La Guerra Civil española vista en el siglo XXI: una guerra europea en suelo español

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Magdalena Tsanis

Madrid, 18 may (EFE).- Si hay un momento en que la Historia contemporánea universal pasa por España, es 1936. A partir de esa premisa, 50 historiadores, en su mayoría menores de 50 años, han escrito 'La Guerra Civil española: una historia global' (Galaxia Gutenberg), un libro coral que busca ser referente para las próximas décadas.

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"La historia europea del siglo XX resulta incomprensible sin la Guerra Civil española", ha dicho Javier Rodrigo, uno de los coordinadores del volumen, este lunes durante un acto de presentación. "Fue una guerra europea en suelo español, la verdadera guerra de resistencia contra el fascismo".

Rodrigo ha hablado de Mussolini como "el tercer beligerante" y ha recordado que envió más de 80.000 efectivos, frente a los alrededor de 35.000 que participaron en las brigadas internacionales. "Sin internacionalización, seguramente no habría habido Guerra Civil", ha asegurado, más allá del "baño de sangre" de los tres primeros meses.

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Precisamente, uno de los "hallazgos" de la historiografía reciente es que en los lugares donde triunfó el golpe de Estado -y menciona Galicia, el Aragón Occidental, el Reino de León y Castilla la Vieja- el 80% de las víctimas mortales civiles -asesinados en fosas, sacas, paseos, etc.- se acumulan en julio, agosto, septiembre y octubre del 36.

"Se planteó como una guerra contra la población civil", ha subrayado Rodrigo, una estrategia que ha achacado al fracaso del golpe de Sanjurjo de 1932, que tuvo como respuesta una huelga general revolucionaria. Por ese motivo, entre otros, descarta hablar de "represión franquista" y prefiere "violencia sublevada", ya que "no fue una violencia reactiva, sino preventiva".

Aunque como historiadores dicen querer rehuir "la guerra de los relatos", Rodrigo reconoce que es imposible ser ajeno a "la utilización constante del pasado, y sobre todo de la Guerra Civil, como forma de legitimar el presente".

En ese sentido, ha criticado la "ultrasimplificación" en la que caen iniciativas como el congreso que se iba a celebrar en Sevilla en febrero pasado -pospuesto al otoño por la polémica suscitada-, promovido por Arturo Pérez-Reverte y Jesús Vigorra y organizado por la Fundación Cajasol.

Para Rodrigo, el lema elegido, 'la guerra que perdimos todos', es un acercamiento "un tanto equiparador" en el que "las responsabilidades se disuelven en un magma, sin caras ni rostros", un lema que promueve una idea de sufrimiento generalizado, pero sin contexto político.

Del mismo modo se muestra crítico con el lema elegido para la conmemoración del 50 aniversario de la muerte de Franco, '50 años de libertad', un relato que considera "indefendible" y que contrasta con la incertidumbre que existe en este momento sobre si va a haber algún tipo de conmemoración por el 90 aniversario del comienzo de la Guerra Civil.

Pero a su juicio, el mayor "mito" sobre la guerra civil española es el de su inevitabilidad, un mito apoyado "en 40 años de propaganda", junto a la idea de que fue un golpe de Estado preventivo contra Stalin y el comunismo, algo que está completamente fuera del debate historiográfico.

El libro cuestiona la cronología más extendida del conflicto. Sostiene que en 1939 terminó "la guerra de ocupación", pero que hubo una "guerra irregular" que se prolongó más allá: hasta 1947 no se cerró el último campo de concentración -en Miranda de Ebro- y hasta 1948 no decayó el estado de guerra.

"Hay muchas guerras dentro de la Guerra Civil española", ha dicho Rodrigo y ha hecho hincapié en que muchas de las fechas que han pasado a la historia están condicionadas por la versión del franquismo, como el hecho de que se tome el 18 de julio como fecha de inicio -cuando se incorporó Franco- y no el 17.

Estructurado en 50 capítulos breves, se divide en siete partes: violencia y persecución política; guerra internacional; guerra de ocupación; la retaguardia; guerra de identidades y posguerra.

Aborda la historia militar, diplomática y las relaciones internacionales, pero también otras perspectivas más recientes, como la hambruna, la guerra de ocupación o la violencia estratégica contra la población civil.

Sobre la historiografía de la década de los 80, Rodrigo considera que su mayor mérito fue superar la propaganda y se refiere a autores como Julián Casanovas o Santos Juliá como "los gigantes" sobre los que los más jóvenes se han apoyado. EFE

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