David Ramiro
Leipzig (Alemania), 27 may (EFE).- El ansiado trofeo de la Liga Conferencia se lo llevó el Crystal Palace pero el premio a la afición se le podría otorgar a la del Rayo, que dotó de color las calles de Leipzig durante dos días e hizo rugir al Red Bull Arena, en muchas ocasiones por encima de los aficionados ingleses, pese a ser casi la mitad en número.
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La histórica final europea se empezó a jugar en Leipzig horas antes de que el balón comenzase a rodar en el Red Bull Arena. En un ambiente de hermandad, los aficionados de ambos equipos se fueron cruzando por la ciudad alemana disfrutando de la fiesta que supuso pelear por un título continental para dos clubes nada acostumbrados a este tipo de celebraciones.
Los aficionados del Rayo, más de doce mil llegados desde España, entre ellos el ochenta por ciento de abonados, se hicieron notar en Leipzig por el color que dieron tanto en la ciudad como en el estadio con sus camisetas franjirrojas, sus bufandas al viento y esos cánticos que, del Estadio de Vallecas, se trasladaron al Red Bull Arena.
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Las peripecias para llegar a Leipzig, algunos con dos escalas de aviones y otros con el complemento del tren desde una ciudad cercana, no frenaron el ímpetu de su animación ni en la plaza Richard Wagner, dónde estuvo en la zona fan, ni en el larguísimo corteo al estadio y muchos menos desde la grada, dónde desplegaron un enorme tifo con los símbolos de su 'Rayito'.
En los prolegómenos del partido no faltaron las bengalas, pese a que los cacheos para entrar se supone que fueron minuciosos, y la humareda que dejaron se notó durante los primeros diez minutos de juego, en los que desde la lejanía no se veía muy nítido el juego.
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Tampoco faltó entre la afición del Rayo el habitual 'Presa, vete ya', que sonó con fuerza desde la grada en alusión al presidente, Raúl Martín Presa, que llegó al encuentro sin apenas dormir de los nervios antes del que calificó como "el partido más importante" en los 102 años de historia del club.
Durante el partido, los más de doce mil aficionados del Rayo silenciaron en varias ocasiones a los veinte mil del Crystal Palace, que solo parecieron reaccionar tras el gol del francés Jean-Philippe Mateta a los 49 minutos y que al final terminó decantando la balanza a su favor.
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La hinchada rayista nunca perdió la fe en su equipo y animó hasta el final. Pese a la derrota, y la lógica decepción, supieron agradecer a los jugadores y el cuerpo técnico su entrega brindándoles una calurosa despedida con cánticos, bufandas al viento y largos aplausos.
El equipo, con Iñigo Pérez al frente, se acercó al fondo norte, dónde estuvieron la mayoría de aficionados, para agradecerles su apoyo. Incluso se saltaron las vallas del perímetro del césped para estar cerca de ellos, muchos de ellos llorando y llevándose las manos al rostro para limpiarse las lágrimas.
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No pudo ser. El Crystal Palace ganó y se llevó el trofeo de campeón, pero el Rayo situó a Vallecas en el mapa de Europa y su nombre quedará en la historia de la competición como finalista. Un barrio obrero, con orgullo de clase y con la solidaridad por bandera que llegó a lo más alto y acarició la gloria continental. EFE
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