25 años sin mili: del 'Cetme' a la ciberdefensa

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Teresa Díaz

Madrid, 8 mar (EFE).- El 9 de marzo de 2001 el entonces ministro de Defensa, Federico Trillo, pronunciaba una frase que marcaría a toda una generación: "Señores, se acabó la mili". España daba así carpetazo a dos siglos de servicio militar obligatorio e iniciaba el camino hacia unas Fuerzas Armadas profesionales; se dejaba atrás el 'cetme' para acercarse a la ciberdefensa.

Este veinticinco aniversario del fin de la mili coincide con un escenario internacional convulso que ha devuelto a la política y a la sociedad un debate que parecía enterrado: ¿es necesario el regreso de los reclutas?

La supresión del servicio militar obligatorio no fue una decisión que se adoptó de un día para otro, llevaba años fraguándose. Ya en los años 80 y, sobre todo, en los 90, se fue reduciendo paulatinamente su duración desde dos años a 9 meses, "porque obviamente había resistencia social a hacer la mili", asegura en una entrevista con EFE el almirante retirado Fernando del Pozo.

"Llegó un momento en que aquello era completamente inmanejable", señala este militar retirado, que recuerda su etapa comandando la fragata Victoria. Llegó a tener la mitad de la dotación con soldados de reemplazo que solo pasaban a bordo unos pocos meses, ya que primero tenían que hacer el periodo de instrucción en el cuartel.

"Era un desastre, no aprendían nada", rememora el almirante, que justifica la actitud de los reclutas en su falta de motivación y en que consideraban la mili una pérdida de tiempo.  

La generalización de la objeción de conciencia fue también uno de los principales factores que pesaron en la decisión de abolir el servicio militar obligatorio, subraya este marino.

Cuando el titular de Defensa de entonces Federico Trillo propuso al Consejo de Ministros que se acabara la mili, 1.200.000 jóvenes habían pedido prórroga y alrededor de 850.000 eran insumisos u objetores.

"El servicio militar obligatorio era una carga más que una ayuda", sentencia el almirante Del Pozo, el primer español en mandar una fuerza naval permanente de la OTAN.

En ese proceso de acabar con la mili España no se embarcó en solitario, pues prácticamente todos los países de su entorno emprendieron el mismo camino buscando una mayor eficacia y eficiencia para sus Fuerzas Armadas.

En los últimos años de los 90 y primeros del 2000 dejaron el servicio militar obligatorio naciones europeas como Francia, Italia o Alemania. "Es importante saber que no fue una decisión completamente en el aire de nuestro Gobierno, sino que formaba parte del clima de la época", apunta Del Pozo, exdirector del Estado Mayor Internacional de la OTAN.

El camino hacia un ejército profesional supuso una reducción progresiva del número de efectivos desde los más de 300.000 militares de reemplazo existentes en 1984, a una horquilla de entre 102.000 y 120.000 que fijó la ley 17/1999 de régimen de personal de las Fuerzas Armadas con la que se implantó el nuevo modelo.

En los primeros años el hito más relevante del proceso fue la aprobación en 2006 de la Ley de Tropa y Marinería, por la que se estableció un modelo con la finalidad principal de consolidar la plena profesionalización.

En este cuarto de siglo desde que terminó la mili, las Fuerzas Armadas han afianzado su papel en misiones internacionales de la OTAN, la Unión Europea o Naciones Unidas con despliegues estratégicos en el Flanco Este, Oriente Próximo o África.

Según el almirante, esa participación española en misiones en el exterior no sería posible con unos ejércitos basados en el reclutamiento obligatorio. "No se pueda mandar a personas inexpertas a codearse en los ejercicios con efectivos de otros ejércitos", advierte.

Y es que el soldado de hoy no es el recluta de 1990. Es un técnico altamente cualificado que maneja sistemas de armas complejos y ciberdefensa, ámbitos donde un servicio de pocos meses carecería de operatividad.

Del Pozo señala que hace un siglo hacía falta gente que fuera capaz de manejar un 'Cetme', un arma que "tecnológicamente es de risa", y marchar durante horas por el campo. "Hoy en día eso no funciona, ya no necesitamos gente capaz de manipular un fusil, sino armamento mucho más sofisticado", asegura.

El estallido de la guerra de Ucrania hace cuatro años enfrentó a Europa de nuevo a la amenaza rusa y abrió un nuevo escenario geoestratégico.

En ese contexto, países como Francia o Alemania han apostado por recuperar el servicio militar, en ambos casos de manera voluntaria, una postura que no comparte España. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha descartado en varias ocasiones la vuelta de la mili y ha apostado por el modelo profesional adoptado en 2001.

Parafraseando al mariscal Ferdinand Foch cuando contestó al primer ministro francés Georges Clemenceau que la guerra es una cosa demasiado seria para dejársela a los políticos, el almirante opina: "La guerra es demasiado seria para dejarla en manos de los no profesionales".

La transición iniciada en 2001 no fue solo un cambio administrativo, fue una metamorfosis estructural. Las Fuerzas Armadas han pasado de ser un cuerpo sostenido por jóvenes que cumplían con la patria por imperativo legal, a convertirse en una fuerza de élite. "Se ha ganado", afirma rotundo Del Pozo. EFE

(Recursos de archivo en EFEServicios: 8004654287)