Madrid, 24 abr (EFE).- En España más del 40 % de la población duerme mal y un 14 % es insomne crónico, datos que la elevan a líder mundial en el consumo de hipnosedantes pese a que la terapia cognitivo-conductual para el insomnio puede, con entre 4 y 8 sesiones, resolver este problema con un 85 % de eficacia.
Por ello, la Alianza por el Sueño, plataforma que reúne a sociedades científicas, profesionales sanitarios, gestores, investigadores, asociaciones de pacientes y empresas, ha impulsado la "Guía práctica de Terapia Cognitivo-Conductual para el insomnio crónico" con la idea de extenderla por las consultas, sobre todo de Atención Primaria, para priorizar la terapia frente a las pastillas.
El insomnio es una situación clínica que se caracteriza por la experiencia subjetiva de un sueño alterado, no satisfactorio en su calidad o en su duración, que ocurre a pesar de tener una adecuada posibilidad para dormir.
Se considera que cuando aparecen problemas para dormir tres veces por semana durante tres meses consecutivos, se sufre insomnio, pero al final "el mejor indicador de que uno no duerme bien es uno mismo: si al despertarme me encuentro cansado es que algo ocurre, salvo que seas un dormidor corto, que son muy excepcionales", ha ejemplificado Silvia Gismera, psicóloga y Doctora en Psicología de la Salud.
Más del 40 % de la población tiene problemas para dormir, y un 14 % sufre insomnio crónico en España. En población infantil, la prevalencia alcanza el 30 % entre los 6 meses y los 5 años y, entre los adolescentes, el 9,9 %, con un 38,5 % que presenta mala calidad del sueño.
Con estas cifras, nuestro país se ha afianzado como líder mundial en el consumo de benzodiacepinas, con 110 dosis por cada 1.000 habitantes, según datos de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE).
Sin embargo, las guías internacionales proponen la terapia cognitivo-conductual para el insomnio (TCC-IC), que empezó a gestarse en los años 50, como primera opción frente a los hipnóticos por su eficacia sostenida, su perfil de seguridad y su capacidad para restaurar la autorregulación del sueño.
"Es un tratamiento no farmacológico y muy efectivo", lo cual no significa "milagroso": entre 4 y 8 sesiones bastan para alcanzar "cambios muy importantes", ha señalado la experta, que ha cifrado entre un 80 % y un 85 % su eficacia.
Puede usarse de forma combinada con medicamentos en los casos más graves, en cuyo caso lo recomendable es emplear antagonistas de los receptores de orexina, que no tienen los problemas de adicción y sedación de otros hipnóticos.
La TCC-IC "no trata los síntomas como el fármaco, que lo que van es a sedar, sino que esta terapia actúa sobre los mecanismos que hacen que se perpetúe ese insomnio"; así, el tratamiento combina estrategias conductuales, cognitivas y psicoeducativas que se adaptan a cada caso tras una evaluación clínica inicial.
Como se dirige a cambiar conductas o condiciones, sus efectos se prolongan en el tiempo, aunque tiene un hándicap, y es que requiere la colaboración activa del paciente.
También tiende a agudizar el problema tras las primeras sesiones creando "sensación de malestar", un efecto adverso que se explica en las sesiones iniciales y que, aunque desaparece después, hace abandonar a muchos pacientes.
Por el contrario, los hipnóticos no resuelven, sino que cronifican. "El fármaco no te enseña cómo dormir y la persona debe tener un reaprendizaje para volver a hacerlo", ha proseguido Francisco Santolaya, presidente del Consejo General de la Psicología.
Realizada por un equipo multidisciplinar de expertos de la Psicología, Medicina del Sueño, Psiquiatría y Atención Primaria, la guía propone este cambio de abordaje indicando que la terapia puede aplicarse en distintos formatos —individual o grupal, presencial u online— y mediante intervenciones digitales con diferentes niveles de apoyo profesional.
Por ahora, la guía "se está utilizando en unidades muy pequeñas" y sólo algunas comunidades están empezando a tratar el insomnio en Atención Primaria, ha lamentado su coordinador y psicólogo clínico Adolfo Alcoba.
El experto ha reivindicado mayor formación para los profesionales, sobre todo del primer ámbito asistencial, donde "por inercia el tratamiento que dan es la medicación".
Ha considerado así que habría que hacer "un cambio organizativo" del modelo que otorgue un papel fundamental al psicólogo general sanitario en Atención Primaria e incremente la formación en medicina conductual del sueño, lo cual pasa por una mayor implicación del Ministerio de Sanidad para acometerlo.
Porque el insomnio, además de ser un problema de salud pública que causa estragos físicos y psíquicos, también tiene un enorme impacto económico de hasta 10.700 millones de euros al año en pérdida de productividad. EFE


