Los corrales en Pamplona, del campo al centro de la ciudad durante los Sanfermines

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Jon Aristu

Pamplona, 8 jul (EFE).- Mientras la ciudad se encuentra en plena ebullición festiva por los Sanfermines durante las últimas horas del día, sucede el encierrillo, el traslado nocturno de los toros desde los Corrales del Gas hasta los de Santo Domingo, una tradición silenciosa que mantiene intacta la esencia ganadera de la fiesta y que, desde hace más de un siglo, prepara el encierro del día siguiente.

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Pasadas las diez de la noche, seis toros y seis cabestros abandonan los Corrales del Gas guiados únicamente por los pastores. Sin corredores, sin gritos y con el sonido de las pezuñas sobre el asfalto como único protagonista, la manada asciende por la cuesta de Santo Domingo hasta descansar en los corrales desde donde partirá el encierro de la mañana siguiente.

"La labor es muy parecida tanto en el encierrillo como en el encierro: dirigir la manada en el menor tiempo posible a sus diferentes trayectos", explica el pastor Alberto Pérez Garayoa, natural de Tafalla y uno de los veteranos del equipo, que este año cumple 25 años participando en los Sanfermines. "En el encierrillo desde el Corral del Gas hasta Santo Domingo y en el encierro desde ahí hasta la Plaza de Toros".

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Aunque el protagonismo mediático lo acapara el encierro, la historia comienza varios días antes en los Corrales del Gas, unas instalaciones municipales cuya gestión corresponde a la Casa de Misericordia.

"Durante el año prácticamente no se utilizan y cuando nos acercamos a San Fermín su función es alojar los toros que van a lidiarse en las corridas", explica Mariano Pascal, responsable de Comunicación de la Casa de Misericordia. Allí llegan los animales procedentes de las ganaderías y se realiza el pesaje de cada toro al bajar del camión.

Su nombre recuerda a la antigua fábrica de gas que ocupaba esa zona de la Rochapea. "Se empiezan a utilizar a finales del siglo XIX, cuando comienzan a llegar ganaderías que no eran navarras", relata Pascal. Desde entonces han cambiado de ubicación y aspecto, adaptándose al desarrollo urbanístico del barrio, aunque sin alterar el recorrido del encierrillo.

Existe entre muchos aficionados la creencia de que el comportamiento de los toros durante la noche permite adivinar cómo será el encierro.

Pérez Garayoa no comparte esa teoría. "Creo que es un mito", asegura. "Sí que ha habido momentos puntuales en los que un toro ha marcado alguna intención que luego se ha repetido por la mañana, pero en el 90 % de las veces es un mito".

El encierrillo también atrae cada año a algunos de los matadores que torearán durante la feria. "El maestro Escribano, Román o Juan de Castilla han venido alguna vez a colaborar con nosotros", recuerda Pérez Garayoa.

Eso sí, siempre bajo las órdenes de los pastores. "Primero preguntan dónde no molestan", explica. "Si quieren correr, se les pone en un tramo relativamente sencillo para que también disfruten del contacto con la manada".

La supervivencia de este acto no siempre estuvo garantizada. Pascal recuerda que en distintas épocas se planteó construir nuevos corrales para eliminar el traslado nocturno e incluso hubo un debate municipal para suprimirlo y evitar los cortes de tráfico en la Rochapea.

"Aquí sigue, que en Pamplona lo que se convierte en tradición el segundo año ya no desaparece", resume.

La historia también ha dejado episodios insólitos, como el de 1969, cuando un séptimo toro llegó por error a Santo Domingo y fue necesario organizar un "encierrillo inverso" de madrugada para devolverlo a los Corrales del Gas y volver a subir toda la manada antes del amanecer.

Para Pascal, esa es precisamente la esencia del encierrillo. "No deja de ser una estampa arcaica: el campo metido en la ciudad, subiendo los toros por la cuesta en silencio, solo acompañados por los pastores", explica.

Un instante casi secreto dentro de unas fiestas multitudinarias que recuerda que, antes del estruendo del cohete, de los corredores vestidos de blanco y del bullicio de cada mañana, el encierro comienza muchas horas antes, en la calma de una noche pamplonesa. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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