‘Bacanal’ cuestiona las jerarquías sociales frente a un público unido por sus voces

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Paloma Palomo

Mérida, 22 jul (EFE).- ‘Bacanal’ ha cuestionado jerarquías, los sentidos y la libertad a través de un ritual báquico en el que el público -vestido de blanco por petición de la dirección- ha sido partícipe del descontrol a través de la unión de sus voces.

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El autor del texto, Juan Carlos Rubio, y el director del espectáculo, Chevi Muraday, han compaginado a la perfección la influencia de mitos y autores como Homero para articular la esencia del cuerpo, el movimiento y la opresión que el poder puede llegar a ejercer sobre la sociedad.

En un viaje entre la prohibición de las bacanales por parte del Senado romano, Carlos Hipólito da vida al dios griego Dionisio que es rescatado de la sobriedad y el control por su alter ego romano: Baco, interpretado por el propio Muraday, para invitarle a pasar al otro lado de la balanza y revivir su era dorada como semidios.

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La escenografía y la danza, extremadamente física, han puesto sobre el Teatro Romano todo aquello que la palabra no ha podido descifrar. De igual manera, se ha confabulado para ser el punto de encuentro en que se humaniza una ceremonia que hace siglos habría desafiado la censura por recordar los estigmas, pasiones y resistencias de unas bacantes, encarnadas por Juana Acosta, Toni Acosta y Elisa Hipólito, que anhelaron vivir con emoción.

El público se ha sumido de lleno en la historia no solo a través del color más puro, el blanco, sino que también ha clamado por la vida con un sonado “tu cuerpo es tu voz, muévete, respira, grita o calla, pero nunca permanezcas muerto" como señal de libertad.

Frente a la tiranía implacable y la moral estricta de una Roma que busca silenciar el goce, los devotos de ambos dioses empiezan su rebelión. Las voces de los Hipólito y las Acosta han cargado de determinación a sus personajes con un discurso sobre la dignidad, la soberanía de su propio cuerpo y los derechos del libre albedrío que -irremediablemente- pagarán con su libertad.

El elenco le ha devuelto esta noche la fuerza a Dionisio y Baco para revivir el pasado de sus bacantes, Ágave, Ino y Autónoe, en un teatro improvisado dentro del propio escenario gracias a la invocación del dios del tiempo, Cronos.

Espacio que, a ojos del dios del vino, ha sido “uno de sus más fabulosos inventos”, pues “nos permite acercarnos a la catarsis”, que cobra más fuerza al acompañarse de una composición musical que se acerca a lo psicodélico.

La propuesta de Muraday y Rubio otorga todo el peso dramático al descubrimiento de los personajes y su verdad mientras que Baco y Dionisio asumen el papel de narradores. Así, ambos han transportado al público a las historias de sus bacantes y como sus bacanales y fiestas fueron prohibidas.

Con ímpetu, los bailarines han acompañado a los personajes en su viaje al pasado con el fin de revivir su identidad a través de la música, pues "la vida necesita ritmo”. Las bacantes, han alentado a toda la grada a desprenderse de las ataduras y han recordado que el poder no quiere una sociedad “libre”, la quiere “inmóvil”.

Por esta razón, la resistencia humana siempre podrá empezar "con un cuerpo que no puede parar de bailar" durante un espectáculo en el que el “manifiesto bacanal” del público ha sido “más aberrante y peligroso que el antiguo rito prohibido” según los senadores romanos.

La obra ha cuestionado en qué momento la sociedad confundió la norma con la virtud y lanza al aire una proclama literal que permanece a lo largo del espectáculo: "olvidad la violencia como llave de libertad".

Mientras tanto, los bailarines han acompañado la historia con sus movimientos para transitar por la metamorfosis del rito y sus protagonistas.

El final se ha coronado con una bacanal llena de movimientos acompasados y luz como símbolo de la fiesta de los excesos junto a una voz que ha reconocido a grandes figuras femeninas de la historia como Juana I de Castilla, Marie Curie o Chavela Vargas como un paralelismo a esas bacantes. EFE

pmp/fp

(foto)

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