Laura Pérez, Premio Eisner 2026, lanza 'El iglú': con cada cómic me siento amateur

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Madrid, 16 sep (EFE).- 'El iglú' es la nueva novela gráfica de la ilustradora y Premio Eisner 2026 Laura Pérez, con la que se adentra en la infancia y la memoria con un estilo de viñetas mudas y poco diálogo con el que está muy cómoda, pero pese a su dilatada trayectoria, admite que con cada nuevo cómic se siente "una amateur".

 En una rueda de prensa para presentar la obra, editada por Salamandra Graphic y en librerías desde este jueves, el guionista Guillermo Corral van Damme explica que el cómic cuenta una historia muy personal que se remonta a su infancia en los años setenta cuando su padre fue contratado como psiquiatra en la ciudad suiza de La Chaux-de-Fonds.

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La Chaux, dice el guionista, es un lugar peculiar y la ciudad más alta de Suiza, conocida como 'la pequeña Siberia', hasta que el cambio climático trastocó todo.

En el cómic, el protagonista (Óscar), en plena crisis vital, regresa a la remota ciudad suiza en la que creció en los años setenta.

Sin embargo, las cosas ya no son lo que eran: el cambio climático ha acabado con las nevadas, las calles se han vuelto grises y Óscar no puede evitar sentirse como un fantasma deambulando entre sus propios recuerdos.

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Afirma el guionista que el cómic cuenta con un elemento psicoanalítico marcado por la infancia y es que en esa época de la vida hay más activación neuronal: "Es más intensa porque realmente lo es".

Dice el guionista, que el cómic tiene mucha viñeta y poco diálogo: una narración que recuerda al cine mudo porque "lo que se puede contar con una imagen, no se tiene que explicar con palabras" y ese recurso narrativo es "muy consciente".

Para la ilustradora, el personaje (Óscar) está en busca de respuestas y, por eso, el libro es lento y casi mudo, "aunque los diálogos que hay son esenciales".

Dice Laura Pérez que después de varios libros trabajando en solitario como 'Ocultos', 'Tótem' o 'Nocturnos' (Premio Eisner 2026), la propuesta de Guillermo le sedujo, pero sobre todo la libertad que le dio el escritor para llevarla "a su campo".

Afirma que el trabajo empezó primero con el color y luego con el guión y se desarrolló durante mucho tiempo de borradores con referencias cromáticas y con el cine como telón de fondo.

"Es el libro más bonito respecto al color de todos los que he hecho", admite.

"Hice muchos estudios en cuanto a las combinaciones que iban bien para la infancia con mucho color primario y mostrando la psicología de la persona desde el color, dando prioridad a las emociones".

Por su parte, el guionista reconoce que en la obra se hizo un "profundo proceso de depuración" hasta dejar el texto en lo mínimo, eliminando todo lo superfluo: "Se puede pensar que menos diálogo es menos trabajo, pero es todo lo contrario".

   Señala el escritor, que el iglú del cómic es la casa y la construcción simbólica del refugio para el amigo perdido.

  Corral insiste en que "lo más real que te ocurre en la vida es la infancia" y por eso el personaje está tan marcado por esa etapa.

   El guionista vivió en Suiza hasta la adolescencia y la vuelta a España fue traumática: "La España del 78, recién salida de la dictadura, no era la de ahora, y el contraste con Suiza fue tremendo. Perdí mis referencia y el mundo de infancia, al que no regresé hasta muchas décadas después".

  Desde entonces, dice, siempre me sentí un poco exiliado, sin importar donde estuviera. Cuando la infancia lleva aparejada el desarraigo y la pérdida de paisaje se convierte en una ausencia que te acompaña siempre". EFE

 (foto)

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