Sant Jordi vuelve a convertir ciudades y pueblos catalanes en mares de libros y rosas

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Barcelona, 23 abr (EFE).- La fiesta de Sant Jordi vuelve a convertir desde primera hora de la mañana a Barcelona y otras ciudades y pueblos de Cataluña en un mar de libros y rosas, con multitudes en sus calles, en un día soleado, aunque con viento, en una jornada imbatible en día laborable.

Como si fuera un milagro, ciudades y pueblos han amanecido con puestos de libros y rosas en sus centros históricos, pero también los hay en barrios periféricos, cambiando su faz con respecto al día de ayer y con todo el mundo con ganas de salir a la calle.

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, en el arranque de la jornada en la capital catalana ha proclamado que se trata de algo único que "no pasa en ningún otro lugar del mundo". "Y estamos orgullosos", ha apostillado.

Acercándose el mediodía, a pesar de que la Cambra del Llibre de Catalunya y el Gremi de Llibreters, al frente de la organización de la fiesta, intentan esponjar los espacios y, de hecho, este año los han ampliado, pero en algunos lugares del centro de Barcelona ya era difícil la circulación humana, algo que es previsible que se incremente por la tarde.

En Portal de l'Àngel, donde este año, se han ubicado los puestos que habitualmente se colocan en la Rambla, que está en obras, los paseantes se han topado con la protesta de los trabajadores de las Biblioteques de Barcelona, en huelga por el convenio.

Megáfono en mano y con pancartas, se hacían oír hasta plaza de Catalunya con sus demandas, advirtiendo que: "Somos malas, pero podemos ser peores".

Un grupo de turistas chinos estaba totalmente descolocado ante lo que estaban viendo a la salida de su hotel, sin que nadie les hubiera avisado de que hoy se celebra Sant Jordi.

Una de ellas, que chapurreaba inglés, ha dicho, sin embargo, que lo que estaban viendo era "cool" (genial).

En pleno Passeig de Gràcia otra constante de esta mañana eran los grupos de estudiantes, que en un día así ya saben que las aulas tienen forma de calle.

La periodista de la Cadena SER Àngels Barceló, frente a Radio Barcelona, en un escenario también en la calle, tenía una audiencia rendida y al escritor Manuel Vilas a su lado.

El poeta y librero de viejo Marçal Font Espí, al principio de Passeig de Gràcia, se ha sumado a la fiesta como desde hace años, y ha dejado claro que la relación y la coordinación con los libreros que no son de su gremio es excelente.

Gran defensor de la fiesta de Sant Jordi, discrepa de los que consideran que en Cataluña tiene que denominarse Día del Libro y recuerda que las ferias de libros de celebran desde hace siglos y que, en todo caso, cuando se decidió que el Día del Libro fuera el 23 de abril fue una suerte de "fiesta de contraprogramación, de apropiación".

Mientras, en la Rambla, icónico punto en el que la jornada habitualmente tiene mucho peso, hoy lo más visible eran las armillas amarillas de los trabajadores encargados de las obras de remodelación.

Tampoco pasaba desapercibida la caída de la pelusa que desprenden los plataneros con el viento y que provoca que algunos estornuden y otros confiesen que se sienten congestionados. EFE

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