Policías LGTBI+ que forman a sus compañeros: "Avanzamos, pero está la casa sin barrer"

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Adrián Masa de Vega

Madrid, 3 jun (EFE).- Begoña, Elena y Rufino son policías del colectivo LGTBI+ y llevan 12 años dedicados a concienciar sobre la diversidad dentro y fuera de la Policía Nacional y formando en su tiempo libre a otros agentes. Han cosechado avances, pero reconocen que "de puertas para adentro todavía está la casa sin barrer".

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La historia de un compañero que quería denunciar a su novio por violencia intragénero, pero no se atrevía por las consecuencias que podría tener dentro de la Policía, les llevó a fundar LGTBIPol, según han señalado en una entrevista con EFE.

"Si a un policía le da miedo denunciar, qué no se le pasará por la cabeza a cualquier ciudadano", dice Begoña Gallego, presidenta de la asociación, que entiende LGTBIPol no solo como un colectivo "de cara a la Policía", sino encaminado a que la gente "pierda el miedo a la labor policial".

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Gallego tiene 52 años, es lesbiana y, desde hace 24, policía. Actualmente trabaja en Participación Ciudadana, tras cinco años en la Unidad de Atención a la Familia y Mujer (UFAM) y después de pasar por la Comisaría del Congreso de los Diputados y por el País Vasco dentro de la lucha antiterrorista contra ETA.

Esta agente gaditana ve la asociación como un "puente" entre la sociedad y la Policía y una herramienta de concienciación, visibilidad y, sobre todo, formación de los compañeros en diversidad sexual o delitos de odio.

Gallego comprende que "el uniforme echa para atrás", pero para "significarse" siempre lleva en su muñeca una bandera LGTBI+: "Que te atienda una policía y le veas la bandera, si has sido víctima de un delito de odio, te tranquiliza", añade.

"La ciudadanía todavía nos ve como matones", indica la policía para añadir que "hay muchos compañeros que son como 'madelmans' y muy poco empáticos, pero también muchísima gente dispuesta a entender".

Vivir dentro de la Policía como una persona abiertamente homosexual es, a juicio de Gallego, tan difícil como hacerlo fuera: "La Policía es un reflejo de la sociedad y hay tanta homofobia como en ella".

Por su parte, Elena Sánchez, de 49 años, policía desde 2007 y ahora en la División de Cooperación Internacional, advierte de que la formación que dan a sus compañeros a veces no llega a aquellos que están en la calle o que tienen trato directo con la ciudadanía.

"La Policía evoluciona gracias a estas formaciones y hemos contribuido a un avance legislativo, pero eso es la teoría y, de puertas para adentro, tenemos la casa sin barrer", dice la agente.

La formación a otros agentes es especialmente importante para Sánchez, ya que una sola mala praxis al recoger una denuncia "deja mal a todo el cuerpo": "Es muy dañino que un compañero poco formado o totalmente ideologizado penalice a la policía. Deben tener un trato exquisito", añade.

Esta policía alerta de que la polarización social también ha llegado a las comisarías hasta el punto de que muchos agentes "son incapaces de discernir entre personas e ideologías políticas", a lo que añade que las víctimas "no tienen nada que ver con los colores de los partidos".

Sánchez matiza que el carácter "masculinizado" de la profesión provoca que hombres homosexuales "no encajen, sobre todo en unidades operativas".

Y a este respecto, Rufino Arco, hombre gay de 43 años que lleva 18 en el Cuerpo y que está desplegado en el servicio de seguridad de la Embajada de España en La Habana (Cuba), cree que llegará el día en el que haya agentes de la Unidad de Intervención Policial -antidisturbios- abiertamente homosexuales.

Arco cumplió funciones en el área de Derechos Humanos y relata que, cuando ingresó en la Escuela de Policía de Ávila, estuvo unos meses sin revelar su orientación sexual. "La gente cercana te apoya, pero los chascarrillos no desaparecen", dice.

Este granadino también opina que la "masculinidad hegemónica" impera en la Policía, pero "no hace falta ser un bigardo de dos metros para ser un buen agente".

Arco indica que los mayores retos que enfrenta la institución son sacar del "cajón" los protocolos sobre delitos de odio, que "llevan años allí", y abordar el ingreso de las personas trans en el Cuerpo.

Por su parte, Gallego señala que lo que les gustaría es "dejar de existir: que no tenga que haber una asociación que luche por los derechos de las personas LGTBI; que la Policía llegue a ser autónoma y dejemos de ser necesarios", concluye. EFE

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