Javier Herrero
Madrid, 23 jun (EFE).- Convertido en uno de los grandes guitarristas flamencos, Vicente Amigo sale de gira este jueves para conmemorar los 40 años de trayectoria que pronto cumplirá desde su primer premio en el Festival del Cante de las Minas de la Unión en 1988 siendo un joven al que, siendo sinceros, reconoce extrañar.
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"En aquel momento tenía yo una energía quizás más positiva que ahora, porque con el pasar de los años se va contaminando de muchas cosas y al final esta es una lucha por reencontrarte con el niño que fuiste", reflexiona el sevillano en una charla con EFE, quien, con todo, hace un balance optimista y agradecido de su carrera.
En esa onda sincera, confiesa que ha habido momentos en los que ha perdido la ilusión. "En todos los trabajos hay algo con lo que apechugar y en mi caso está el tema del público, el de salir y tener que estar lo mejor posible, que no es lo mismo que estar componiendo en casa", dice.
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"Yo la actuación la disfruto, pero cuando consigo con la mente estar donde quiero, porque es cuando realmente le das al público lo mejor de ti. Es cuando no te importa nada lo que esté sucediendo, porque has llegado a ese punto de seguridad, de poder echar a volar donde todo fluye y da igual si te equivocas", explica.
Para quien esta profesión es un aprendizaje constante, señala que lo que le queda por aprender "es que fuera de la música hay vida". "Y en eso estoy, pero cuando llegan estos momentos de que tienes que estar ahí, salir a la palestra... ¡Uf! Ahí en la convivencia saltan chispas algunas veces y la culpa es mía", comenta honesto.
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Dice Vicente Amigo (Guadalcanal, 1967) que su gran modelo a seguir fue el de Paco de Lucía, aunque señala a otros maestros como Manolo Sanlúcar, el Niño Miguel o Serranito, también Rafael Riqueni o Cañizares e incluso talentos más jóvenes como Antonio Rey o Diego del Morao, en una larga lista que le cuesta concluir.
Solo se muestra crítico con un cambio que ha visto en estos años: "Se llama flamenco a algo que no lo es, que no se hace desde el conocimiento del flamenco, que se pone una letra con una cadencia de cuatro notas ordenadas y se imita una voz flamenca mezclada con no sé qué y se dice que es fusión flamenca. Suena flamenco, pero el flamenco es una música muy seria, que puede ser muy alegre, pero que es una forma de sentir, tiene unas reglas y hay que profundizar para poder hacer luego esa fusión".
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En el debate sobre la maestría, afirma que "la música es una forma de pensar y la vida también es una forma de ordenar las notas, con gente que tiene una capacidad natural para ello". Entre el pudor y la modestia, pasa a definir cuál sería su propio legado en la música.
"Creo que es el qué y el cómo. Supongo que hay una semilla ahí que se planta en su momento, que tiene que ver con una cosa rítmica pero también melódica, de concepto y quizás de mensaje", indica quien además entiende su profesión de guitarrista como "un deporte" en el que no hay que bajar la guardia en la práctica para sobrellevar las huellas que deja el tiempo en el cuerpo de la manera "más digna".
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Su futuro, añade, se lo imagina "tranquilito y en paz, sin estrés", pero de momento este jueves y viernes inicia su gira de aniversario con sendos conciertos en Córdoba, a los que seguirá su participación en Galapajazz en Madrid el 3 de julio, el 25 de septiembre en Málaga y el 7 de octubre en Zaragoza, por citar algunos.
Siempre con mil planes en el cajón, entre ellos el de poder "componer cosas" junto a Pablo Alborán, con el que compartió uno de los últimos temas del malagueño, 'Planta 7', el más inmediato es concluir el disco conjunto con José Mercé, el que podría ser el último del cantaor. "A ver si este año lo terminamos porque lo tengo más o menos compuesto, pero tenemos que ponernos a grabar", dice. EFE
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(foto)(vídeo)
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