Fermín Cabanillas
Sevilla, 25 jul (EFE).- Con termómetros que bien entrada la noche superan los 30 grados, las terrazas de los bares de Sevilla, los cines de verano o los parques públicos son algunas de las alternativas para mitigar el calor lo mejor posible, en una ciudad acostumbrada a la canícula cuando llegan los rigores del verano.
Las posibilidades son muchas, y entre ellas está acudir al cine de verano que gestiona la Diputación, un espacio que roza las 900 butacas y que cuenta además con un ambigú con mesas desde donde seguir la película mientras se toma una cerveza, un refresco o directamente se cena.
En el equipo de ese ambigú está Antonio Viera, un joven que explica a EFE que en noches como la de este miércoles, donde a las diez y cuarto, cuando arrancó la película ‘Un amor’, de Isabel Coixet, el termómetro marcaba 34 grados, los clientes “piden sobre todo mucha agua, más que la cerveza”, la reina de los bares y terrazas sevillanas.
Luis Rodríguez Sánchez es el gerente de este cine, que cuenta que en su parto, las primeras contracciones de su madre le llegaron en el desaparecido cine ‘Rocío’ de Triana. Destaca que este recurso para huir del calor disfrutando de una película es algo que ha evolucionado mucho, “porque antes se montaba prácticamente con un proyector”, pero ahora “las exigencias administrativas, burocráticas y la falta de suelo lo ponen muy difícil”.
Sí han cambiado las costumbres con el paso de los años, desde que el padre de Luis le decía que “la mejor película era 40 grados”, porque cuando en las casas no había, como ahora, aire acondicionado, “la gente se sentaba en las puertas, buscaba la estancia más fresquita, y esa era el cine de verano”, pero hoy “el exceso de calor trae menos público”, del mismo modo que “en los bares la gente se mete dentro buscando el aire acondicionado”.
Solo hay que cruzar la calle para que Emilio Rodríguez, encargado del restaurante ‘La gorda de los jardines’, señale que el calor no retrae a la gente a la hora de salir de noche, “pero sí se nota que se sale más tarde, que se apura más”, y no es raro que pasada la medianoche se presente un grupo buscando cerveza fresquita y cena, para lo que los bares sevillanos han adaptado el horario de sus cocinas y personal, de forma que se pueda atender la demanda.
Recuerda Emilio que esta semana eran casi las doce y media y en el bar se disponían a ir cerrando cuando llegó un grupo que ocupó cinco mesas, “y se alargó el cierre sin problemas”, aunque el punto álgido de la hostelería nocturna sevillana en estos días está en torno a las 22.45, que es cuando es complicado encontrar una mesa libre si no se ha hecho antes una reserva.
Son casi las once y media de la noche cuando EFE está hablando con este joven encargado en su bar, y está completamente lleno, igual que todos los de su entorno, señal evidente de que, por mucho calor que haga, la cultura de los bares es mucho más fuerte que la presión que marca el termómetro para no salir de casa.
Un rápido paseo por la Sevilla nocturna en ola de calor muestra otro paisaje distinto al de los bares, con mucho público disfrutando de una actividad fresquita y gratuita a partes iguales, consistente en dejarse caer en algunos de los parques públicos que se reparten por la ciudad y dejar que el césped haga su trabajo.
Los Jardines de Murillo, el Prado de San Sebastián o la orilla del Guadalquivir son algunos de los espacios elegidos en la zona centro, mientras que solo hay que cruzar el río para disfrutar, y esto se puede hacer hasta la amanecida, de la ‘Velá de Santa Ana’, la fiesta con la que el barrio de Triana despide desde hace años el mes de julio, convertida en toda una concentración de personas en torno a sus casetas y actividades pegadas al río.
Es cierto que por muy cerca del río que esté esta “feria veraniega” el calor de esta noche de miércoles no había forma de mitigarlo, pero lo que está claro es que Sevilla es una ciudad que vive en la calle, que sabe pelear contra el termómetro, y las muchas personas que no se van a la playa en julio y agosto rinden homenaje a la urbe saliendo a disfrutarla en cuanto cae el sol, aunque “la caló” haga a más de uno pensarse si no sería mejor quedarse en casa al abrigo del aire acondicionado y sacando la cerveza de la nevera. EFE
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