Paco Aguado
Madrid, 6 jun (EFE).- El diestro valenciano Román, que salió a hombros tras serle pedidas y concedidas con cierta holgura las dos orejas del tercer toro de la tarde, fue el único de la terna que acertó a sacar partido de la completa corrida de Victorino Martín con que hoy se cerró, con el decimoséptimo cartel de "no hay billetes", el largo abono de la feria de San Isidro.
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Aunque muy dispar en cuanto a hechuras, cuajo y seriedad de cabezas, el encierro de la divisa azul y grana ofreció unas claras ocasiones de triunfo a la terna, y especialmente a Morenito de Aranda y Fernando Adrián, que, casi siempre a la defensiva, sin apostar realmente por torearlos en toda su dimensión, acabaron por dejarlas escapar.
Eso había pasado ya en la lidia de los dos primeros, uno que sacó, desde los lances de capa, una embestida muy descolgada y pausada, casi a la mexicana, con el que nunca se confió Morenito, y otro que siempre quiso tomar por abajo el engaño que Adrián se empeñó en sacarle por alto a mitad de cada uno de los cortados y poco exigentes muletazos.
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De ahí que el público se rompiera desde el principio con la decidida actitud de Román, al que correspondió el "victorino" que embistió con más prontitud y brío aunque sin la misma entrega que sus hermanos, ya que a sus emotivas embestidas siempre les faltaron finales a causa, probablemente, de una mayor fuerza en los cuartos traseros tras estrellarse de salida contra un burladero.
Aun así, el valenciano le planteó la faena directamente en las afueras, citándole de largo para aprovechar esa inmediatez de las arrancadas que luego, con habilidad y oficio, él intentó empujar en línea recta en tandas también ligeras pero ligadas hasta que el toro se aplacó.
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El trasteo se vivió con emoción, por la que transmitía el serio cárdeno y por la férrea decisión de Román, que acabó logrando lo mejor de su obra en una última serie con la derecha, pero sin la ayuda de la espada, en la que, ahora sí, el toro tomó los vuelos con mayor recorrido.
Y en ese ambiente de euforia, tras una fulgurante estocada en la suerte de recibir que el valenciano cobró en los mismos medios de la plaza, se desató la pañolada que llevó a Román hasta la Puerta Grande, la primera de su carrera y la quinta de un matador de toros en esta feria de extendida generosidad presidencial.
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Y ahí quedó todo lo que de brillante pudo tener la corrida, pero no porque los "victorinos" lo impidieran, ya que el cuarto sacó tan buen fondo como el otro del lote de Morenito de Aranda, que repitió la misma fórmula, mientras que el quinto, aun tardo en los primeros tercios, se dejó hacer con una sosegada nobleza con la que Adrián no llegó a concretar nada destacado.
Sólo el sexto, cuya escasa raza le hizo salirse distraído a las primeras de cambio, no se prestó a mayor lucimiento, pero a esas alturas Román ya tenía asegurada esa salida a hombros con la que se cerró el aun así mediocre y maratoniano serial isidril de 2026.
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FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de Victorino Martín, dispares de hechuras, cabezas y cuajo, pero formando una corrida muy completa en cuanto a juego, en tanto que la mayoría empujaron en varas y tuvieron nobleza y duración en el último tercio, varios humillando con clase, mientras que otros, como el tercero, lo hicieron con más brío y prontitud que finales. El sexto fue el único desrazado, aunque manejable.
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Morenito de Aranda, de nazareno y oro: media estocada tendida atravesada y dos descabellos (silencio tras aviso); bajonazo (silencio tras aviso).
Fernando Adrián, de verde botella y oro: estocada desprendida delantera (algunos pitos); pinchazo, estocada atravesada y tres descabellos (silencio tras aviso).
Román, de azul turquesa y oro: estocada delantera perpendicular (dos orejas); cuatro pinchazos, pinchazo hondo y descabello (silencio)
Vigésimosexto y último festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de "no hay billetes" (23.800 espectadores), en tarde calurosa y sin viento.EFE
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(foto)
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