
Corría estos días por las redes sociales una oleada de comentarios a cuenta del Technicolor, la técnica de coloración que coronó el cine de Hollywood de los años 40 y 50 y que muchos echan en falta, especialmente tras estrenos como el de Wicked. El proceso del Technicolor no se puede recuperar hoy día, pero eso merece otro artículo de índole más científica que cinematográfica. Sin embargo, siempre se puede volver a aquellos clásicos de la época, y hubo dos hombres que trabajaron el Technicolor como nadie: Michael Powell y Emeric Pressburger.
El documental Made in England, que acaba de aterrizar en Filmin, repasa precisamente la vida y obra de este dúo artístico que fue conocido como The Archers (Los Arqueros). Hoy es fácil encontrar duplas de cineastas, como los hermanos Coen o las Wachowski, pero en los años 40 un binomio que se acreditase de la misma manera era algo inédito. Bajo el sello de los arqueros, esta improbable pareja británico-hungara realizaría un total de 24 películas, algunas de ellas consideradas como las mejores de toda la historia del cine, pero que quedaron en el olvido durante mucho tiempo. Hasta que las descubrió un tal Martin Scorsese.
Es precisamente el cineasta neoyorkino quien produce, presenta y conduce Made in England, en el que se intercala la historia de Powell y Pressburger con la suya propia, la de un joven neoyorkino de origen italiano cuyo primer gran enamoramiento del cine nació precisamente de ver las películas de los arqueros en televisión. Cuando se convirtió en director de cine, Scorsese contactó con Powell para expresarle su admiración, se lo llevó a Nueva York como asesor y ambos terminaron convirtiéndose en grandes amigos —la montadora habitual de Scorsese, Thelma Schoonmaker, era esposa de Powell—, por lo que no es de extrañar que también quisiese servir de cicerone para este viaje por sus películas. Pero, ¿por qué fueron tan importantes Powell y Pressburger y son tan poco conocidos hoy día?

Heridas de guerra
Lo cierto es que, tal y como explica Scorsese durante el documental, las películas de Powell y Pressburger tuvieron cierta visibilidad en la televisión pública de los años 60, pero costó años encontrar una copia en 70 mm y, sobre todo, con el color original. No se pueden entender las películas de ambos sin sus colores, pero no siempre fueron en ese glorioso Technicolor del que hablaba Powell. Antes de descubrir un mundo de luz, las primeras películas de la dupla se filmaron en blanco y negro, centradas en un tema que estaba de rigurosa actualidad para ambos: la Segunda Guerra Mundial.
El conflicto bélico había hecho en gran medida que Pressburger —húngaro de familia judía que había tenido que huir de Alemania con el ascenso de Hitler— conociese a Powell, y por este motivo comenzarían también a hacer sus primeras películas: El espía negro, Espías en el mar y Los invasores, esta también como un intento de propaganda para atraer a Estados Unidos a la Segunda Guerra Mundial. Paradójicamente, la primera gran película de los Arqueros sería precisamente una película contraria a la propaganda de guerra, Vida y muerte del Coronel Blimp. En ella se narra la vida de un hombre a través de tres conflictos bélicos (la Guerra de los Bóeres, la I Guerra Mundial y la Segunda), su amor por tres mujeres distintas (interpretadas por la misma actriz, Deborah Kerr) y su amistad incondicional con un hombre del bando contrario, el alemán Theo Kretschmar-Schuldorff (Anton Walbrook).
La película, que Churchill intentó censurar, sería el inicio de una nueva y fructífera etapa para Powell y Pressburger. Conforme el alto al fuego cesaba y las cinematografías europeas dirigían su mirada hacia los horrores de esta, la dupla británico-húngara se fue alejando poco a poco de la guerra hacia universos más intimistas, desde el convento en los confines del mundo de Narciso negro a, sobre todo Las zapatillas rojas, la libre adaptación del cuento de Hans Christian Andersen en la que los directores perfeccionarían el uso del color e introducirían un concepto revolucionario como el composed film, planificando algunas secuencias en torno a la música y no al revés. El resultado sería una de las películas más bellas y subversivas de la historia —en palabras de Scorsese—, y que serviría de gran inspiración tanto al director como a otros, siendo reconocible su influencia tanto temática como estilística en filmes como Cisne negro o La La Land.

Una separación amistosa
Con Las zapatillas rojas, The Archers llegaría a su culmen artístico y personal, y aunque ambos siguieron haciendo películas, nada volvería a ser igual. De hecho, en su búsqueda de reinventarse y encontrar nuevas metas, terminarían distanciándose, conforme cada uno iba envejeciendo y cambiando su forma de ver el cine. Su última gran obra, Los cuentos de Hoffmann, lograría trasladar la majestuosidad y épica de la ópera a la gran pantalla, pero el resto de sus películas serían intentos fallidos en lo comercial, con la salvedad La Batalla del Río de la Plata, celebrada por el público, aunque el propio Powell supiese que su dirección se había vuelto plana y acomodada.
Aun con todo, y tal y como confirma Scorsese, Powell y Pressburger mantuvieron su amistad durante años, y Powell tuvo la oportunidad de reinventarse una vez más con otra película adelantada a su tiempo: El fotógrafo del pánico, en su día incomprendida y clave para entender el cine de los 70. En definitiva, Made in England es una oportunidad fantástica tanto para recuperar las películas de los ‘directores arqueros’ que reinventaron el cine a base de música, ingenio y Technicolor, como para descubrir la historia de dos personas cuya pasión por el cine forjó una amistad en medio de la guerra que marcaría tanto a Scorsese como a otros tantos jóvenes cinéfilos.
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