas las víctimas y honrar a todas”, recordaba en una conversación con Agencia EFE.

Del éxito absoluto al deseo de volver a desaparecer
Hubo momentos de agotamiento extremo. Pensó, incluso, en dejar de escribir, aunque otras novelas como El llanto del león (Ediciones Complutense) o Emilio y Octubre (Dos Bigotes), escritas durante las pausas que realizaba en la elaboración de La península de las casas vacías, sí que lograban ver la luz. Del mismo modo, también hubo tentaciones de publicar antes de tiempo: su novela estuvo a punto de salir en una editorial de corte mucho más comercial que Siruela, pero en el último momento decidió no hacerlo para no condicionar el contenido de la obra que estaba creando. Una decisión acertada, visto lo visto.
En el proceso, la renuncia fue constante y consciente: a una nómina, a una estabilidad, a un futuro... al margen de si su novela se publicaba o no. Por suerte, hoy La península de las casas vacías se ha convertido en un fenómeno crítico y comercial que ya forma parte de la historia reciente de la literatura española. “Me ha cambiado la vida completamente”, expresaba el propio Uclés en un mensaje en su cuenta de Instagram. El éxito no solo ha traído cosas buenas, también ha implicado una mayor presión y muchas, muchas críticas. Hace unos días, por ejemplo, el novelista terminaba el año denunciando las amenazas de muerte que recibía a través de redes sociales.
Quizá por esa parte negativa ha expresado más de una vez que desea desaparecer de nuevo: en enero de 2027 (cuando termine con todos sus compromisos de promoción) espera estar viviendo en Praga, una ciudad donde nadie le conozca y donde pueda seguir trabajando en nuevos proyectos. Pueden ocurrir muchas cosas hasta entonces, pero lo que es seguro es que, esté donde esté, muchos lectores ya habrán podido disfrutar de la novela con la que esta misma semana ha obtenido el Nadal: La ciudad de las luces muertas.
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