Las lluvias torrenciales, un fenómeno con el que "tenemos que acostumbrarnos a convivir"

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Tarragona/Madrid, 10 oct (EFE).- El cambio climático, la morfología del territorio y el propio clima mediterráneo están detrás de las lluvias torrenciales y las inundaciones que han castigado gran parte del este peninsular estos últimos días, episodios "con los que nos tenemos que acostumbrar a convivir", pero dotándonos de mayores medidas de seguridad, según expertos.

El litoral y prelitoral mediterráneo, desde Cataluña a Murcia y parte de Andalucía, así como zonas de Castilla-La Mancha, han vivido en la última semana un episodio inédito de precipitaciones continuadas que han provocado cuatro muertos, dos desaparecidos, rescates de personas atrapadas en vehículos, inundaciones y acumulaciones de más de 300 litros por metro cuadrado en algunas zonas, siendo el sur de Tarragona el área más afectada.

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Tres de los fallecidos fueron en Cataluña, la comunidad más castigada, y el cuarto en Castilla La-Mancha, en el municipio albaceteño de Madrigueras que requirió de 90 recates: el Consejo de Gobierno manchego aprobó solicitar la declaración de zona catastrófica para los municipios perjudicados.

En la Comunidad Valenciana se produjeron acumulados de 140 litros por metro cuadrado en el litoral de Castellón y más de 400.000 alumnos vieron canceladas sus clases en toda la región; mientras que en Murcia los pluviómetros llegaron a registrar acumulados de más de 100 litros y se suspendió la actividad en varios centros educativos.

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También zonas de Almería, Granada y Jaén sufrieron las consecuencias de las lluvias torrenciales de los últimos días.

"Las lluvias torrenciales forman parte del clima mediterráneo, pero el calentamiento puede agravar las precipitaciones extremas. Para adaptarnos, hay que incorporar este riesgo a la manera en que planificamos el territorio, diseñamos las infraestructuras y organizamos la respuesta a las emergencias", explica a EFE la directora ejecutiva de la Cátedra UNESCO de Ciclo de Vida y Cambio Climático de la Universidad Pompeu Fabra, Alba Bala.

Bala considera que este escenario implica revisar los puntos vulnerables, disponer de alertas comprensibles, asegurar que la población sepa cómo actuar, proteger y recuperar espacios que pueden retener agua y reducir los impactos de las inundaciones.

"Tenemos que prepararnos para convivir con estos fenómenos con más seguridad. Convivir con ellos no debería significar asumir que los daños son inevitables", señala.

Bala asegura que "el cambio climático ya es una realidad", pero hay que distinguir esta evidencia de la atribución de un episodio concreto, ya que una lluvia torrencial, por sí sola, no demuestra el cambio climático.

"Lo que sí sabemos es que una atmósfera más cálida puede contener más vapor de agua y, cuando se dan las condiciones meteorológicas adecuadas, esto puede intensificar las precipitaciones", apunta.

En las Terres de l'Ebre, una de las zonas más afectadas por el temporal de los últimos días, coinciden "varios ingredientes" que propician las lluvias torrenciales.

"El Mediterráneo aporta humedad y, especialmente después del verano, puede alimentar las tormentas. Cuando esta entrada de aire húmedo coincide con una situación atmosférica inestable, pueden producirse lluvias muy intensas", añade.

La cercanía entre la cordillera prelitoral y el mar también está detrás de estos episodios hidrológicos violentos y extremos, especialmente cuando las condiciones meteorológicas son concretas: vientos húmedos y aire frío en altura, precisa Joaquim Roset, ingeniero geólogo y profesor de la Universitat Rovira i Virgili (URV).

Uno de los efectos más comunes de las lluvias torrenciales son los problemas de movilidad por acumulaciones de agua y caída de objetos a la vía.

"La solución pasaría por devolver a los barrancos y torrentes su forma natural o bien disminuir el caudal que llegue aguas abajo, donde se encuentran las infraestructuras. Una de las formas de disminuir el caudal sería la construcción de balsas de laminación o balsas pulmón", plantea Roset.

Destaca que "no es necesario hacer renovaciones profundas, sino identificar los puntos críticos y sensibles para aplicar soluciones".

En este sentido, manifiesta que las casas, edificaciones e infraestructuras ya están construidas, así que "habría que corregir o modificar los puntos críticos y más sensibles y saber convivir con este riesgo".

"Si se puede saber que una zona es inundable, habrá que actuar en consecuencia: no construir sótanos, ubicar la zona habitable en la primera planta", detalla.

Roset cree que también es necesaria una mayor pedagogía sobre los riesgos existentes en cada zona: "Protección Civil ya está haciendo este trabajo mediante los avisos (Es-Alert vía móvil), que deben servir para autoprotegernos".

La catedrática de Física de la Atmósfera de la Universitat de Barcelona (UB) Carme Llasat cree que los sistemas de alerta son realmente necesarios, sobre todo para salvar vidas humanas.

E insiste en que la comunicación es "fundamental" e implica "conocer el mensaje y poder llegar a todo el mundo": "esto requiere que todos, incluidos los medios de comunicación, hagamos un esfuerzo para transmitir, de forma preventiva, qué significan los avisos y las predicciones y qué comportamiento implican, y también en tiempo real para dar una respuesta rápida por parte de la población".

Las herramientas para prevenir fenómenos meteorológicos han evolucionado, aunque todavía no es posible lograr "una predicción perfecta".

"Existe un comportamiento caótico en la propia atmósfera que, por mucho que avance la informática, siempre dejará una parte de incertidumbre", concluye Llasat. EFE

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(Recursos de archivo en EFEservicios: 55021594081, 55021579884)

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