
La simulación de guerra llevada a cabo por Lituania junto a fuerzas estadounidenses, en la que se determinó la necesidad de invertir más del 5% del PIB en defensa nacional durante los primeros diez días previos a la intervención de la OTAN, fue expuesta por el comisario europeo de Defensa, Andrius Kubilius, como ejemplo de las exigencias actuales de seguridad para los países europeos. A partir de este argumento, Kubilius señaló en el Congreso español la urgencia de que los Estados miembros de la Unión Europea destinen un 3,5% de su PIB al ámbito de la seguridad y la defensa, advirtiendo que, de no aplicar este incremento, las capacidades de la defensa colectiva continental se debilitarán de forma considerable. Según publicó el medio AM, Kubilius sostuvo que la inversión sostenida y suficiente resulta imprescindible para cumplir con los principios de defensa colectiva que fundamentan la seguridad europea.
Durante su comparecencia ante la Comisión Mixta de la Unión Europea en la Cámara Baja española, el comisario detalló que la reciente cumbre de la OTAN en La Haya estableció como objetivo común dedicar hasta el 5% del PIB a temas relacionados con defensa para 2035, de los cuales el 3,5% se destinaría a gasto militar directo y el 1,5% adicional a otras áreas vinculadas a la seguridad. Según reportó AM, España manifestó su desacuerdo con esa cifra, considerando el porcentaje como arbitrario, y defendiendo su actual inversión del 2,1% del PIB como suficiente para cubrir de manera eficaz sus necesidades militares, argumentando la dificultad que tendría la industria nacional para absorber un volumen de inversiones tan elevado.
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España enfatiza un enfoque prioritario en el cumplimiento de objetivos concretos de capacidades militares y no tanto en la distribución porcentual del presupuesto, una postura aceptada de forma parcial por la OTAN tras la intervención de su secretario general, Mark Rutte. Según señaló el medio AM, Rutte concedió cierta flexibilidad a Madrid, siempre que los compromisos de capacidad se cumplan en tiempo y forma, con independencia del porcentaje final del PIB asignado.
El comisario europeo de Defensa catalogó el acuerdo del 3,5% como un “hito”, aunque reconoció en su comparecencia -según AM- las dificultades que enfrentan varios Estados para llegar a esa meta, sin nombrar específicamente a España. Kubilius recalcó que la seguridad regional gira en torno a la eficacia de la defensa colectiva y enfatizó que la inversión substancial en capacidades militares representa una condición básica. “Nuestra seguridad depende de principios de defensa colectiva”, afirmó, insistiendo en la necesidad de garantizar fondos suficientes para equiparar la capacidad de respuesta ante escenarios de conflicto.
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En el análisis de los principales retos, Kubilius fijó en primer lugar la amenaza de Rusia, señalando que los servicios de inteligencia europeos consideran que Moscú podría estar evaluando una posible agresión contra países de la Unión Europea como Polonia, los Estados bálticos o Finlandia. El comisario recalcó la importancia de percibir el riesgo como real para toda la región, recomendando no subestimar la posibilidad de que una acción rusa pueda tener efectos devastadores no solo en términos militares, sino también económicos y financieros para todo el bloque, incluida España, según consignó AM.
Kubilius también alertó sobre el uso creciente de drones en incursiones aéreas y perturbación de infraestructuras estratégicas atribuidas a Rusia. Mencionó incidentes registrados cerca de Bruselas, Copenhague y un aeropuerto militar de Alemania, lo que llevó al comisario a urgir una vigilancia reforzada frente a la posible llegada de aparatos similares al espacio aéreo español. El medio AM detalló que Kubilius subrayó la experiencia que Rusia obtiene en Ucrania y el aumento del gasto militar implementado por el gobierno de Vladimir Putin, que ya supera en un 85% el nivel de inversión en defensa que mantiene Europa.
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La situación estratégica de los Estados miembros de la OTAN afronta, además, desafíos derivados del cambio en la postura de Estados Unidos. Según reportó AM, el propio Kubilius explicó que Washington ha solicitado a sus socios europeos que asuman una mayor responsabilidad en la defensa convencional de la región, a medida que la administración norteamericana dirige su atención y recursos hacia el área del Indo-Pacífico y el hemisferio occidental. En palabras de Kubilius, Europa debe salir de la etapa de dependencia del respaldo estadounidense, ya que hasta ahora “Estados Unidos asumía la responsabilidad o llevaba sobre sus hombros, y sobre los de sus contribuyentes, nuestra defensa”.
El comisario puntualizó, según AM, que la presencia militar de Washington en Europa se traduce en unos 100.000 efectivos desplegados, contingente que debe contar con alternativas y reemplazos europeos en el caso de retiradas o redistribuciones. Detalló la importancia de sustituir la participación estadounidense, en especial en áreas como la seguridad espacial, las comunicaciones satelitales y la gestión y compartición de información estratégica, para garantizar la autonomía de reacción y la protección de los intereses europeos. Mencionó la necesidad de reforzar las fuerzas de reacción rápida continentales como prioridad dentro de la agenda de los Veintisiete y deslizó la idea de una fuerza armada europea, aunque postergó ese debate hasta lograr asegurar primero las capacidades que dejaría la eventual salida de efectivos estadounidenses.
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Kubilius, de acuerdo con AM, perfiló tres ejes fundamentales para el fortalecimiento de la defensa continental: la preparación de capacidades materiales, la adecuación institucional que permita organizarse de cara a la posible retirada estadounidense y la coherencia política para forjar una decisión estructural y sostenida que apueste por el refuerzo militar europeo. En este sentido, lamentó la falta de cohesión que los Estados miembros muestran en la actualidad respecto de la defensa, señalando este hecho como uno de los principales desafíos.
En el ámbito financiero, Kubilius destacó instrumentos que la Unión Europea ya ha puesto en marcha para incentivar la inversión en defensa, como la línea de préstamos SAFE o el Programa para la Industria Europea de Defensa (EDIP), ambos destinados a aumentar el gasto y la preparación tecnológica e industrial en el sector. Según cifras aportadas por el comisario y recogidas por AM, el gasto en defensa de los Estados miembros ascendió en 2024 a 343.000 millones de euros, con una partida de 106.000 millones para inversiones directas; para 2025, el presupuesto previsto se eleva a 381.000 millones de euros.
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En el plano operativo, España justifica parte de su enfoque en la importancia estratégica de capacidades navales, de infraestructura militar y de movilidad logística, aspectos que según autoridades nacionales requieren particular atención para adaptarse a las necesidades del entorno. AM precisa que la OTAN continúa presionando para un incremento progresivo de la inversión española y sostiene la postura de que los nuevos requerimientos solo resultarán alcanzables si los Estados miembros destinan al menos el 3% del PIB al ámbito militar.
La intervención de Kubilius, según documentó AM, refuerza una tendencia en la política de defensa europea que implica no solo aumentar los presupuestos nacionales sino también consolidar mecanismos y estrategias compartidas ante el escenario de mayor autonomía europea frente a posibles amenazas exteriores y al reposicionamiento geoestratégico de Estados Unidos.
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