Madrid, 15 jul (EFE).- Un contaminante atmosférico, que hasta ahora había pasado bastante desapercibido, amenaza la calidad del aire, especialmente en países del sur de Europa como España: el polvo del desierto africano, que ha aumentado entre un 10 % y un 25 % en la última década, según ha constatado un estudio con participación española.
"En España, aproximadamente un tercio del año registramos episodios de polvo sahariano que, en un porcentaje importante de casos, provoca que se supere el límite diario de partículas en suspensión (PM) para la protección de la salud", subraya Xavier Querol, uno de los autores de la investigación recogida este miércoles en la revista Nature.
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El trabajo ha combinado datos de más de 100 estaciones de medición durante los últimos diez años con técnicas de inteligencia artificial para averiguar cómo ha evolucionado la presencia de polvo del desierto, y en él ha participado el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC), al que está afiliado Querol.
El análisis de esos datos indica que en el sur de Europa, la concentración media de polvo del desierto es de 5,3 microgramos por metro cúbico de aire (μg/m³), más del doble que en el centro y el norte del continente, donde se midió una media de 2,1 microgramos.
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En general, la cantidad de polvo ha aumentado en aproximadamente 0,5 microgramos por metro cúbico en Europa en los últimos diez años.
La península Ibérica y los archipiélagos sufren este fenómeno con especial intensidad: "Los vientos alisios transportan el polvo africano hacia el Caribe, afectando a Canarias, pero hay situaciones meteorológicas determinadas, como un anticiclón en el norte de África o una baja presión en el cabo de San Vicente, que arrastran este flujo directamente hacia la península”, explica Querol.
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Según los datos del IDAEA-CSIC, la frecuencia de estos episodios de contaminación por polvo del desierto es máxima en Canarias, afectando el 40 % de los días del año. En el sur de la península representa un 35 % de los días y en el noreste, alrededor de un 25-30 %.
"Hablamos de episodios que pueden ser extremadamente agudos", advierte Querol, quien recuerda que la Directiva Europea de Calidad del Aire sugiere no superar los 50 microgramos por metro cúbico diarios de partículas en suspensión inferiores a 10 micras (PM10), y los días de episodios severos se han llegado a registrar 3.000 microgramos por metro cúbico diarios de PM10 en Almería, y más de 1.000 en el centro peninsular.
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Portugal, Italia, el oeste de Francia y Grecia son los otros países donde más ha aumentado la contaminación por partículas de polvo del desierto, ya que las masas de aire procedentes del Sáhara suelen dirigirse hacia el Atlántico y luego giran de nuevo hacia el norte, en dirección a Europa occidental, como relata el investigador del IDAEA-CSIC.
Querol y sus colegas tienen bien identificada la causa de esta mayor presencia de polvo del desierto. Por una parte, el cambio climático ha alterado los patrones de circulación atmosférica que está atrayendo masas de aire africanas hacia Europa, y, por otra, ha desecado más zonas del norte de África generando más emisiones de polvo.
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"El aumento del polvo del desierto se ve facilitado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero y el calentamiento global asociado. Esto provoca condiciones más secas en ciertas regiones y la expansión de los desiertos", apunta otro de los autores, Kaspar Dällenbach, investigador del Instituto Paul Scherrer de Suiza.
Los investigadores recuerdan que los efectos a largo plazo del polvo del desierto pueden provocar neumoconiosis, asma o bronquitis crónica, entre otros.
El aumento inmediato de la mortalidad en los días con niveles elevados de polvo del desierto en el aire está bien documentado: muere un número mayor de personas como consecuencia de infartos y problemas respiratorios esas jornadas respecto a otras en las que no hay polvo.
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El IDAEA-CSIC, junto con el Instituto de Salud global de Barcelona (ISGlobal), ya publicó un estudio en 2008 evidenciando que la mortalidad incrementaba en días de episodio africano respecto al resto de las jornadas.
Los autores inciden en la necesidad de establecer sistemas de alerta para concentraciones elevadas en toda Europa, similares a los que se utilizan para los episodios de contaminación urbanos, de modo que las personas especialmente sensibles (niños, mayores o personas con afecciones respiratorias y cardiovasculares) puedan tomar precauciones.
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En España desde el año 2001, el IDAEA-CSIC envía predicciones con 24 horas de antelación a más de 250 direcciones, incluyendo redes de calidad del aire, hospitales y sociedades de alergología, lo que permite a los colectivos más vulnerables tomar medidas preventivas frente a la llegada del polvo sahariano.EFE
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