El músico catalán Pep Massana crea un instrumento único en el mundo inspirado en Da Vinci

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Irene Dalmases

Barcelona, 1 nov (EFE).- Descalzo, enfundado en unos calcetines negros, el músico catalán Pep Massana se sienta en la banqueta de un instrumento único en el mundo, el violín organista, que ha creado, junto con el lutier Ramon Elias, en honor del compositor alemán Nicolaus Bruhns, basándose en unos planos de Leonardo da Vinci.

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En su estudio de Igualada (Barcelona), tras interpretar unos acordes de Vivaldi, con los pies encima de un pedal cémbalo mientras sus manos deslizan un arco por las cuerdas de un violín, explica en una entrevista con EFE que ha tardado una década en acabar de dar forma a este proyecto, con horas de estudio sobre cómo hacer compatible la interpretación de órgano y violín al mismo tiempo.

Aficionado a la ingeniería, profesor de música desde hace más de tres décadas en el Conservatorio de Igualada, intérprete en diferentes grupos musicales, quedó abducido hace unos años por la figura de Nicolaus Bruhns, cuando su profesor de órgano, Jonatan Carbó, le contó que era alguien admirado por Bach, que apenas vivió 31 años, entre 1665 y 1697, y que en las iglesias dejaba deslumbrado a su público, puesto que tocaba a la vez el órgano y el violín.

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Pep Massana, con una treintena de instrumentos en su casa, en la cincuentena larga, pensó que por qué no atreverse él, tras aprender a tocar el órgano hace relativamente poco, a hacer lo mismo, pero de cara al público, no como ocurría con Bruhns, que lo hacía desde lo alto de las iglesias, en el coro, y sólo se le escuchaba.

Fue durante la época de la pandemia cuando todo empezó a tomar velocidad de crucero y junto con Ramon Elias, lutier leridano que fue alumno suyo, investigaron cómo construir un instrumento que pudiera montarse y desmontarse en iglesias y auditorios y que el respetable pudiera ver como pies y manos se mueven al unísono, pero al son de diferentes partituras, tocando violín y órgano.

"Es como ir en bicicleta. Es la similitud más próxima que se me ocurre, porque, al principio, está la sensación de que esto no puede funcionar de ninguna manera, pero hay unas sincronías, unos movimientos y al, final, ni pienso. Pienso en la música y va viniendo, en los conciertos es una sensación muy fuerte. El cerebro tiene mucha capacidad de memorizar movimientos", afirma.

En cuanto a ir descalzo, avanza que es debido a que el pedalier de su instrumento es más reducido que el de los órganos normales y así encuentra "mejor" las teclas.

De madera de abeto, en una primera fase, construyeron el pedal cémbalo y empezaron a hacer algunas audiciones experimentales, pero se dieron cuenta de que les faltaba "el sonido sostenido que nos podía dar una viola de rueda multifónica, con veinte cuerdas, que debíamos conectar con el pedal".

A la hora de pergeñar la viola de rueda multifónica, tras revolver en archivos y bibliotecas digitales, se toparon con unos planos de Leonardo da Vinci sobre este instrumento que les parecieron "muy interesantes". "Y, a partir de estos documentos, además de con el programa de diseño AutoCAD y tecnología de hoy, le dimos forma", agrega.

No rehuye Pep Massana que el violín organista actual es fruto de hacer "dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás, porque debía sonar a la perfección".

Ahora, tras participar con éxito de público y crítica en festivales de órgano en Italia y Alemania, espera girar por Cataluña y España.

Preguntado por la música que ofrece, reconoce que al haber únicamente una cantata pensada para órgano y violín, lo que ha hecho en los conciertos que ha ofrecido en estos festivales y en alguna pequeña iglesia cerca de Igualada es adaptar 'Las cuatro estaciones', de Vivaldi, así como alguna pieza de Antonio Valente, entre otras.

"El lugar donde suena más natural este instrumento y donde puedes encontrar el arte total es en una iglesia barroca. Allí todo conecta. Es como una recreación histórica, con la iconografía y la acústica para la que se creó esta música, aunque también se escucha bien en un auditorio con una buena sonorización", considera Massana.

Al final de lo que se trata, tras una hora y cuarto de audición, es "hacer llegar al espectador la máxima belleza posible y conseguir una máxima emoción musical. En definitiva, aportar felicidad".

En cuanto a cómo termina físicamente las audiciones, tras ver la pasión con la que actúa, Pep Massana solo atina a pronunciar que acaba la música y él se siente "eufórico". EFE

(Foto) (Vídeo)

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