
El cine surcoreano ha vuelto a captar la atención internacional con el estreno de El gran diluvio, una producción que acaba de aterrizar en Netflix y se ha situado entre los títulos más vistos de la plataforma en pocas horas. La película, dirigida y escrita por Byung-woo Kim, se adentra en el género de catástrofes con una propuesta de lo más ambiciosa en el aspecto visual.
La historia arranca en Seúl, donde una inundación repentina obliga a los habitantes de un gran bloque de pisos a buscar refugio en las plantas superiores. La protagonista, An-na (interpretada por Kim Da-mi), es una científica de alto nivel que reside con su hijo Ja-in (Kwon Eun-seong), un niño fascinado por la natación. La rutina diaria de ambos se ve interrumpida cuando el agua comienza a invadir su vivienda, lo que desencadena una huida desesperada escaleras arriba, en paralelo a la de sus vecinos. En este contexto, la película introduce a Son Hee-jo (Park Hae-soo), un agente de seguridad corporativo que les revela la magnitud del desastre: un asteroide ha impactado en la Antártida, provocando lluvias catastróficas que amenazan con poner fin a la civilización tal y como se conoce.
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El giro argumental se produce cuando se desvela que An-na no es una ciudadana cualquiera, sino una de las principales responsables de un proyecto científico secreto de la ONU, destinado a salvaguardar el futuro de la humanidad. Un helicóptero acude a evacuarla junto a su hijo, ya que su trabajo en un laboratorio de inteligencia artificial resulta esencial para la supervivencia de la especie. Este planteamiento, que podría haber derivado en una reflexión sobre la estratificación social y la ética en situaciones límite, opta por explorar territorios de la ciencia ficción más especulativa.

El desarrollo de la trama lleva a los personajes hasta la azotea del edificio, donde la narrativa da un vuelco hacia lo virtual y lo introspectivo. El film toma referencias de títulos como Al filo del mañana, los laberintos mentales de Charlie Kaufman y la atmósfera apocalíptica de Interstellar, para sumergirse en una estructura narrativa recursiva. A medida que An-na va modificando sus reacciones ante las personas que encuentra —como una niña atrapada en un ascensor o una mujer a punto de dar a luz—, la película sugiere que las respuestas emocionales pueden calibrarse y optimizarse, en una especie de ensayo sobre el entretenimiento algorítmico propio de la era digital.
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Mucho despliegue visual y muchas carencias dramáticas
A pesar de la espectacularidad de los efectos visuales y la tensión de algunas secuencias —como la separación de madre e hijo o la explosión de las cañerías de gas—, la película ha sido señalada por algunos medios por su falta de lógica interna y la escasa profundidad de sus personajes. Y es que, más allá de algunos flashbacks que aportan cierto trasfondo psicológico, la historia se reduce a una carrera contrarreloj en la que las adversidades se suceden sin dar respiro, pero sin lograr que el espectador se identifique plenamente con los protagonistas.
El guion, firmado también por Byung-woo Kim, no consigue dotar de verosimilitud a las motivaciones de los personajes ni construir una empatía sólida con el público. La premisa de que An-na debe crear una “nueva raza humana” en un destino desconocido, tal como le indica el agente Hee-jo, queda diluida entre escenas de acción y catástrofe que, aunque bien ejecutadas, no logran compensar la falta de desarrollo dramático. El film se convierte en un entretenimiento profesionalmente realizado, pero alejado de la capacidad provocadora y sorprendente que ha caracterizado a otras producciones surcoreanas recientes.
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Referencias y tono apocalíptico
El tono general de El gran diluvio oscila entre la melancolía y la espectacularidad, con imágenes de mega-tsunamis y una atmósfera de fin del mundo que remiten a referentes del cine de ciencia ficción contemporáneo. Sin embargo, la narrativa, a menudo frágil y carente de un antagonista claro, parece más interesada en explorar el futuro del entretenimiento digital que en plantear preguntas sobre el destino de la humanidad. La película, en ese sentido, funciona como una especie de justificación visual para el contenido generado por algoritmos, en la línea de las producciones originales de Netflix.
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