Los cirujanos también salen por la puerta grande: Marta Pérez y aquella faena en Cuéllar

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Roberto Jiménez

Valladolid, 11 mar (EFE).- Lejos quedan ya aquellas plazas de carros y talanqueras, de ganado resabiado en capeas de pueblo, de maletas y torerillos en agraz que pagaban cara su afición en la mesa de la Casa-Ayuntamiento con las carnes abiertas y operaciones a pelo, sin anestesia: "Ahora todo es diferente", ha explicado Marta Pérez.

Esta cirujana, destinada en el Hospital de Zamora, ha sido galardonada este lunes con el Premio Castilla y León de Tauromaquia 2023: "La verdad es que sorprende, nunca antes se lo habían dado a ningún médico, cirujano y a ninguna mujer... he sido la primera", ha explicado en una entrevista con la Agencia EFE.

Marta Pérez (Ávila, 1974) saltó a los informativos nacionales el 28 de enero de 2022 cuando salvó la vida del matador de toros salmantino Manuel Diosleguarde en el quirófano de la plaza de toros de Cuéllar (Segovia), donde el diestro llegó prácticamente exánime, sin pulso, tras recibir una cornada de caballo en su muslo derecho.

"La atención sanitaria en las plazas es ahora muy diferente muy buena, pero no es lo mismo cuando se trata de los festejos populares donde la legislación no obliga lo mismo y se cubre con lo mínimo: una ambulancia, un médico y una enfermera. No hay dotación, ni material, ni cirujano, ni anestesista ni una UCI", ha lamentado.

Licenciada en Medicina (Universidad de Valladolid), Marta Pérez cursó la especialidad en Barcelona, desempeña su trabajo en el Hospital General de Zamora y en el Sagrado Corazón de Valladolid, y en plena temporada taurina, por pura vocación, acude a las enfermerías de los cosos donde solicitan su presencia.

"La mayoría de las veces la gente no se da cuenta de la importancia de los sanitarios en un festejo, aunque cada vez hay más toreros y cortadores que se interesan por la enfermería, quién está al frente y los medios de que dispone", ha observado.

Este premio, por tanto, "va a servir para que se ponga en valor la labor de los sanitarios en los festejos taurinos; es muy emocionante porque nos da visibilidad", ha añadido esta cirujana que pisa los callejones por vocación.

Los cirujanos también torean: hacen quites, salvan vidas, burlan a la muerte, firman trasteos memorables, salen por la puerta grande, empuñan los trebejos (tijeras y bisturí) y, como los diestros en el redondel, tienen que decidir en segundos lo que deben hacer cuando les llega un profesional en manos de las asistencias.

En vez de pases ligan arterias y vasos como los de Manuel Diosleguarde cuando, en una intervención de urgencia, Marta Pérez recuperó el pulso de un torero que llegó moribundo después de perder litros de sangre por la femoral de su muslo derecho, lo justo para que llegara con vida hasta Valladolid en una carrera contrarreloj a bordo de una ambulancia.

"Nosotros solo somos cirujanos. En una herida por asta de toro, si afecta a un gran vaso, hay que tomar decisiones rápidas, es una cirugía de urgencia. Es nuestro trabajo y nosotros estamos ahí para hacerlo", ha afirmado sin darse coba al recordar aquella situación tan comprometida.

Pese a restar importancia con aparente frialdad, Marta Pérez no olvidará el emotivo brindis que le dedicó Manuel Diosleguarde el día de su reaparición en Guijuelo (Salamanca), hace casi un año cuando entrebarreras le ofreció su montera, "y todo aquello que me dijo...", rememora.

El nombre de Marta Pérez ha vuelto a recordar la contribución trascendental de los cirujanos taurinos que a lo largo de la historia han unido, incluso a través de generaciones familiares, a determinadas plazas de toros como Ramón Vila (Sevilla), Máximo García de la Torre (Madrid) y Antonio Val-Carreres (Zaragoza), todos ellos fallecidos, con el precedente de Mariano Fernández Zúmel (1907-1997). EFE

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