El día que Barcelona se detuvo para ver salir el Tour

Guardar
Google icon

Adrián Vázquez

Barcelona, 4 jul (EFE).- Barcelona vivió este sábado una jornada para el recuerdo al organizar por primera vez el 'Grand Départ' del Tour de Francia, cuya primera etapa, una contrarreloj por equipos que se llevó el Visma, alteró durante unas horas el pulso habitual de la ciudad en una tarde de julio.

PUBLICIDAD

La ciudad se paralizó para contemplar el espectáculo. Las calles desaparecieron bajo kilómetros de vallas, cintas de seguridad y señalizaciones provisionales. El tráfico se esfumó en las principales arterias de la ciudad por las que pasaron los 23 equipos a lo largo de un recorrido de 19,6 kilómetros.

El sonido de los coches fue sustituido por el de los helicópteros, los altavoces de la organización y las conversaciones en decenas de idiomas distintos. Todo estuvo preparado para que el Tour echara a rodar por primera vez desde la capital catalana.

PUBLICIDAD

No era para menos. Barcelona no acogía, seguramente, un acontecimiento deportivo de esta dimensión desde los Juegos Olímpicos de 1992. Más de tres décadas después de la cita olímpica, 120.000 personas, según la Guardia Urbana, salieron a las calles de la ciudad.

 Bajo el intenso sol de Barcelona, aficionados de todas las nacionalidades se apretaron junto a las vallas para asegurarse una buena posición desde la que asistir al inicio de una jornada histórica.

Los balcones se convirtieron en palcos improvisados y las aceras, en una sucesión de banderas, cámaras y teléfonos móviles preparados para inmortalizar el momento. Hubo quienes esperaron horas apostados en enclaves como el paseo de Gràcia, la Sagrada Família o la subida a Montjuïc, donde se concentró buena parte del público.

El Parc del Fòrum, escenario habitual de festivales y citas gastronómicas, había cambiado de piel. Este sábado el protagonismo fue para los autobuses de los equipos, las carpas de los patrocinadores y decenas de bicicletas perfectamente alineadas.

Los mecánicos afinaron hasta el último detalle, los directores deportivos repasaron estrategias y los ciclistas permanecieron concentrados, aislados bajo unos auriculares o combatiendo el calor con agua congelada, a escasos metros de cientos de aficionados que esperaban para verlos pasar unos segundos.

Entre quienes buscaron un hueco junto a la rampa de salida estuvieron Donald y Santiago, dos amigos costarricenses que cruzaron el Atlántico para cumplir una promesa que llevaban años haciéndose a sí mismos.

Ambos contaron que eran ciclistas desde la infancia y que aquel viaje era el resultado de "todo un año ahorrando" para poder vivir de cerca la carrera más importante del mundo.

No habían venido únicamente para presenciar la salida. Su plan era seguir el pelotón durante buena parte de la ronda francesa. Han alquilado una autocaravana para recorrer las carreteras por las que discurrirá la carrera con el objetivo de estar en la etapa reina y, si todo sale como esperaban, llegar hasta París.

"El ciclismo se lleva en la sangre, se nace ciclista y es un sentimiento que sólo el que lo comparte conoce esta locura", afirmó Santiago, convencido de que la pasión por este deporte no se explicaba, sino que se vivía.

A pocos metros apareció un grupo de aficionados mexicanos que tampoco quiso perderse el estreno del Tour. Habían viajado desde el Estado de México con un objetivo muy concreto: arropar a Isaac del Toro, ciclista del UAE Team Emirates XRG, en su debut en la ronda francesa.

"Vendimos el coche para venir a ver a Isaac del Toro a Barcelona todos mis amigos", contó José Luis, uno de ellos, que ven en el joven corredor la continuidad de una tradición ciclista mexicana que tuvo referentes como Raúl Alcalá.

Entre el público también se encontraban Andrés y Daniela, una pareja colombiana que había aprovechado un viaje por Europa para hacer una parada obligada en Barcelona. Su itinerario tenía un motivo muy concreto: asistir a la salida del Tour de Francia y animar a los ciclistas de su país.

"Me enganché desde que Nairo Quintana empezó a ganar en el Tour de Francia y a ser una referencia para el ciclismo. Ha sido increíble toda esta generación", recordó Andrés, convencido de que la irrupción del boyacense marcó un antes y un después para la afición colombiana y abrió el camino a los ciclistas que habían tomado el relevo.

A las 17:05, el Caja Rural-Seguros RGA, debutante en la ronda francesa, inauguró oficialmente la carrera. El reloj empezó a correr. También la historia. Con su salida, lo que durante años había sido un deseo de las instituciones y de los aficionados ya era una realidad.

La contrarreloj por equipos recorrió una Barcelona volcada con el acontecimiento. El trazado, prácticamente llano, acompañó la línea del Mediterráneo antes de internarse por algunas de las avenidas más emblemáticas de la ciudad hasta regalar la imagen que todos esperaban: el paso frente a la Sagrada Família.

Durante unos segundos, el ciclismo y Barcelona se fundieron en una misma postal. Las bicicletas volaron bajo las torres de Gaudí mientras cientos de teléfonos móviles y cámaras buscaron inmortalizar un instante que ya pertenecía a la historia del Tour.

La carrera continuó hacia Montjuïc, donde el cronómetro empezó a dictar las primeras diferencias. Pero para quienes habían llenado las calles de Barcelona desde media tarde, el resultado -Jonas Vingegaard, doble campeón de la prueba francesa se enfundó el maillot amarillo- pasó a un segundo plano. EFE

avm/vmc/jl

(foto)

(video)

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD