Tercera novillada y, para Méndez, tercera Puerta Grande, aunque el toreo lo hizo Osornio

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Paco Aguado

Madrid, 26 may (EFE).- El abulense Julio Méndez le cortó hoy en Madrid, entre un ambiente muy complaciente, las dos orejas al dúctil tercer novillo de Conde de Mayalde, por lo que, como en las dos anteriores, volvió a abrirse la Puerta Grande en la última novillada del abono isidril, al tiempo que el toreo puro y templado del mexicano Emiliano Osornio apenas fue recompensado con una tibia ovación.

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El que ya puede ser calificado como desconcertante criterio del público de Las Ventas durante esta feria, viene generando ya muchas de estas paradojas, como que las faenas más ligeras, sobre todo si van acompañadas de efectismos y un movimiento continuo más allá de otros matices, generan en el tendido reacciones más entusiastas que el toreo de auténtica pureza y calidad, justo en la plaza que siempre presumió de defenderlo y valorarlo.

Por eso hoy no extrañó que se jaleara con tanta fuerza y con tanto ruido, y que hasta se premiara con esas dos excesivas orejas, el trasteo que Méndez le hizo a ese tercero, estimable en varios aspectos pero que en ningún caso estuvo a la altura de tanto premio, como tampoco estuvo justificada la vuelta al ruedo con que la presidencia galardonó a un novillo que, más allá de su dúctil condición, había manseado claramente en varas.

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Pero el hecho es que el de Mayalde rompió a embestir en el último tercio con tanta claridad como pocas exigencias para su lidiador, con unas embestidas largas y abiertas, nada comprometedoras, que el novillero de Arenas de San Pedro, sin gran esfuerzo, supo administrar a la perfección, que esa fue su gran virtud, con tandas cortas y con las necesarias pausas que no agotaran su medida raza.

En suma, fue una faena más vistosa que honda que el público de aluvión aclamó como si se tratara de un suceso taurino, hasta el punto de pedir con clamor ese doble trofeo que, en buen sentido, debió quedarse en la mitad y que con mucha holgura abría para un torero por quinta vez en esta feria la Puerta Grande que da a la calle de Alcalá.

Lo chocante es que esa generosidad, que siempre agradecen los de luces, no fuera la misma para con Emiliano Osornio, a quien se recompensó sólo con unas rácanas palmas de compromiso durante el trasteo al quinto de la tarde, ante el que sacó a flote el toreo de más calidad y temple que se ha visto hasta ahora en este abono madrileño.

Tal vez por la escasa transmisión que tuvieron las nobles pero apagadas embestidas del utrero o porque él no hizo ni una sola concesión a la galería, la cuestión es que la sinceridad en los cites y el temple y el ajuste de los muletazos del mexicano, especialmente en los naturales y los hondos remates, encontró únicamente un tibio eco, el de los olés roncos de una minoría, en una monumental que hasta no hace tanto sabía distinguir el oro del oropel.

Aparte de sus fallos con la espada, que visto lo visto tampoco hubieran contribuido demasiado a que asomaran los pañuelos, Osornio se fue así andando por la puerta de cuadrillas, en otra de las ya muchas tardes desconcertantes que se llevan viviendo en esta que se autoconsidera "la primera plaza del mundo"...

Pero para desconcertante, y hasta sospechoso, el comportamiento también de los dos primeros novillos, por sus miradas inciertas y su vista desparramada, con unas arrancadas descontroladas y cambiantes, ante los que el mismo Osornio no vio tampoco entendido su sincero empeño, mientras que Pedro Montaldo se mostró inseguro y breve, por lo que, quizá para compensar, alargó un tanto de más, aunque con escasa fibra, su faena al manejable y soso quinto.

En cambio, el sexto, el más serio del encierro, puso la suficiente entrega desde que lo saludó a portagayola para que Méndez hubiera acabado con las posibles reticencias de la generosa salida a hombros que ya se aseguró con el anterior, sólo que ahora prefirió tirar aún más del populismo y de un toreo despegado y esquinado, ya no provocado por el animal sino por su propia iniciativa, lo que vino a confirmar la escasa justificación de tanto y tan vacío triunfalismo.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis novillos de Conde de Mayalde, de dispar presencia en cuanta a cuajo y cabezas -alguno con hechuras un tanto bastas- y en general medidos de raza, con varios nobles y manejables, pero con otros de extraño comportamiento en los primeros tercios. Además del sexto, con más entrega, destacó por sus claras y abiertas embestidas el tercero, Babieco de nombre, que, al haber manseado claramente en varas, fue premiado con una inmerecida vuelta al ruedo en el arrastre.

Emiliano Osornio, de verde hoja y oro: pinchazo y estocada atravesada (silencio); estocada delantera atravesada, estocada trasera desprendida y dos descabellos (ovación tras aviso).

Pedro Montaldo, de tabaco y oro: pinchazo y estocada delantera (silencio); estocada caída (silencio).

Julio Méndez, de purísima y oro: estocada delantera desprendida (dos orejas tras aviso); pinchazo y estocada delantera desprendida (silencio). Salió a hombros por la Puerta Grande

Décimo sexto festejo de abono de la feria de San Isidro, con algo más de tres cuartos del aforo cubierto (21.594 espectadores, según la empresa), en tarde de calor.

EFE

pa/jlp

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