Yann Gross cuestiona la imagen idílica de las palmeras y enseña su drama

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Madrid, 14 may (EFE).- El artista, cineasta y fotógrafo Yann Gross ha presentado este jueves en La Casa Encendida en Madrid, ‘Drift’, su nueva exposición donde cuestiona la imagen idílica de las palmeras y pone el foco en lo que las sostiene: industrias del aceite de palma, monocultivos, extractivismo y conflictos territoriales y sociales.

El nombre de la exposición, ‘Drift’ -según ha explicado el fotógrafo suizo de 44 años a EFE- se refiere al desplazamiento de las plantas y a cómo este proceso genera “consecuencias a veces imprevisibles en diferentes lugares del mundo”, inclusive  “muchos años después”.

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El proyecto, que estará disponible desde el próximo 26 de mayo hasta el 26 de julio, explora cómo la palmera, convertida en especie invasora, transforma el terreno tanto en Europa como en el Amazonas.

El punto de partida del trabajo de Gross se sitúa en la invención de la 'Wardian case', una caja de vidrio desarrollada por el Dr. Nathaniel Ward que hizo posible el transporte de las palmeras a gran escala en el siglo XIX y que está expuesta en la sala de exposición.

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Para Gross el primer capítulo, ubicado en Suiza, trata cómo “una planta ornamental que ha sido plantada por lógicas turísticas” ha terminado generando “una invasión de palmeras en los bosques”.

“Poco a poco las palmeras se están comiendo todas las plantas autóctonas, están totalmente fuera de control”, asegura.

A través de la fotografía se muestran los “paisajes híbridos” de las plantas suizas que rivalizan por un espacio con la palmera china.

 

Brasil

La segunda parte de la exposición indaga en cómo la palmera africana “se está comiendo el bosque amazónico”, utilizada tanto para monocultivo como para producir biocombustibles en Brasil.

La exposición ha llevado a Gross a convivir con las comunidades brasileñas de Turiwara de Tukano Sawa y Nossa Senhora do Livramento, que hoy intentan recuperar sus tierras ocupando zonas explotadas por empresas palmicultoras en la Amazonía brasileña, lo que genera un “un conflicto muy violento con las empresas agrícolas”.

“Por un lado están los discursos de los políticos que prometen el desarrollo del país a través de esta planta y, por otro, las comunidades indígenas que están directamente afectadas”, declara Gross.

En cuanto al futuro, la situación sigue siendo incierta: mientras que en Suiza ya se ha prohibido la venta de la palmera china, en Brasil “por una lógica económica hay más plantaciones de palma aceitera”. EFE

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