Imaginemos que hay un corte total en las comunicaciones, que no podemos contactar con nadie porque no hay luz y que no sabemos cómo se encuentran nuestros seres queridos. ¿Nos suena?
En efecto, hace tiempo que vivimos en una película ‘distópica’ de la que se ha escrito mil veces y todavía estamos a expensas de sus consecuencias pero, lo cierto, es que en en los años cincuenta, antes de que muchos previesen la crisis climática, así como las catástrofes de este o de otro planeta, un escritor de historietas en Argentina se adelantó a todo eso.
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Se llamaba Héctor Germán Oesterheld y escribió una de los relatos de ciencia ficción más importantes de todos los tiempos. Se titulaba El Eternauta y se publicó de forma serial a lo largo de varios años.
Qué supuso ‘El Eternauta’ para la ciencia ficción
En su momento ya constituyó una auténtica revolución pero, con el paso de las décadas y de los acontecimientos que tuvieron lugar (el autor fue uno de los desaparecidos de la dictadura militar), se convirtió en un cómic de culto.
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De hecho, buena parte de las historias que conocemos alrededor del fin de los tiempos están basadas, de una forma u otra, en esta obra seminal de la literatura gráfica, incluso cuando, en el momento en el que se publicó, todavía se consideraba el cómic como un recurso cultural menor.

Además de abrir caminos en ese sentido, El Eternauta se constituye casi como un relato pionero a la hora de abordar la ciencia ficción, bebiendo de la herencia de H.G. Wells en La guerra de los mundos, pero a través de un sustrato eminentemente político y autóctono.
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Por fin, ‘El Eternauta’
Ahora, El Eternauta se ha hecho realidad en formato serie. Se trata de un proyecto que ha tenido muchos padres y madres a lo largo de los tiempos, que ha intentado adaptarse de todas las maneras pero que no había sido posible materializar hasta este momento, en el que el equipo de Netflix Latinoamerica, liderado por Francisco Ramos, tomó las riendas de esta superproducción tan imposible como esperada.
Así, El Eternauta, se nutre de su intrahistoria y, lo mejor es que no la subestima en absoluto, sino que se alimenta de ella para configurar un relato de resistencia absolutamente único, tan argentino como global.
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En efecto, todo comienza con un apagón generalizado de las comunicaciones, pero, en este caso, además, se encuentra acompañado de una nevada con características muy definidas: si un copo de nieve roza tu piel, mueres de forma inmediata.

En ese contexto conoceremos a una serie de personajes, un grupo de amigos que se encuentran reunidos jugando y bebiendo y que se encontrarán con el apocalipsis de manera repentina. Se trata de un conjunto heterodoxo y, entre ellos, se encuentra un hombre, Juan Salvo (el gran Ricardo Darín) que se convertirá sin saberlo en el héroe de todo lo que ocurra.
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El poder de la comunidad frente a lo individual
Pero, como indica la obra de Oesterheld, su camino de supervivencia resultará imposible sin el apoyo de aquellos que le rodean o, lo que es lo mismo, de la comunidad. Ese es el espíritu original de la obra y es también la base que impregna esta ambiciosa y kamikaze adaptación.
La miniserie, que cuenta con seis episodios, ha sido creada por Bruno Stagnaro, que se hizo un hueco dentro del audiovisual de su país gracias a la arrolladora Pizza, birra, faso (1997) que, en muchos sentidos, sobre todo en lo que se refiere a la relación con los personajes, ya tenía mucho que ver con la esencia de la serie, aunque se tratara de un film independiente.
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Y es que, desde el principio de El Eternauta, además de todo lo que tiene que ver con el miedo a lo desconocido, lo principal es el elemento humano, lo que define a cada uno de los personajes como seres que luchan por un bien tanto individual como común.
En estos tiempos de absoluta incertidumbre en la que vivimos, resulta inspirador encontrarse con una serie en la que se pone de manifiesto el poder del grupo por encima del individuo.
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Un hito en el audiovisual
Pero, además, El Eternauta supone un auténtico hito dentro del audiovisual en habla hispana. En nuestro país, Netflix apuesta por producciones olvidables que no tienen ningún tipo de repercusión mientras, que en Latinoamérica, se arriesgan a adaptar a Gabriel García Márquez, a Juan Rulfo y, ahora, a Oesterheld.

Y el esfuerzo merece la pena, porque la experiencia que nos ofrece El Eternauta resulta memorable. Quizás porque parte de una base única, quizás porque, por una vez, se ha hecho una adaptación con absoluta devoción hacia el material de partida, manteniendo su esencia, pero adaptándola a los nuevos tiempos
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Además, se erige como una obra magnética, absolutamente arrebatadora y repleta de imágenes icónicas que, aunque se reproduzcan de la historia original, terminan adquiriendo por sí mismas una entidad realmente histórica.
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