Diez años de la refundación de Convergència: ¿operación inevitable o error de cálculo?

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Roger Mateos

Barcelona, 5 jul (EFE).- "Estamos más enamorados de Cataluña que de un partido": con estas palabras, Artur Mas se despedía de Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y validaba la decisión de enterrar esas siglas para refundarlas en un nuevo proyecto.

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Eran las cuatro de la tarde del 8 de julio de 2016 y CDC celebraba su congreso de disolución, cuatro horas antes de que arrancara allí mismo, en el Centro de Convenciones Internacional de Barcelona, el cónclave fundacional del partido en el que debía reencarnarse Convergència.

Diez años después, exdirigentes como Artur Mas, Jordi Turull, Josep Rull, Francesc Sánchez o David Bonvehí, consultados por EFE, reflexionan sobre la decisión de bajar la persiana a 42 años de historia de una formación que fue hegemónica en Cataluña, para alumbrar el PDeCAT, que tuvo una corta y deslucida trayectoria.

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"Siempre dije que sacrificar la herramienta, CDC, tenía que servir para salvar el proyecto de país que representaba Convergència. Diez años después, la cuestión no es arrepentirse o no, sino recuperar plenamente el proyecto convergente, puesto al día", señala Mas.

En la política actual, Mas echa de menos "la capacidad de negociación y de pacto que tenía Convergència", que convivió durante décadas con Unió y llegó a acuerdos con ERC, con el PSC, con el PP e incluso "con algunos sectores de la CUP".

Echa en falta la "previsibilidad" que tenía Convergència: "Se podía intuir qué defendería en cada momento. Confío en que Junts acabará recuperando todo el mejor legado de Convergència", añade.

Jordi Turull, que en 2016 figuró en las quinielas para liderar el nuevo partido aunque al final dejó vía libre al tándem Marta Pascal-David Bonvehí, subraya: "No fui partidario de cerrar Convergència, creo que se tomó una decisión estructural por motivos coyunturales".

El ahora secretario general de Junts recuerda que entonces había un "acoso judicial", alentado desde "las cloacas del Estado", contra una CDC que, además, sufría el desgaste por los recortes durante el Govern de CiU.

"Todo esto llevó a una decisión de muy pocos que nadie entendió. Por eso, no deja de sorprender que quienes decidieron cerrar CDC ahora apelen al retorno de Convergència, cuando el contexto social y político ha cambiado radicalmente", afirma Turull, convencido de que quien hoy "sintetiza mejor" los valores de ese catalanismo es JxCat.

Coincide con él Josep Rull, que fue coordinador general de CDC y ahora preside el Parlament: JxCat ha heredado "la manera de hacer convergente" y los valores de "sumar, integrar, construir y servir al país", opina, aunque "quizá sobra exclusión y desarraigo y falta convicción a la hora de defender aquella idea de que sumar es más importante que restar, hacer es más importante que deshacer".

¿Fue un error disolver Convergència? "Seguramente fue una decisión poco acertada, que se precipitó por un contexto muy concreto".

Francesc Sánchez, que fue coordinador de régimen interno de CDC y que durante la fase precongresual desempeñó funciones equivalentes a la secretaría general, recuerda que dos meses antes del cónclave se organizó una consulta interna en la que un 67 % apoyó la idea de fundar un nuevo partido: "Erramos a la hora de no valorar que más de un 30 % de los militantes dijeron 'no' a cambiar el nombre", apunta.

"Seguramente, la situación compleja que atravesaba el partido nos llevó a tomar una decisión que entonces podía parecer acertada, pero que ahora se ve que no fue la mejor solución", razona.

Marta Pascal, que tomó las riendas del PDeCAT tras su fundación, subraya que CDC "necesitaba una actualización de liderazgos, una puesta al día de su ideario", pero "fue un error cerrarla".

"Al hacerla desaparecer como partido, los catalanes han perdido el punto de referencia de esta manera de hacer política", añade Pascal, que ahora echa en falta "la centralidad y el pragmatismo" de CDC.

Para David Bonvehí, primer coordinador organizativo del PDeCAT, "lo que fue un error fue renunciar al legado, la trayectoria, la forma de hacer y los éxitos de Convergència, querer desmarcarse de todo esto".

"Algunos no estuvimos de acuerdo con esto", recalca Bonvehí, que valora cómo Convergència combinaba "radicalidad en los objetivos y pragmatismo en las actuaciones", actuando con "sentido de país, sin renunciar a ningún espacio de poder político e institucional". EFE

(Recursos de archivo en www.lafototeca.com cód 21862442 y otros)

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