Rapisardi: "El cine que amo resiste el impulso de reducir el mundo a izquierda o derecha"

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Adrián Arias

Valladolid, 26 oct (EFE).- En un tiempo en el que debates como la inmigración o la identidad parecen empujar a elegir posiciones cada vez más cerradas, el cineasta italiano Uberto Rapisardi reivindica la capacidad del cine para convivir con aquello que no tiene una respuesta sencilla: “El cine que amo resiste el impulso de reducir el mundo a izquierda o derecha, blanco o negro”.

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Esa voluntad de permanecer en los matices atraviesa ‘Vacío luminoso’, el documental que presenta en la 71 Semana Internacional de Cine de Valladolid (Seminci) y que nació durante el rodaje en España y Marruecos de ‘Sirāt’, de Oliver Laxe, aunque pronto dejó de ser una película sobre cómo se hace otra película, como cuenta en una entrevista con EFE.

Rapisardi utiliza el rodaje para observar algo más difícil de capturar: las contradicciones de quienes crean, la frontera entre mirar y apropiarse de aquello que se filma y el encuentro entre personas procedentes de mundos aparentemente alejados.

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Uno de esos mundos es Marruecos. El cineasta quedó especialmente marcado por la hospitalidad del equipo local, que apenas dos días después de conocerle ya le invitaba a comer en sus camiones entre tajines, té de menta, canciones y bailes.

Rapisardi no elude, sin embargo, la posición desde la que ellos mismos llegaron al país, pues admite que ‘Sirāt’ conserva “en cierto modo una perspectiva occidental”: somos “nosotros” quienes bajamos hacia aquellas tierras áridas y existe siempre el riesgo de convertir en abstracción u “orientalizar” aquello que no se conoce.

La experiencia conecta inevitablemente con un debate especialmente vivo en países como España o Italia y extendido al conjunto de Europa: la inmigración, la identidad nacional y la convivencia entre culturas.

“Nuestro mundo está profundamente desequilibrado. La migración es también la historia de la humanidad y hoy es un fenómeno muy complejo al que cualquiera tiene que enfrentarse”, reflexiona Rapisardi.

El problema, a su juicio, aparece cuando esa complejidad entra en un debate público recalentado en el que las personas terminan descargando emocionalmente unas contra otras.

Él mismo recuerda haber participado en esas discusiones durante su juventud y salir de ellas “muy agitado”, pero sin sentir que hubiese aumentado su comprensión ni que la empatía hubiera tenido demasiado espacio.

Frente a la necesidad de imponerse en la confrontación, reivindica otra forma de intervenir en el mundo: “Alguien que cultiva silenciosamente quizá no salga en las noticias ni gane confrontaciones, pero eso no significa que sus frutos no tengan un efecto en el mundo”, sostiene.

Y es precisamente ahí donde sitúa el cine que le interesa: uno que aumente “nuestra conciencia y nuestra capacidad de sostener las complejidades y los matices” en lugar de ofrecer una realidad dividida en dos bloques.

“Ver con claridad es el primer paso para cualquier acción madura y para una sociedad sana”, resume.

En su filme, el vacío del título remite en la superficie a la inmensidad luminosa del desierto, pero también a una concepción espiritual que se aleja de la nada y del pesimismo.

“El vacío es generativo, no nihilista”, resume Rapisardi, que concibe el título como un prisma cuyo significado cambia dependiendo de quién lo observe y desde qué ángulo.

Una imagen que acaba resumiendo también su manera de entender el cine: no como un instrumento para confirmar certezas, sino como un espacio desde el que aprender a mirar aquello que permanece entre la luz y la sombra, entre un mundo y otro y, también, entre el blanco y el negro. EFE

(foto)

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