Carmen Rodríguez
Madrid, 12 ago (EFE).- El Sol ha dejado un agujero negro en medio del cielo, llevándose casi toda la luz del atardecer. Un eclipse total, no por esperado es menos sorprendente, sobre todo si se vive en el reducido espacio de una cabina de avión, dominada por la oscuridad y donde los pasajeros destacan la paz que han sentido.
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"Al principio me daba un poco de miedo por lo de los ojos, si no tenías cuidado. Pero luego me he quitado las gafas y me he sentido muy tranquilo, es muy bonito y ha merecido la pena verlo", dice a EFE Gonzalo, de 15 años.
Él es uno de los pasajeros de vuelo especial de Iberia 1473, en el que se ha observado el eclipse sobrevolando la provincia de Palencia a una altitud de 11.000 metros. Un trayecto donde el desafío era estar en el momento preciso sobre el sitio justo para lograr la mejor vista.
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Y así ha sido, el comandante Javier Lopera indicaba por megafonía que se había cumplido con el plan. Unas palabras que sacaron a los pasajeros de un relativo silencio mantenido durante dos minutos y siete segundos, los que ha durado la fase de totalidad, para estallar en un aplauso entusiasta.
El vuelo con salida y llegada en el aeropuerto de Madrid-Barajas había comenzado a las 18.45 horas con el objetivo no solo de lograr las mejores vistas, sin riesgo de nubes y con gran nitidez, sino también el de hacer ciencia a bordo.
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Todos esperaban con ansiedad el que se sabe que es el momento más especular. Observar la corona, un halo blanco que rodea el disco solar durante la totalidad y que solo se puede ver esas ocasiones.
Antes de llegar a ese momento y desde las ventanillas del Airbus de Iberia se veía como la Luna iba 'mordiendo' trozos de nuestra estrella y la cabina quedaba inundada de una luz metálica.
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Finalmente a las 20.29 horas se hizo prácticamente de noche durante más de dos minutos, en los que el punto negro en el que se había convertido el Sol, rodeado de una impresionante aura blanca, parecía haber crecido ante los ojos de los pasajeros vecinos de ventanillas.
Esa ha sido la duración más larga del eclipse en cualquier punto de la península ibérica, ha indicado a EFE el jefe de la expedición científica, Miquel Serra-Ricart, investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y líder de la iniciativa científica y educativa Sheilos.
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"La corona me ha parecido espectacular, ha sido muy limpia, probablemente porque estábamos a diez kilómetros de altura, y muy simétrica", dice a EFE, con ojo experto, después de haber visto 19 eclipses.
Pero su principal sentimiento es "de mucha satisfacción", porque el vuelo, la ruta y los experimentos a bordo se han desarrollado como estaba previsto.
Un compendio de emociones
La cabina de un avión es un lugar pequeño para más de 60 personas, equipos técnicos y un grupo de informadores intentado ir todos por el mismo pasillo. Por eso, cuando el Sol se 'funde a negro' se convierte en un compendio de emociones humanas.
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"Al principio estaba nerviosa, pero a media que pasaban los segundos he estado muy tranquila. Ha sido un momento interior de mucha tranquilidad", dice a EFE Cristina, de la asociación Sheilos. "Ha sido impresionante", no me lo esperaba así, me he quedado en shock", agrega su hija, del mismo nombre.
Adela apela a la misma sensación de "serenidad", que describe como "un bálsamo, una fuerza que no sabría explicar", y agrega que lo que más le impresiona de los eclipses es la luz, al igual que a Miguel.
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A este pasajero le ha sorprendido mucho verlo desde el avión, primero "con un poco de nerviosismo", pero luego es "alegría, emoción y a la vez paz".
Entre los investigadores a bordo, Carlos Rodríguez es doctor en aprendizaje experiencial y ha puesto en marcha el proyecto Corona, un estudio colectivo sobre las emociones y los sentimientos tanto en el avión como en tierra.
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Los primeros datos que recibe aún a bordo dicen que tanto allí como en el suelo las expresiones coincidentes señalan que ha sido una experiencia "muy agradable" y "muy energético" y las palabras más usadas son "asombro", "admiración, "euforia" y "alegría", indica Rodríguez.
Además, destaca que en el vuelo no ha habido ni gritos, ni abrazos, ni exclamaciones, quizás porque antes se había pedido un poco de calma para molestar lo menos posible al resto de los científicos a bordo.
Los investigadores, equipados con cámaras especiales y un telescopio de alta resolución, han registrado imágenes de alta resolución para documentar la morfología de la corona solar, el entorno del solar y los planetas, entre otro proyectos.
Una vez pasada la serenidad de la fase de totalidad, cuando el rápido amanecer invade la cabina del avión, casi todos los pasajeros conversan sobre lo vivido y comparten, entre sí y con los que han quedado en tierra, las fotos y vídeos de ese momento "único" vivido a 11.000 metros de altitud".
cr/mam
(foto) (vídeo)
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