Sevilla, 17 may. (EFE).- El novillero sevillano Mariscal Ruiz ha cortado la única oreja de la novillada con picadores celebrada esta tarde en la plaza de la Maestranza en coincidencia con la jornada electoral, un largo y anodino espectáculo que ha dejado escasos momentos para el recuerdo.
Abrió plaza Uceda Vargas, un novillero de Gerena que ya se había presentado en la plaza de la Maestranza el pasado año. Sorteó un novillo protestón de salida, de fondo manso, y de embestida informal en la muleta. Uceda apenas le encontró las vueltas en algunos muletazos sueltos que no salvaron una labor anodina e insustancial.
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Saludó al cuarto con una larga de rodillas en el tercio y hasta esbozó alguna verónica de hinojos. Fue un novillo alegre en banderillas que también tuvo cosas buenas en la muleta. Uceda buscó un toreo de plantas asentadas pero la cosa no llegó a redondearse más allá de algunos naturales tersos que revelaron la profundidad del pitón izquierdo de un animal que quedó en parte inédito.
Gonzalo Capdevila se marchó a portagayola a recibir al segundo, un ejemplar manso y berreón que se iba a mover en la muleta, sí, pero con la calidad justa. Capdevila, que sería cogido sin consecuencias, se mostró animoso y entregado pero tampoco iba a acertar a trazar un hilo definido en una faena que fue a menos. El espadazo alentó la petición de trofeo que el palco no concedió.
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Se echó de rodillas para saludar al quinto con dos largas cambiadas. Fue un novillo rajado, manso en el caballo, que se agarró al piso y se refugió en los adentros frustrando los esfuerzos de Capdevila que, pese a todo, pudo mostrar su buena actitud antes de que el animal claudicara definitivamente y el novillero, también, se pasara de rosca intentando sacar agua de un pozo seco.
Cerraba el cartel Mariscal Ruiz que no renunció a banderillear al tercero con solvencia, exponiendo más en el último par, dando todas las ventajas al novillo por los adentros. Pero el novillero de Mairena del Aljarafe se iba a encontrar con unas embestidas tardas, aplomadas y cansinas que no eran material apto para argumentar su faena.
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Aún quedaba el sexto, un torete grandullón y manso que iba a cerrar este largo, tedioso e intrascendente festejo de abono. Mariscal volvió a banderillear con facilidad, brillando en un quiebro por dentro. Con la muleta puso voluntad y hasta logró encontrarle las vueltas en varios muletazos reunidos antes de ser alcanzado para caer de mala manera.
Se han lidiado seis utreros de Murteira Grave, bien presentados. Resultó informal y algo protestón el primero; mansurrón el segundo; aplomado e insulso el tercero; el cuarto tuvo un gran pitón izquierdo; manso y aplomado el quinto. El sexto se acabó dejando.
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Uceda Vargas, de verde billar y oro, silencio y ovación
Gonzalo Capdevila, de grana y oro, vuelta al ruedo y palmas tras aviso.
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Mariscal Ruiz, de verde inglés y oro, silencio y una oreja.
La plaza registró media entrada en tarde primaveral. Jaime Bermejo saludó tras parear al cuarto. EFE
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arm/fp
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