Alcalá de Henares (Madrid), 23 abr (EFE).- Frágil pero inquebrantable, como el texto de Don Quijote de la Mancha que citó en su discurso, Álvaro Pombo recibió este miércoles el Premio Cervantes, el más importante de las letras españolas, en una ceremonia marcada por el luto por la muerte del papa Francisco.
En silla de ruedas y con un delicado estado de salud, el escritor santanderino, de 85 años, no pudo leer su discurso, que pronunció en su nombre el también escritor Mario Crespo, pero resistió con buen talante toda la ceremonia y el cóctel posterior en el paraninfo universitario de Alcalá de Henares.
"No he perdido el apetito", dijo en un corrillo al finalizar el acto, acompañado por personas de su entorno más cercano. "Ni el buen humor", puntualizó su sobrina, Flavia Márquez.
"Me levanto mejor que me acuesto", agregó Pombo, que ayer no estaba seguro de poder asistir a la entrega del Cervantes pero hoy, cuando Luis Antonio de Villena se acercó a él para decirle que le veía muy bien, respondió de si mismo: "Genio y figura".
El sentido del humor de Pombo ha sido una de las cualidades ensalzadas por el rey Felipe VI en su discurso. También su búsqueda de la verdad y la bondad, en tiempos en los que parece que la maldad, ha dicho el rey, ofrece más posibilidades en el ámbito literario.
Un "verso suelto y excepcional", ha dicho de él el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. Y Pombo lo demostró, con un discurso breve pero certero, en el que reflexionó sobre la fragilidad, la de Cervantes y la propia, pero también la de una sociedad llena de "infuencers" y "mercachifles".
"Fragilidad ante la enfermedad, ante la soledad, ante la injusticia, ante la inseguridad, ante la falta de convicciones, ante las causas perdidas", enumeró el premiado.
Ante esa fragilidad, dijo Pombo, la única grandeza posible es "la profundidad y la pobreza".
El luto por la muerte del papa Francisco hizo que en la apertura de la ceremonia no se realizaran los tradicionales honores militares, que las banderas ondearan a media asta y que las autoridades y el propio premiado lucieran el negro en sus vestimentas.
Pombo llevó corbata negra y chaqué porque siempre ha sido "de trajes formales", aseguró, pero no renunció al gorro de lana que lleva "desde hace muchos años".
También de negro riguroso fueron la reina Letizia y la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.
Entre los asistentes estuvieron también el director de la Real Academia Española, Santiago Muñoz Machado, el presidente del jurado y anterior Premio Cervantes, Luis Mateo Díez, y escritoras como Marta Sanz o Carme Riera. EFE
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