
El reconocimiento a la trayectoria de Eduardo Mendoza como uno de los grandes renovadores de la literatura española contemporánea se ha visto refrendado con la concesión del Premio Princesa de Asturias de las Letras 2025, un galardón que, según el jurado de esta edición, distingue su “voluntad de innovación” y su “capacidad de llegar a un público muy amplio”.
La obra de Mendoza ha sido celebrada tanto por la crítica como por los lectores, consolidando su posición como un autor capaz de combinar el humor, la mirada social y una prosa que transita con naturalidad entre el lenguaje popular y el culto.
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Actos en Oviedo antes de la entrega del premio
Durante un encuentro con más de 150 clubes de lectura en el Palacio de Congresos de Calatrava en Oviedo, el escritor barcelonés compartió su visión del oficio literario y su relación con los lectores.
Ante un auditorio repleto, Mendoza desplegó su característico ingenio y cercanía, abordando tanto el proceso creativo como el impacto de sus personajes más emblemáticos. Al referirse a Gurb, el protagonista extraterrestre de una de sus novelas más conocidas, explicó que “cuanta más perspectiva tengamos para ver el mundo y a nosotros mismos, mejor. Gurb no es un extraterrestre: tiene una mirada infantil, sorprendente e inocente, sin malicia ni juicios. Lo que nos gustaría ser”.
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El autor de Sin noticias de Gurb relató que la génesis de esa novela fue casi accidental, escrita con rapidez durante un verano para su publicación por entregas en prensa, y pensada inicialmente para un público reducido. Sin embargo, la obra logró una conexión inesperada y duradera con los lectores, manteniéndose vigente tres décadas después.
Con humor, Mendoza ironizó sobre la imagen de los extraterrestres en la cultura popular, afirmando que, a diferencia de las películas, “los de verdad (si existieran) vendrían con ganas de conocernos y charlar. Ojalá esa comunicación fuera posible”.
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En defensa de la literatura y en contra de la censura
La relación de Mendoza con la escritura se caracteriza por una actitud lúdica y libre de tormentos. “No hay mejor trabajo. Inversión en material: cero. Con papel y lápiz basta. No hay horarios y haces lo que te da la gana… siempre que luego alguien lo compre”, afirmó el escritor, subrayando la importancia de la recepción del público para que el oficio tenga sentido.
A diferencia de otros autores que sufren durante el proceso creativo, Mendoza confesó que no se siente acosado por “fantasmas interiores o exteriores”, aunque sí reconoce el temor a repetirse. “Yo sé que hay autores que sufren mucho escribiendo”, señaló en el encuentro, pero en su caso, la escritura es una fuente de disfrute y no de angustia.
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El escritor también abordó el debate sobre el revisionismo y la censura en la literatura. Defendió la autonomía del lector para discernir y rechazar aquello que le resulte molesto, y se mostró contrario a cualquier forma de censura.
“Estoy en contra de cualquier forma de censura. Los lectores tienen capacidad para tirar un libro si hay algo que le molesta; no tiene nadie que decirle lo que debe leer e interpretar”, afirmó. Reconoció que, con el paso del tiempo, su propia perspectiva ha cambiado y que hay aspectos que hoy no escribiría igual, pero insistió en la necesidad de trabajar siempre “con cariño y respeto hacia los personajes”.
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En cuanto al valor de la lectura, Mendoza la definió como una de las mejores actividades posibles, aunque matizó con ironía que “leer es importante, porque si no me quedo en el paro”. Más allá de la broma, sostuvo que “se puede vivir sin leer, que hay gente que lee que es idiota, pero que es de las mejores cosas de la vida, porque es entretenido e instructivo, la lectura literaria es una forma de conocimiento complementaria, la ficción es una manera complementaria de entender el mundo. Nos habla de algo que es la vida cotidiana y cómo piensan y reaccionan las personas. Funciona con la identificación y ayuda a entendernos mejor”.
La trayectoria de Eduardo Mendoza abarca medio siglo de aportaciones decisivas a la literatura en español. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona en 1965, amplió estudios en sociología en Londres y trabajó como abogado y traductor en la ONU en Nueva York entre 1973 y 1982, además de ejercer la docencia en la Universidad Pompeu Fabra desde 1995. Esta experiencia internacional se refleja en la mirada cosmopolita y excéntrica que impregna sus obras.
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Las grandes aportaciones de Mendoza a la literatura
El debut de Mendoza con La verdad sobre el caso Savolta en 1975 supuso un hito en la narrativa española, al ser considerada la primera gran novela de la Transición. La obra, ambientada en la Barcelona industrial de principios del siglo XX, introdujo en la literatura española la conflictividad social, la corrupción empresarial y la violencia política en un contexto aún marcado por la censura franquista.
El título original, Los soldados de Cataluña, fue vetado por considerarse demasiado explícito, lo que ilustra el clima de la época. La novela destacó por su estructura innovadora, que combinaba fragmentos judiciales, testimonios, prensa y narración omnisciente, y fue galardonada con el Premio de la Crítica en 1976.
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A partir de ese debut, Mendoza consolidó un corpus narrativo diverso y reconocible. Obras como El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas (1982) y La ciudad de los prodigios (1986) exploraron registros que van desde la parodia y el humor hasta la crítica social, retratando la transformación urbana de Barcelona y la complejidad de la sociedad española.

La mencionada sátira extraterrestre Sin noticias de Gurb (1991) y títulos como El año del diluvio (1992), El asombroso viaje de Pomponio Flato (2008) o la trilogía Las tres leyes del movimiento (2018-2021) muestran la versatilidad del autor, que ha transitado por la novela histórica, la fábula y la experimentación formal. Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas y adaptada al cine, recibiendo premios como el Premio Planeta en 2010 por Riña de gatos y el Premio Cervantes en 2016.
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El jurado del Premio Princesa de Asturias de las Letras subrayó que “Eduardo Mendoza es un proveedor de felicidad para los lectores, y su obra tiene el mérito de llegar a todas las generaciones, que hoy se reconocen en sus luminosas páginas”.
Además, el propio autor reivindicó durante el acto en Oviedo el papel de las mujeres en la literatura, destacando que “la literatura de ficción, sobre todo la novela, es uno de los terrenos menos misóginos que hay, porque grandes escritoras ha habido casi siempre”, y que en los últimos 150 años “las mujeres han tenido una presencia importantísima en el mundo literario”.
La entrega del galardón, que tendrá lugar en Oviedo de manos de la princesa Leonor, reconoce no solo la aportación literaria de Mendoza, sino también su capacidad para conectar con lectores de todas las edades y su defensa de la libertad creativa y de lectura.
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