Fermín Cabanillas
Sevilla, 24 abr (EFE).- En 1960, un joven sirio de 19 años llegó a Sevilla, como muchos de la época, para estudiar medicina. No sabía nada de la cultura de la ciudad, solo que le gustaba lo poco que sabía de ella. Dejó la casa familiar para cambiar de vida, y tanto cambió que nunca volvió al país asiático, y este año ha estrenado caseta en la Feria de Abril de Sevilla.
Aquel joven se llamaba -y se sigue llamando- Souhel Kalas. Hoy tiene 85 años, y terminó la especialidad de otorrinolaringología, conoció a una joven en el barrio de Triana con la que se casó y tuvo cuatro hijos, de los que ninguno siguió su vocación por la medicina. Para completar el cuadro, se hizo sevillista.
Su caseta está en el número 217 de la calle Juan Belmonte del recinto ferial, donde explica a EFE que todo lo que ha terminado con final feliz comenzó con una apuesta hace 33 años: “Me aposté con un amigo que uno de los dos tendría una caseta en la Feria, y terminé ganando, porque se retiró”, explica, mientras recibe las felicitaciones y los saludos de todo aquel que pasa por la puerta de ‘Nazarí’, el nombre elegido para su rincón festivo más esperado.
Para entender la importancia de lo que este doctor en otorrinolaringología ha conseguido hay que recordar que es muy extraño que quede un hueco libre en el recinto ferial de Sevilla para tener nuevas casetas. En Sevilla es casi una religión mantenerse en un real limitado de espacio, y solo errores en los trámites de renovación o la renuncia de algunas personas permite que se formen huecos en el puzzle.
En el caso de ‘Nazarí’, Gayaz George Kalas, hijo de Souhel, cita la palabra clave: “perseverancia”. Solo así consiguieron renovar año tras año la solicitud en el Ayuntamiento, sin saber si algún día tendrían premio, pero en diciembre pasado renunció a su renovación la Asociación Mayorista de Pescado El Barranco, y por fin había el sitio que se esperaba.
A partir de ahí, hubo que organizar todo en cuatro meses, pero la caseta, como el resto, abrió sus puertas el pasado lunes.
Gayaz George, por cierto, es el presidente oficial de una caseta de 24 socios en el que su padre es el honorífico, en agradecimiento a la lucha que siempre ha tenido por conseguir la caseta. El médico sirio, de hecho, asegura que solo tiene un secreto para tener una salud envidiable a su edad: “Me gusta la manzanilla, no hay más”, y esa bebida típica de la feria sevillana la expone durante la entrevista como su maná particular.
Sí es cierto que le queda un pequeño resquemor, ya que solo quedan “dos o tres amigos” de los que comenzaron con él a pedir la caseta en 1993, mientras que el resto de los socios son amigos de sus hijos. “Lo importante es que la familia siempre lo ha tenido presente con las amistades, y se ha conseguido".
Todo encaja al final en esta historia para que la caseta haya nacido. Puede parecer algo baladí, por eso, cuando se le pregunta a Souhel cómo se le explicaría a alguien, por ejemplo, de Bilbao, la importancia de tener una caseta de feria en Sevilla, él cita que, precisamente, el padrino de uno de sus hijos era el decano de la facultad de su especialidad médica en la ciudad vasca.
Eso sí, esta caseta no es la que más tiempo llevaba esperando para llegar al recinto ferial, porque la Asociación Familiar Nazarena realizó su solicitud en 1990, y lo ha conseguido este año. El matiz es que esta entidad no renovó todos los años su petición, de modo que perdió algo de su antigüedad. La perseverancia, efectivamente, es primordial en este asunto. EFE
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