
El reencuentro de una estela funeraria partida durante décadas ha situado al pequeño municipio soriano de Borobia (con apenas doscientos cincuenta habitantes) en el foco de la arqueología peninsular. Lejos de tratarse de un hallazgo aislado, el estudio de este monumento reformula el mapa de la Celtiberia y sugiere por primera vez con pruebas que la ciudad perdida de Virovia, huidiza durante dos mil años, se alzaba justamente bajo la localidad actual.
La vinculación de Borobia con Virovia ha encontrado respaldo en la revisión minuciosa de los materiales exhumados en la zona, tal y como se expone en las conclusiones a las que han llegado los investigadores Borja Díaz Ariño, Marta Chordá Pérez y Alberto Jiménez Carrera, cuyo trabajo se ha publicado en el Archivo Español de Arqueología.
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Una estela funeraria partida en dos mitades
Las claves de este descubrimiento parten de uno de los monumentos funerarios más singulares hallados en la Celtiberia. La estela opistógrafa de los Sempronii, cuya primera mitad se custodiaba en el Museo Numantino desde 1971 y cuya parte restante reemergió cuarenta años después de quedar olvidada en una nave agrícola, fue reunida y estudiada integralmente por primera vez en 2024. El monumento mide aproximadamente ciento cuarenta centímetros de altura, muestra relieves de dos jinetes armados, y una compleja inscripción por ambas caras, propia del estatus de los enterrados.
Ambos lados de la pieza muestran a un guerrero a caballo. Uno aparece “en marcha con la pata delantera derecha levantada”, mientras el otro cabalga empuñando una lanza que apoya en el hombro. Los textos que los acompañan detallan la dedicatoria funeraria: “Para Sempronio Aninio, hijo de Aplonio, Carisio Ambato con su dinero lo pagó”, y en la otra cara: “Para Lucio Sempronio Ambato, hijo de Aninio, se encargó de hacerlo”.
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Los investigadores subrayan el carácter mixto de los nombres: “La lápida combina elementos claramente latinos e indígenas”, características que refuerzan la hipótesis de que los homenajeados (presuntamente padre e hijo) fueron indígenas recientemente incorporados a la ciudadanía romana y que probablemente sirvieron como tropas auxiliares de caballería en el ejército imperial.

Un ritual a cargo de los compañeros de armas
Las representaciones del guerrero a caballo, ampliamente extendidas en la Celtiberia durante los siglos II y I a.C, se convirtieron en un motivo habitual tanto en la emisión de monedas como en la iconografía funeraria: “La mayoría de las monedas acuñadas por las cecas celtibéricas (lugar en el que se fabricaban y acuñaban monedas) muestran en sus reversos la imagen de un jinete al galope, normalmente armado con lanza”, describen los autores.
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El singular valor de la colección local llevó a los investigadores a examinar las interrelaciones epigráficas (disciplina que analiza textos escritos en materiales duros como piedra, metal o cerámica) y arqueológicas de Borobia con enclaves históricos de la región, como Clunia y Lara de los Infantes, donde aparecen estelas similares.
Estos paralelismos permiten establecer tanto la pertenencia social y militar de los mecenas y difuntos como su adscripción a tradiciones funerarias indígenas incorporadas progresivamente a los ritos romanos. “La peculiar iconografía de las estelas de Borobia remite a modelos vinculados a ambientes militares... en ausencia de familiares, es normal que sean los compañeros de armas los encargados de gestionar las ceremonias fúnebres de sus colegas”.
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Una ciudad olvidada
Los paralelismos con otras ciudades de la Celtiberia trascienden lo epigráfico. La presencia en el casco urbano y alrededores de monedas celtibéricas, así como la localización de varias piezas de la ceca de Virovia, sustenta la nueva hipótesis: tal como afirman los autores, “la ciudad no aparece documentada en ninguna otra fuente, a excepción de una pequeña tésera de hospitalidad coetánea de las monedas”, pero tanto los hallazgos numismáticos como las evidencias cerámicas “resultan acordes con la existencia de un asentamiento en época antigua”.
Aunque la ciudad permanece ausente de los textos de la época (ni Plinio, ni Ptolomeo, ni los itinerarios romanos la mencionan), “su desaparición debió producirse en época flavia, cuando la mayor parte de los asentamientos de carácter urbano de Hispania, incluso los de pequeñas dimensiones, se convirtieron en municipios de derecho latino”. Así, Virovia habría sobrevivido únicamente en la memoria monetaria y toponímica, como otras poblaciones célticas cuyos nombres llegaron hasta hoy por el eco de sus acuñaciones.
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“Este hallazgo aporta información novedosa sobre una zona muy desconocida de la Celtiberia y abre estimulantes e inesperadas perspectivas a investigaciones futuras”, subraya Borja Díaz Ariño al medio local Aragón Noticias. La fusión de datos arqueológicos, epigráficos y numismáticos convierte el pequeño municipio de Borobia en la pista definitiva para localizar una ciudad perdida durante dos milenios.
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