Carlos Expósito
Roma, 8 jun (EFE).- Las nuevas generaciones del fútbol italiano, con la selección sub-17 campeona de Europa y con una absoluta renovada, toman el relevo y la responsabilidad de devolver la esperanza a un equipo nacional sumido en una profunda crisis, sin Mundial por tercera vez consecutiva, y a un 'calcio' mermado por la gestión pobre de su talento joven.
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Un soplo de aire nuevo y de ilusión recorre el fútbol italiano después de que la selección sub-17 ganara el europeo ante Bélgica el pasado domingo y de que las nuevas caras jóvenes lograran la victoria en los dos amistosos que jugó la absoluta contra Luxemburgo y Grecia.
La tetracampeona mundial, una histórica del fútbol, lleva años sin dar con la tecla, con la excepción de la Eurocopa de 2021. Entre cambios en el banquillo, una gestión irregular y el peso de los fantasmas del pasado, la selección vive inmersa en la inestabilidad y los aficionados ven en los jóvenes un oasis de cara al futuro.
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Uno de los nombres que más resonó en los últimos días fue el del delantero del Inter de Milan Pio Esposito, protagonista de los tantos que dieron la victoria a la 'Azzurra' en los dos amistosos que cerraron una temporada para olvidar. Esposito, de una familia de futbolistas -sus hermanos también juegan en la Serie A-, lideró una selección que no superó los 21 años de media de edad.
En los partidos ante las selecciones luxemburguesa y griega, Italia no se convirtió, de repente, en la selección de Paolo Rossi de 1982, pero sí fue resolutiva y eficaz, aspectos que le faltaron en los partidos previos de clasificación para el Mundial.
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La 'nazionale' italiana, con Silvio Baldini, -seleccionador de la sub-21, como entrenador interino, demostró que tiene futuro. Los que hasta hace nada eran 'azzurrini' saltaron al campo decididos a asumir el relevo y a enviar el mensaje de que quieren devolver a Italia al lugar de antaño. Luca Koleosho, Pietro Comuzzo o Niccolò Pisilli son solo algunos de los nombres a los que conviene no perder de vista.
Este relevo sucede, además, en una coyuntura muy particular. En la liga italiana domina el jugador extranjero y las nuevas generaciones encuentran trabas para ascender a los primeros equipos, lo que se refleja en la selección.
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Lo cierto es que el país transalpino cuenta con una cantera con jugadores brillantes, pero muchos se quedan por el camino debido a la mala gestión de las categorías inferiores, uno de los elefantes en la habitación en el 'calcio'.
La selección sub-17 conquistó el domingo el campeonato de Europa en Estonia tras imponerse a Bélgica demostrando un gen competitivo y un orgullo que siempre caracterizó a la 'Azzurra'. Pero no es la primera vez que las categorías inferiores brillan mientras la absoluta fracasa.
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Italia volverá a ser la que era si, entre otras cosas, se impulsa la profesionalización de los canteranos y se facilita ese salto del segundo equipo al primero que tanto les cuesta dar en los clubes, ya que el talento existe.
Las elecciones el próximo 22 de junio y la renovación de toda la cúpula de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC) representan una oportunidad clave para revolucionar el sistema desde sus cimientos.
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Mientras tanto, los jóvenes cumplen con su parte y muestran una cara distinta a los aficionados. Muchos de los jugadores, de hecho, no vieron a la selección en un Mundial o lo que pudieron ver fue desastroso, como las eliminaciones en la fase de grupos de 2010 y 2014.
Hay muchos vértices y entresijos que rodean al sistema futbolístico italiano. Pero si alguien debe tomar las riendas, como se demostró en estos últimos días, son ellos, los que llegan con hambre.
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No vivieron los éxitos mundialistas y continentales, pero lo escucharon de sus mayores. De lo que sí fueron testigos fue de la decepción de sus compatriotas y de la resignación de una selección que siempre partió entre las favoritas. Por eso ahora más que nunca pretenden tomar el relevo. EFE
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