Huevos fritos, penaltis y la muerte del padre: Manuel Marsol cruza el umbral de la memoria

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Sergio Andreu

Barcelona, 1 nov (EFE).- El día que murió su padre, el entonces niño Manuel Marsol cenó un huevo frito, justo un año después de que Roberto Baggio fallara un penalti en la final del Mundial 94 ante Brasil, recuerdos que este dibujante madrileño hilvana en 'El cielo en casa', un libro casi documental, "íntimo y universal", sobre el poder de la memoria.

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"La memoria es caprichosa, no elegimos lo que recordamos. Para hacer este libro leí sobre ello, teorías que señalan que cuando uno recuerda hechos, a priori triviales, es porque tapan otros más difíciles de asimilar, incluso traumáticos. Ese huevo frito, el 17 de julio de 1993, está ahí, tapando otro momento que fue muy duro y complicado para mí: la muerte de mi padre", explica el autor a EFE.

Los dibujos (y los textos) de 'El cielo en casa' (Fulgencio Pimentel) son, dice Marsol (Madrid, 1984), "una especie de gabinete de curiosidades, pero también la investigación de un detective que en vez de salir a la calle a buscar, se gira hacia dentro, hacia el fondo de la memoria, de la infancia, a un lugar de misterio, de cosas no resueltas, que perduran al paso del tiempo".

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La llave que abrió la puerta a ese mundo pasado fue una foto de colores desvaídos que el ilustrador encontró en la casa familiar, en la que se ve a su padre lanzar un penalti en un partidillo entre amigos, y donde la pelota se mantiene en el aire, suspendida ante la mirada impotente del portero, sin que se pueda adivinar si acabó o no dentro de la portería: un gol que fue y no fue a la vez.

Esa imagen real, que Marsol reencuadra y redibuja desde diferentes puntos de vista, sirve de partida para reflexionar, con la propia voz interior del dibujante, sobre la sensación de vacío ante la muerte repentina de un ser querido, "la cabalística de fechas" que ese hecho trágico desencadena en quienes le sobreviven, pero también del azar y de los giros inesperados que pueden cambiar una existencia.

'El cielo en casa' es una historia íntima, la del dibujante (el adulto actual y el niño que fue) y de su padre, un profesor de arte que le inculcó el amor por la música, el cine, la literatura y el fútbol, aficiones que disfrutaron durante incontables horas sentados en "un viejo sofá desgastado", muchas frente al televisor, una forma de entender la complicidad doméstica que las pantallas unipersonales de móviles y tabletas se han llevado por delante.

Aquellos momentos sirven a Marsol para componer un mosaico de recuerdos gráficos que conectan personajes y situaciones tan dispares como la desolación del delantero Baggio ante la portería, la tristeza vital del oficial veterano al que da vida John Wayne en 'Centauros del desierto' o la añoranza postrera en su lecho de muerte del potentado 'Ciudadano Kane', de Orson Welles.

"Todos ellos tienen en común una herida, una pérdida, igual que la mía por la muerte de mi padre", señala el dibujante, que tomó el título del libro de una canción que sonaba en el tocadiscos cuando era crío, 'El cielo en casa' de Gino Paoli, un cantante italiano que intentó suicidarse en 1963 pegándose un tiro, pero falló, y vivió 62 años más con una bala en el corazón: "Un fallo que le salvó la vida".

Marsol, que inicialmente pensó en este proyecto como documental audiovisual, subraya el "inmenso poder evocador" que puede tener una película, una canción o una serie adictiva como el 'Campeones' de Oliver y Benji -al que el libro homenajea-, pero también de los propios objetos físicos que aparecen en sus páginas: novelas, pósters, discos o una antigua consola Megadrive.

"En el libro hay mucho foco en los objetos compartidos que pueden contener el tiempo, cosas que ya ni se pueden utilizar, como una cinta VHS, pero que nos están hablando del pasado, de algo que se va y no vuelve", afirma el autor, que ha incluido en el volumen dibujos infantiles, suyos y de su hermana, encontrados en la casa familiar.

Más allá del chispazo emocional que supuso encontrarse con la foto de su padre, en todo este ejercicio de memoria el fútbol tiene un papel capital: "Para mí, el fútbol es la familia, los amigos. Pocas situaciones en nuestra vida te dan ese grado de euforia compartida", reconoce el madridista Marsol, que apunta que "casi cada niño tiene un mundial en su historia personal".

"El mío fue el del 94, con la eliminación de España por aquel fallo imposible de creer de Julio Salinas, el codazo de Tassotti a Luis Enrique y el gol en el último momento de Baggio, que durante años fue un villano para mí y para muchos niños damnificados por el 'desastre del 94'", se ríe ahora el dibujante, desde la lejanía analgésica del tiempo. EFE

(Foto)

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