Teresa Fortuny, sindicalista de 81 años: "Los derechos conquistados no son permanentes"

Guardar

Javier Díaz Plaza

Tarragona, 7 mar (EFE).- A sus 81 años, la histórica sindicalista Teresa Fortuny mantiene su activismo en CCOO y advierte, a las puertas de la celebración del Día Internacional de la Mujer, que la lucha por la igualdad sigue siendo "muy necesaria", ya que "los derechos conquistados no son permanentes, sino que se defienden y se mejoran".

"La igualdad no está garantizada. Si no se defiende, siempre hay quien intentará recortarla", afirma Fortuny (Tarragona, 1945) en una entrevista con EFE.

La mujer, que actualmente es la secretaria general de la Federación de Pensionistas de Tarragona de CCOO y sigue participando en manifestaciones y actos de protesta, anima a los más jóvenes a mantener la lucha por los derechos de las mujeres en pleno auge de la extrema derecha en todo el mundo.

Teresa Fortuny recuerda que necesitó autorización de su padre e inscribirse en la sección femenina de la Falange para poder empezar a trabajar con solo 14 años como dependienta en una tienda, una burocracia que evidencia el control que el régimen franquista ejercía sobre la vida laboral de las mujeres.

"Mi padre, que era republicano y apenas había ido a la escuela, se enfadó mucho cuando vio que me había apuntado a la Falange, pero para mí, que entonces solo quería trabajar tras dejar la escuela, aquello era simplemente un trámite obligatorio para poder tener empleo", señala.

Las restricciones no terminaban ahí. Para obtener el carné de conducir y el pasaporte tuvo que completar el denominado servicio social femenino, equivalente al servicio militar obligatorio para los hombres y centrado en reforzar el papel doméstico de las mujeres.

"Nos enseñaban a coser, a cocinar y a ser buenas amas de casa. Venía un cura a decirnos que teníamos que ser puras y dignas", rememora Fortuny.

Aunque trabajó doce años como auxiliar administrativa en empresas de Tarragona, nunca consiguió que le cambiaran de categoría. "La promoción laboral estaba prácticamente cerrada para las mujeres. Hacía el trabajo bien y me subían el sueldo, pero seguía siendo auxiliar", cuenta.

A finales de los años sesenta entró en contacto con el sindicalismo clandestino. La primera reunión de Comisiones Obreras a la que asistió le sorprendió: todos los presentes eran hombres y la mayoría mayores que ella.

"Pensé: ¿dónde me he metido? Pero luego el ambiente de compromiso me gustó. En una de aquellas reuniones, un trabajador sacó un papel escondido en un calcetín con información sobre la Comisión Obrera Nacional de Cataluña. Eso me impactó y me enganchó", explica Fortuny, que desde entonces se ha mantenido vinculada al sindicato CCOO.

Fortuny recuerda que en la década de los 60 y 70, e incluso en años posteriores, las empresas preferían contratar a chicas jóvenes porque sus salarios eran más bajos. En algunos convenios colectivos, dice, la discriminación era explícita: existían tablas salariales distintas para hombres y mujeres.

"Lo ponía claramente: salario de hombre y salario de mujer", apunta Fortuny. La diferencia podría ser de más de 5.000 pesetas al mes.

Además, la división del trabajo reforzaba esa desigualdad: los hombres ocupaban los puestos técnicos o de mayor responsabilidad, mientras las mujeres realizaban tareas manuales o repetitivas. En algunas fábricas había sistemas con cronometrajes que fijaban el número de piezas que debía producir cada trabajadora.

Según Fortuny, algunos convenios incluso establecían que las mujeres tenían la obligación de dejar de trabajar cuando se casaban: "Las trabajadoras cobraban una compensación económica, una dote, cuando dejaban la empresa tras contraer matrimonio. Te casabas y ya estabas fuera".

La aprobación de la Constitución en 1978 y del Estatuto de los Trabajadores en 1979 supuso un cambio legal al prohibir la discriminación por razón de sexo.

Sin embargo, la igualdad no empezó a ser efectiva hasta la Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres de 2007, que obligó a implantar planes de igualdad en las empresas y medidas contra la brecha salarial.

Aun así, Fortuny considera que las desigualdades persisten hoy en día en sectores muy feminizados, como la limpieza, la atención domiciliaria o las residencias de mayores, donde "los salarios siguen siendo más bajos".

También lamenta que muchas mujeres mayores, que trabajaron durante años sin contrato ni cotización, especialmente en el sector textil, cosiendo desde casa para fábricas o talleres, no tienen ahora derecho a pensión contributiva o reciben prestaciones mínimas. EFE

dpj/gb/sgb

(Foto) (Vídeo) (Audio)