
Es una historia tan antigua como el propio cine. Una película comienza a recibir atención, luego es nominada a varios premios y termina siendo criticada o envuelta en polémica por algún motivo. La historia del cine, y sobre todo la que tiene que ver con las películas nominadas al Oscar, está llena de ejemplos, y el último de ellos ha sido el de Emilia Perez, la película francesa dirigida por Jacques Audiard y protagonizada por la española Karla Sofía Gascón.
Esta última ha sido precisamente una de las grandes dianas de toda la polémica que rodea al filme, que ha sido acusado de racista, tránsfobo, frívolo y en general ofensivo para con la realidad que retrata. No ha sido el único, puesto que The Brutalist también ha sido objeto de polémica por el uso de Inteligencia Artificial en determinados aspectos de la producción, como el acento húngaro de Adrien Brody. En definitiva, las dos grandes favoritas para la estatuilla arrastran también grandes polémicas, pero solo son un capítulo más en una gran trayectoria de campañas de premios teñidas de controversia e incluso ‘juego sucio’.
A lo largo de la historia de los Premios Oscar, muchas películas han estado rodeadas de controversias, ya sea por su contenido, las figuras involucradas o las campañas agresivas que las precedieron. Algunas de estas películas, como American Beauty y Shakespeare in Love, se han ganado su lugar en la historia de los Oscars no solo por su calidad artística, sino también por los debates y escándalos que generaron antes y después de la ceremonia. Estos ejemplos reflejan cómo las decisiones de la Academia a menudo no están exentas de controversias, que van más allá del cine y tocan aspectos culturales y sociales más amplios.
Un caso que sigue siendo ampliamente discutido es la victoria de Shakespeare in Love en 1999, una película considerada más ligera y “amistosa” en comparación con el épico Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg. La sorpresa de la victoria de Shakespeare in Love en la categoría de Mejor Película fue seguida de una oleada de críticas, pues la obra dirigida por John Madden superó a la que muchos consideraban la favorita para el galardón, a pesar de que Salvar al soldado Ryan había sido un éxito crítico y había ganado varios premios importantes durante la temporada.
Por su parte, Shakespeare in Love logró convertirse en una de las favoritas de la Academia entre 1998 y 1999 con una brillante campaña de marketing liderada por el productor Harvey Weinstein. Se dice que Weinstein obligó a los actores de la película a participar en un bombardeo de prensa sin precedentes. Terry Press, ejecutivo de DreamWorks durante aquella época, reveló que Weinstein y Miramax “intentaron hacer creer a todo el mundo que Salvar al soldado Ryan era solo lo que pasaba en los primeros 15 minutos”. Muchas voces dentro de la industria acusaron a los votantes de la Academia de haber elegido la opción equivocada, tanto en mejor película como en mejor actriz, escogiendo a Paltrow por encima de otras como Fernanda Montenegro por Estación central de Brasil o Cate Blanchett por Elizabeth. Años después, y tras el estallido del caso Weinstein, la leyenda negra en torno a la victoria de la película no ha hecho más que acrecentarse.

‘American Beauty’: a nadie le gusta verse reflejado
La controversia que rodeó American Beauty en 1999 estuvo profundamente ligada a los temas que abordó, a saber, la depresión y la decadencia de la familia media americana. La película de Sam Mendes, que ganó cinco premios Oscar, incluida Mejor Película, provocó un gran debate en su estreno por su tratamiento de la sexualidad y la disfunción familiar. La historia de Lester Burnham, un hombre de mediana edad que se enamora de la mejor amiga de su hija adolescente, fue vista por algunos sectores como una glorificación de la pedofilia, lo que generó numerosas críticas.
Aunque la película fue aclamada por su estilo visual y por el trabajo de los actores, los temas tratados sobre el deseo sexual, la crisis de la mediana edad y la vida suburbana fueron considerados demasiado provocativos por muchos. No obstante, la película terminó haciéndose con el Oscar, pero la sombra de su controversia sigue llegando hasta nuestros días, especialmente a través de Spacey, que interpretó a Lester y que fue acusado de abuso sexual muchos años después, reavivando así el debate en torno al filme de Mendes, ahora en el contexto del movimiento #MeToo.
Martin Scorsese: blasfemia y provocación religiosa
Una de las controversias más explosivas en la historia de los Oscars ocurrió en torno a La última tentación de Cristo (1988), de Martin Scorsese. La película, que retrataba a Jesucristo enfrentándose a tentaciones humanas, fue tachada de blasfema por numerosos grupos religiosos, que consideraron que la representación de Cristo en situaciones sexuales y tentadoras era una ofensa al dogma cristiano. Aunque la película fue nominada a varios premios, incluidas Mejor Director y Mejor Guion Adaptado, las protestas y la presión de grupos religiosos crearon una atmósfera de tensión en torno a su estreno y posterior campaña.
La controversia se intensificó en la temporada de premios, y derivaron en que la película se marchase de vacío en los Oscar de 1989, con solo una nominación para Martin Scorsese, que se quedó sin la estatuilla en su segunda nominación como director. El cineasta neoyorkino se resarciría en 2007 con Infiltrados, pero en su momento sufrió una gran presión por La última tentación de Cristo, hasta el punto de que llegó recibir amenazas de muerte de grupos evangelistas, tal y como desvelaría más tarde el crítico Roger Ebert.

El año de ‘La red social’ y ‘El discurso del rey’
Para llegar a uno de los grandes casos recientes, hay que viajar a 2011, en la gala de la victoria de El discurso del rey, una película rodeada de controversia, aunque por razones distintas a las anteriores. La película, que narra la historia del rey Jorge VI y su lucha por superar su tartamudeo, ganó cuatro Oscar, incluido Mejor Película y Mejor Director. Sin embargo, durante la campaña de premios, algunos críticos acusaron a los responsables de la promoción de utilizar tácticas de marketing poco éticas, explotando la relación de la película con la monarquía británica para generar una mayor cobertura mediática. Esta estrategia fue vista como una forma de atraer tanto a la Academia como al público, dada la relevancia del tema en un momento en que la familia real estaba en el ojo público. Aunque la película recibió elogios por su narrativa y el trabajo de los actores, la discusión en torno a la manipulación de la campaña nunca desapareció.
A todo ello había que sumar que otra de las películas nominadas aquel año era La red social, dirigida por David Fincher y que narraba la creación de Facebook y el litigio de Mark Zuckerberg con sus otros creadores. La película, que evidentemente estaba basada en hechos reales, fue criticada por algunos de los involucrados en la historia, especialmente Eduardo Saverin, quien argumentó que distorsionaba los hechos y lo presentaba de forma injusta. Tampoco dejó satisfecho al propio Zuckerberg, quien inicialmente no se pronunció, pero que tiempo después afirmó también que no se asemejaba a la realidad. Puede que todo ese ruido influyese en su paso por los Oscar, ya que si bien fue nominada a ocho categorías, finalmente solo se llevó tres prmeios (guion, montaje y banda sonora), con El discurso del rey como ganadora en detrimento de esta.
Irónicamente, la historia y legado de ambas películas sirven para ilustrar lo que ha sucedido en muchos de estos casos y lo que podría volver a pasar en este caso. La mayoría de gente recuerda el film de David Fincher a pesar de no ganar el Oscar, mientras que El discurso del rey es una película que ha caído en el olvido en gran medida. Las polémicas y las campañas pueden servir para ganar un Oscar o para hacer que otra lo pierda, tal y como demuestra la historia, pero en la mayoría de casos es el tiempo el que pone cada cosa en su sitio y la calidad de las películas lo que perdura sobre todas las cosas.
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