Natalia Arriaga
Madrid, 7 mar (EFE).- Desde que las mujeres se reúnen para observar aves ya no sienten miedo cuando acuden a parajes solitarios, han ganado visibilidad y presencia en el mundo de la ornitología y se han beneficiado física y psicológicamente del contacto con la naturaleza.
Uca Díaz enumera de corrido estas y otras ventajas que tiene pajarear en grupos de mujeres, una práctica impulsada por asociaciones como la que ella preside y fundó en 2019, Lechuzas Pajareras, testigo de la "tremenda evolución" de esta actividad.
"Cuando empezamos éramos nueve. Tras el primer año, 90. Y ahora somos unas 310", dice.
A su juicio, "el primer hándicap que tiene una mujer en el tema de las aves es la seguridad".
"La observación se hace en espacios naturales aislados donde no hay nadie. Ahora tenemos grupos por provincias, hay 'lechuzas' murcianas, andaluzas, catalanas, madrileñas... que se juntan para ver aves y las que saben más enseñan a las que saben menos".
"Es una cadena de conocimiento y de seguridad, porque el ir al campo sola requiere valentía", señala, y refiere casos de hombres que fotografían a mujeres en el campo sin su consentimiento o que les dedican comentarios sexistas.
También ha conocido reticencias a compartir trabajo de campo con las mujeres "porque no pesan 90 kilos". Los prismáticos, las cámaras y los telescopios son pesados, admite, pero eso no impide a las mujeres hacer sus observaciones.
Esta 'lechuza' señala que en el anillamiento, el trabajo de base y el voluntariado hay más mujeres que hombres, "pero en los puestos directivos de las organizaciones casi no hay".
También influye, dice, que son trabajos voluntarios y las mujeres tienen que sumarlos a su empleo habitual y al de casa. Pero es un extra que les reporta un gran beneficio.
"La naturaleza hace bien y está demostrado con estudios científicos. Observar aves e intentar conservarlas conlleva un bienestar porque son unos animales que nadie tiene en cuenta", lamenta.
Tras los avances en materia de visibilidad, Díaz piensa que hay que conseguir que en las universidades de ciencias las mujeres, mayoría en los primeros cursos, acaben la carrera y lleguen a puestos de dirección.
"Esta es nuestra lucha, estar en las instituciones, pero ocupando puestos de relevancia. Porque lo mismo que hay 'greenwashing' también hay 'feminiwashing'", asegura.
Susana Noguera es la primera mujer que forma parte de la coordinación nacional de eBird España, la plataforma en la que los observadores de aves registran sus avistamientos.
"Otras compañeras son revisoras y colaboran en grupos de trabajo, pero aún somos muy pocas en comparación con nuestros compañeros", indica. La lista de registros muestra una clara mayoría masculina entre los pajareros, pero "la tendencia está cambiando poco a poco".
"Los compañeros veteranos me cuentan que hace 50 o 60 años, cuando comenzaron a salir al campo y a colaborar con asociaciones, no había prácticamente mujeres. Durante las últimas décadas cada vez vemos más liderando proyectos científicos, colaborando en actividades de conservación, grabando sonidos o realizando fotografía de aves de alta calidad", afirma Noguera.
"A hombres y mujeres nos fascinan igual las aves, no es que haya un cartel de 'prohibido el paso', pero existen barreras invisibles, sociales, estructurales y psicológicas que están detrás de la falta de paridad en el campo de la ornitología", coincide.
Noguera cree que la observación de aves enfocada como una competición en la búsqueda de rarezas "históricamente ha encajado más con los roles masculinos de competitividad". Y apunta igualmente a la brecha en la conciliación: "La ornitología requiere tiempo y desplazamientos, lo que limita a muchas mujeres para realizar salidas a la naturaleza".
Durante décadas, añade, los autores de guías o referentes en la ornitología han sido mayoritariamente hombres, "lo que contribuye a crear una sensación de 'espacio ajeno' para las mujeres".
"Sin embargo, al rascar descubrimos que las mujeres no solo han estado presentes, sino que han sido piezas fundamentales para entender el comportamiento y la conservación de las aves", dice Noguera, quien cita, entre otras, a Florence Merriam Bailey, "que escribió lo que se considera la primera guía de campo de aves moderna y fue de las primeras personas en defender la observación de aves en la naturaleza, frente a la caza de especímenes para su estudio".
Noguera subraya que eBird, como plataforma del Cornell Lab of Ornithology, "tiene un compromiso global con la diversidad e inclusión" y que "un enfoque desde la contribución científica, en lugar de desde la competición, puede atraer a un perfil de mujer muy interesada en la conservación y el rigor de los datos". EFE
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