Mayte Gómez Molina se enfrenta a la mirada de los demás en 'La boca llena de trigo'

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Carmen Sigüenza

Madrid, 13 jun (EFE).- La necesidad de validación externa, que te quieran, el miedo al rechazo y una artista en crisis son algunos de los temas que trata la artista digital Mayte Gómez Molina en 'La boca llena de trigo', su primera novela y uno de los libros con más éxito por el boca a oreja y las grandes reseñas.

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Pero también 'La boca llena de trigo' (Anagrama) es un retrato del mundo del arte, con su grandeza y con su lado más cruel, como el de la competitividad, o el poder de marchantes y galeristas.

Gómez Molina, nacida en Madrid en 1993 "por accidente", granadina por sangre y residente en Alemania, siempre había querido ser pintora. "Ahora he pintado un cuadro a partir de la escritura", explica a EFE.

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Poeta, ganó el Premio Nacional de Poesía Joven en 2023 por 'Los trabajos sin Hércules', Gómez Molina ha volcado toda su experiencia en este contexto artístico -aunque podía haber sido cualquier otro, aclara-, para indagar en la necesidad de sentirse aceptada y querida.

"Desde niña -argumenta- sé lo que es sentir el rechazo y creo que nace de un sentimiento muy antiguo, y del hecho de no acabar de estar a gusto habitando mi cuerpo, de no saber muy bien quién soy, porque siempre me he enfrentado a la mirada de los demás. Soy una persona que, desgraciadamente, desde muy joven empecé a sufrir un trastorno de alimentación".

"Con los años estoy bien, sana, y he podido salir, pero a partir de ganar el Nacional de Poesía Joven, que no lo esperaba, pensé:'Qué bien, pero ahora me van a odiar, me van a cuestionar'. Alguien había dicho que mi poesía era buena; pero otros dirán que no', y de ese sentimiento, que he reconocido en tantas mujeres y amigas, que cuando les pasa algo bueno se sienten culpables, nace este libro".

Para construir este friso emocional, Gómez Molina eligió a una artista precaria y en crisis, a la que escoge la galerista más importante del país y con la que firma un contrato. El bloqueo, el miedo a la mirada externa, el sentimiento de éxito no merecido, la anorexia o la pérdida de una amiga, todo se le pondrá bocarriba y conectará con su infancia.

"Creo que hay heridas eternas, pienso que uno siempre se queda en la edad en la que le hirieron por primera vez, luego trabajas para salir de esa herida. Te comportas como un adulto funcional, pero hay un niño en ti que está herido exactamente en el momento en el que le hicieron mucho daño por primera vez. Siempre estamos luchando por cómo resolver ese daño", considera.

Con una prosa muy poética, Gómez Molina atraviesa la idea constante del miedo a decepcionar y de cómo relacionarse con el mundo. Habla de la necesidad de estar en soledad trabajando y luego tener que salir para que te vean y te validen, porque, si no, desapareces.

"Creo que todos estamos en eso, y no solo en el arte, y pasa ahora con las redes mucho más, porque mi trabajo, si no se ve, parece que no existe. Tienes que estar siempre visible y mostrándote y eso es una presión, y más en mi generación". La autora también muestra aquí la precariedad de la generación milenial.

Pintar, escribir para que te quieran, como ya dijo Gabriel García Márquez o Luis Mateo Díez -"solo escribo para que la gente me quiera"-, es lo que subyace en 'La boca llena de trigo'.

"Hacemos las cosas para que nos quieran, y no solo en el arte, y sí hacemos una especie de ofrenda con él, porque tenemos sobreidentificación con el trabajo, y si tienes necesidad de amor también la intentarás salvar a través de tu trabajo", concluye. EFE

(Foto) (Vídeo) (Audio)

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