Vitoria, 4 may (EFE).- Carlos Garaikoetxea Urriza, fallecido este lunes, fue el primer lehendakari tras la aprobación del Estatuto de Gernika y está considerado como el arquitecto del autogobierno vasco al poner en marcha el entramado institucional de Euskadi, aunque cinco años después de ser elegido protagonizó una de las fracturas internas más profundas y traumáticas del PNV.
Nacido en Pamplona en 1932, Carlos Garaikoetxea Urriza procedía de una familia "típica de Navarra", según su propia definición, una familia tradicionalista y religiosa, "de las que evolucionaron del carlismo al nacionalismo".
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Se afilió muy joven al PNV, partido que llegó a presidir en 1977, dos años antes de convertirse en presidente del Consejo General Vasco.
Una vez aprobado el Estatuto de Gernika, en 1979, y tras la celebración en 1980 de las primeras elecciones autonómicas fue designado lehendakari, un cargo que este vasco-navarro desempeñó hasta 1985.
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Su mandato se desarrolló en un contexto de fuerte inestabilidad marcado principalmente por la violencia de ETA y una profunda crisis económica e industrial.
Tuvo que poner los cimientos del autogobierno vasco con la asunción de nuevas competencias y crear estructuras desde cero como la Ertzaintza, el servicio de Salud -Osakidetza-, la universidad púbica vasca o el sistema educativo y recuperar el primer Concierto Económico posterior a la Constitución.
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Defensor del derecho de autodeterminación y la independencia del País Vasco por medios pacíficos, fue reelegido presidente vasco en 1984 y sustituido por José Antonio Ardanza en 1985 por discrepancias con la dirección nacionalista.
En diciembre de 1984 había puesto su cargo de lehendakari a disposición de la Asamblea del PNV por estar en desacuerdo con las posiciones del partido sobre la Ley de Territorios Históricos. La dimisión le fue aceptada y, además, se vio obligado a abandonar su cargo en la Asamblea.
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El enfrentamiento que Garaikoetxea mantuvo desde la Presidencia vasca con el presidente del PNV Xabier Arzalluz a causa de sus alejadas concepciones sobre el reparto del poder en el País Vasco, provocó una escisión del PNV que sigue hoy en día, con posiciones políticas aún más alejadas que entonces.
Tras la ruptura nacionalista, Garaikoetxea fundó, el 4 de septiembre de 1986, Eusko Alkartasuna, partido con el que logró el acta de diputado en las autonómicas de noviembre de 1986. En 1987 asumió la Presidencia del partido y un año después fue elegido eurodiputado por la Coalición por la Europa de los Pueblos.
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Ya en 1998, al conseguir el acta como parlamentario vasco, firmó un acuerdo programático con el PNV, que propició la elección como lehendakari del peneuvista Juan José Ibarretxe, con quien tenía unas posiciones ideológicas más cercanas.
Tras las elecciones del 25 de octubre de 1998, Ibarretxe fue investido lehendakari con el apoyo del PNV, EA y Euskal Herritarrok. Posteriormente, en las elecciones de 2001 y 2005, el PNV y EA concurrieron en coalición y gobernaron conjuntamente.
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En 2001, la coalición PNV-EA gobernó inicialmente en solitario hasta la incorporación de Ezker Batua, y en 2005 se reeditó un Ejecutivo integrado por PNV, EA y EB.
EA lleva desligada totalmente del PNV desde hace años, cuando se integró en EH Bildu. A partir de 2017 Garaikoetxea se posicionó al lado del sector critico para evitar que este partido quedara diluido en la coalición abertzale.
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Su figura ha sido reconocida por el Gobierno Vasco de Imanol Pradales, que el pasado año le hizo un homenaje en el Palacio de Ajuria Enea donde ensalzó su trabajo en una Euskadi en ruinas, en recesión, y en un clima de violencia y terrorismo irrespirable con atentados de ETA y de grupos de extrema derecha.
rmv/rh/jlp
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